Eclipse

Ando buscando la naturaleza de una lágrima.

Las lágrimas no vienen en los prospectos. Mucho menos las que aparecen de pronto y en singular, solas, una. La dosis última del elixir 2.0, madrugada del domingo al lunes, resultó demoledora; otra cosa es que uno disimulara ante este blog un poco. Pero el lunes por la tarde la voluntad abandonó el lugar del cuerpo donde habite, como a Blimunda en el “Memorial del convento” de Saramago, y el ánimo se volatilizó y las fuerzas fallaron. Plom. Y en ese silencio de sofá y tarde anochecida, con la inquietud en el pecho de no haber dormido apenas, el hormigueo en las extremidades, la molestia de la mala digestión, y la cabeza embotada, brotó una lágrima. Del ojo derecho, exactamente. Y me dije entonces que eso no viene en los prospectos.

Hay algo entre la ciencia que permite que vivamos a los que necesitamos de ciencia y los médicos que monitorizan la progresión de las enfermedades y los efectos de la ciencia en ellas. Les hablas de un dolor aquí, o aparece una lesión en una radiografía o algo nuevo en una gammagrafía, y bueno, siendo bueno una forma de hablar, pero al menos se habla, se mide, se cuantifica. Pero cuando yergues discretamente el dedo índice antes de que el médico termine su discurso dando a entender que te gustaría añadir algo, el algo genera otro algo incómodo y silente. Les hablas del instante, repentino, inmotivado, en que, no siempre, afortunadamente, pero sí con cierta regularidad, algo vital te abandona y te desmoronas física y psicológicamente. Y se apodera de tí una ausencia, valga la paradoja, estás pero eres ausencia. Y la tristeza. Y un muro blanco que no te deja mirar atrás, ni adelante. El prospecto no habla de eso pero yo sí; supongo que otros pacientes en trance similar también. La aparición de la lágrima siempre me llama la atención porque es una lágrima sin llanto, y no se duele. No es, creo, una lágrima que venga de la impotencia; es como si viniera de regiones remotas portadora de una información que se me escapa, o igual es una válvula porque después de aparecer vienen unas horas de una cosa parecida a una resaca de la tristeza y, poco a poco, retornas.

El retorno se ha producido este martes a última hora de la noche. Y eso que las circunstancias no eran favorables. Va a ser verdad que los eclipses son portadores de malos augurios porque hoy ha sido el día del disgusto. Es llamativo que a estas alturas de la película a uno no le comprendan, tampoco es que lo pida, pero los días así uno está sin estar del todo, uno es sin ser del todo. Y los cercanos, muy cercanos, lo tienen que ver, seguro. Por eso desconcierta tanto y fatiga tanto que llegue el roce. Entiendo que los demás no tengan su día igualmente y que la casualidad propicie una inoportuna conjunción de las circunstancias. Pero no me considero una persona rencorosa. Son cosas que pasan y luego se pasan. Eso ha sucedido el día del eclipse, el día del disgusto y el día del retorno. Todo es muy misterioso y complejo, y al mismo tiempo tengo la sensación de que, al revés, todo es muy simple. Al igual que otras veces, cuando la voluntad retorna se hace una calma interior grande y el cuerpo se hace el remolón para irse a la cama. Como si recordara que está vivo y quisiera sentirlo, estando, sin más, mirando cómo llueve (ahora llueve), escuchando cómo llueve, esas cosas insignificantes que le dan a todo tanto sentido. Buenas noches.

3 pensamientos en “Eclipse

  1. Francesca

    Emejota, gracias por esta entrada, que es como el reconocimiento de la existencia de esas lágrimas sin llanto que a mí me han parecido siempre un misterio. Las otras lavan una pena o parecen limpiar una alegría, pero estas… es como si fueran, no tanto una emoción, si no un sentimiento condensado… ¿Los eclipses son días de malos augurios? ayer fue mi cumpleaños y esos días siempre noto más las ausencias, no sé porqué, deberían ser días como los demás, pero el caso es que no lo son. Hoy soy yo la que está de vuelta y leer esto me ayuda, aunque tampoco sepa porqué… ni haga falta que lo sepa… ¡Feliz año!

  2. Marcos

    La ciencia, lo sé por experiencia, no es una ciencia exacta. Hay muchas cosas que aún no sabe explicar, como esa lágrima en particular, y por eso no aparecen descritas en los prospectos que tú, sin embargo, sí sabes completar (y sin usar palabreríos médicos). Es la ciencia hecha desde la conciencia, desde dentro.
    Mucho ánimo y p’alante!!

  3. Pilar

    La lágrima siempre es reparadora, en este hormiguero emocional en el que hay tantas preguntas sin respuesta , en ese laberinto en que todas las sombras cobran vida, el dolor, la benignidad de la naturaleza , o su indiferencia……
    ¡ Ánimo emejota !que yo pienso que el alma siempre sobrevive al naufragio del cuerpo
    Te envío toda la fuerza interior de que soy capaz.
    Un abrazo muy, muy fuerte

Deja un comentario: