Propósitos

Quizá, el propósito más práctico de cara al año nuevo sería no hacer propósitos. A fin de cuentas (que dan siempre doce, mira el plato de las uvas y cuéntalas) el año nuevo es una barrera psicológica, una barra de compás invisible, como la que tiene lugar cuando el verano termina y empieza el curso y la gente hace propósitos de aprender inglés, apuntarse al gimnasio o hacerse todos los fascículos de rosarios del mundo o colección por el estilo.

En ocasiones, sin embargo, es bueno valerse de estos resortes imaginarios y volverlos tangibles. Sonará raro pero mi primer propósito del año, puestos a hacerlos, es el de salir de Facebook, esa red social que, al final, se convierte en una tela de araña pegajosa. Caes y te quedas ahí, inmóvil; miras, eso sí, pero miras tanta estupidez que tú mismo te ves estúpido, por haber caído (tan bajo) y porque quieres creer que siguen existiendo cosas como el criterio, la reflexión, la amistad considerada como práctica y no un mero juego virtual, y un largo etcétera.

Me sorprendió mucho toparme con un artículo de Rosaura Ochoa, que me parece que es alguien que sabe mucho de estas cosas, en el que, a modo de pronóstico, aboga por la desconexión en favor de una necesaria reconexión con el medio físico. Esa es una idea primera e interesante. La otra, no menos interesante, es que la sobrecarga de información digital impide, obstaculiza (y erradicará?, me pregunto yo a tenor de lo que veo y porque soy de natural fatalista) el acto de la reflexión. Particularmente a mí estos sitios en los que quise hacer una inmersión como en su día una exploración similar dio como resultado este blog, me han robado un tiempo inmenso a lo tonto. Lo imperdonable es lo de a lo tonto. El tiempo no está para perderlo a lo tonto. Las horas que podría haber empleado en componer, leer, ver películas, pasear o todo lo que integra la colección en fascículos que forma la vida se han resentido. Y este blog ha acusado la falta. ¿Estamos hablando de una adicción? No, estamos hablando de una atención dispersa que, a la corta, ha provocado en mí un movimiento de rebelión coincidente con la última uva.

La mayoría de las redes sociales tienen unas potencialidades interesantes que se quedan en ese imaginario libro de instrucciones que nadie lee. Es cierto que puedes contactar con gente interesante afín a tus intereses y necesidades profesionales; es cierto que facilitan mucho el intercambio de información. Pero eso se da poco y requiere, a cambio, una inversión de energía y algo que a mí me anestesia por completo: aburrimiento. En ese sentido, Twitter es una excepción excepcional. A mí lo que me pide el cuerpo es volver a vivir un invierno y una primavera analógicas y dejar que lo tangible tenga reflejo digital en este cuaderno de bitácora y ya. Ese es el primer propósito del año, junto con el de cumplir un año más, soltar alguna que otra amarra, seguir temiendo la mera contemplación de un langostino, ver junto a mi sobrina “La bruja novata”, tomar ese café con Judith en Barcelona, componer, tomar distancia de aquellas cosas que no merecen mayor atención y acercarme a aquellas que sí la merecen. Tengo que hacer acopio de la energía dispersa. Algo tan fácil y que un día olvidé.

4 pensamientos en “Propósitos

  1. C.

    Buen propósito. Yo estoy feisbuqueando últimamente más -nada, comparado con el uso que le dan algunas gentes- porque acabo de reencontrarme con algunas personas y el invento es cómodo. Sin embargo, se trata de vivir en carne y hueso; eso no se me olvida. (Pero, ahora que caigo, a ti te encontré por aquí, ¿no? :P )

  2. emejota Autor

    No se me olvida aquel café ni cierto envío (disculpas, pero los días han venido así) El fb me pone del hígado, es algo ya irracional. A mediados de Octubre, un miércoles por la mañana, hubo quien haría lo mismo a finales de un Agosto, un lunes por la tarde. Me da que sí.

    C: ya te he visto enganchada al fb, ya ;) (a mí me encontraste en este blog, y por una coca cola esbafada de los vecinos; pero no me vas a comparar esta casa con el fb ese, por Dios) :)

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