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Niebla 12 diciembre, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 10 comentarios , trackback

Cayó la niebla y callé yo. Ocurre en ocasiones. Llegué a casa el viernes a eso de las nueve de la noche y aquí estoy aún, madrugada del domingo al lunes. ¿Me ocurre algo? No. ¿Me duele algo? No lo suficiente, por lo menos. Simplemente, te quedas en casa. Menuda novedad, dirán los conocedores de mi vocación casera. Y es verdad, pero la novedad (a todas luces -luces antiniebla- sorprendente) es que me he quedado calladito, o casi. Leo, miro, pienso. Duermo. Cae la niebla y cae el sueño y no levanta, pero tanto que no me levanto, como si necesitara dormir el sueño de años, una cosa rara. Luego pasa lo que pasa, que ahora estoy con los ojos bien abiertos mientras todo el vecindario, la calle, la ciudad entera, duerme, como el título de la película, igual.

De todas formas, esta semana me toca salir y hablar. Me portaré bien. Me toca salir y hablar de La Idea del Norte, y hacerlo con el frío que vuelve, según han confirmado los sucesores de Maldonado en la tele. Mañana lunes (hoy lunes para quien lea estas líneas el lunes, aquel lunes para quien las lea un día) presento la versión en papel de este blog en el Club de Lectura de Diario de Navarra, en Pamplona, a las 19 horas. Algo así como una entrevista mano a mano sobre los entresijos del blog con público delante. No sé cómo irá la cosa pero creo que descansado al menos seguro que voy.

Más. Ocurre, y ocurre desde que soy pequeñito, que a veces siento por dentro como si ocurriera algo, valga la redundancia. Un presentimiento, vamos. Y eso a mi madre le suele poner un poco negra, sobre todo cuando le digo que tengo aquí (siendo aquí el centro del pecho) un no sé qué que ya verás. Y me dice, anda, anda. Y, modestia aparte, luego resulta que vemos. El qué. Pues lo que sea que estaba barruntando yo. Soy como un zahorí, sí. El problema es que los barruntos estos no me atañen a mí, quiero decir que no son sobre mí, sino sobre algo, generalmente alguien, de mi alrededor. Es frustrante no saber en ocasiones quién, pero no es menos frustrante saber quién pero no saber qué o qué hacer.

Costó aprender, más que comprender, porque la práctica requiere más maña que la teoría, que la mayoría de las veces no hay que intervenir. Acusas algo, lo constatas, y ya. Dicho así suena muy frío, pero no es agradable. No es agradable “ver” la confusión, el dolor o la preocupación ajena. Veía ayer sábado por la noche una película en esta casa silente rodeada por la niebla y de pronto la película dejó de tener trama y la atención buscó el móvil para ver si había algo, qué se yo, una constatación en forma de sms de una inquietud que se me había puesto donde se ponen las inquietudes: en el centro del pecho. No me alegro para nada, y menos me jacto, de decir que algo de eso había, y así lo ha traído el declinar de este domingo. Levantaba ya la niebla con la misma celeridad con la que el viernes cayó y yo callé. Esta noche ha tocado hablar un poco. Mañana más y de otra manera, seguro. Sin un nudo en la garganta, por ejemplo.

Paz 10 diciembre, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 12 comentarios , trackback

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=bT466UbaqQM[/youtube]
Esta música apareció por casualidad y, de pronto, el corazón se encogió y se hizo grande, las dos cosas al mismo tiempo; y llegó algo parecido a un consuelo sin contornos ni sombras, un bálsamo. Y las lágrimas. También.

Anuario 8 diciembre, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios, Libros , 7 comentarios , trackback

La Idea del Norte 3¿Tiene sentido poner precio y papel a las palabras que aquí se han ido dibujando a lo largo del año y que pueden consultarse de forma gratuíta? Pues hombre, si a lo que aquí se dice se le ha cogido algún afecto o si el lector es de los que prefieren verlas dibujadas en el lienzo del papel antes que en un monitor, e incluso si todavía queda (que queda) un tipo de lector que prefiere llevarse los textos al sofá, pues quizá sí. Se suele olvidar, no obstante, un motivo que creo que es más importante: lo efímero. Se tiende a pensar y a creer que todo lo que consultamos en internet ahí está y estará porque sí, porque el ciberespacio es un lugar abstracto donde pasan cosas de ese tipo. Pero no. Los contenidos tienen un soporte, llamado dominio (la matrícula del sitio, en este caso del blog) y un alojamiento (donde se almacenan y distribuyen dichos contenidos). Y eso cuesta una pasta que se paga religiosamente allá por noviembre, cuando el banco pasa una nota, que no es precisamente como la tarjeta que recibía, cada 9 de noviembre, la señora del ramito de violetas de la canción de Cecilia. Cuando un blog llega a su última línea y su autor da de baja el contrato con el servidor de internet, los contenidos desaparecen engullidos por algún agujero, no se sabe si negro, blanco o transparente, del mismo ciberespacio donde hasta entonces habían permanecido a la vista de todos, sin necesidad de telescopio. ¿Eso quiere decir que a este blog le quedan pocas hojas por escribir? No, no. Pero es obvio que algún día ocurrirá, el qué, pues que termine, como todo.

Tengo que confesar algo.

Este libro tercero no iba a hacerse. No iba a hacerse porque me quedó un regusto raro de 2009, que es el año contenido en él. Pero pasaron dos cosas y por este orden: una, que desde Tokio, Diego, autor de la anterior portada, envió vía correo electrónico un boceto que hizo que mi ceja se levantara, sorprendida, gratamente sorprendida. Era un envoltorio cálido y atractivo a una nada (en ese momento aún era una nada). Dicho de otro modo: este libro empezó a construirse por el tejado, por el envoltorio. Entonces pasó lo segundo: que una excursión por los archivos, nocturna, linterna en mano, hizo que me diera cuenta, no sé si por la distancia del tiempo, el verlo en frío, qué se yo, que el regusto anteriormente mencionado había dado paso a un conjunto que leí y recopilé con una sonrisa en los labios.

Estoy muy satisfecho del resultado, si se me permite decirlo. Visto así, a toro pasado, observo que en este blog las personas se convierten en personajes entrañables de una obra por entregas, siempre dibujadas con cariño, y estoy seguro que así son percibidas por el lector, cómplice imprescindible de estos escritos. Lo fue Lindsay, la profesora de inglés; lo fue la abuela, que en este libro nos deja a mitad del recorrido sin avisar; lo son el médico (compendio personificado en singular de tantos plurales en bata blanca) y lo es B., reciente incorporación al elenco después de tantas bajas y que, por lo tanto, no entra en el libro aunque, me consta, cuenta con la simpatía de quien se asoma a esta pantalla y hasta sabe cómo es sin haber dejado escrito en ningún momento si es rubio o moreno, alto o bajo. En ocasiones, los detalles accesorios son suficientes para poner el alma de las personas en unas frases y que el lector les ponga, después, la piel más conveniente.

Recopilar, haciendo una obligada selección, el anuario de La Idea del Norte también da posibilidad para el juego creativo: ¿la traducción de los posts originales se mantiene fiel cuando se pasan al papel? ¿Hay omisiones? ¿Se desliza, así como si nada, algo que en su día no apareció? Si ocurre o no algo de eso, desde luego tentaciones hay, otra cosa es que se materialicen. Hay emejotismos, eso sí. Los emejotismos son esas cosas insignificantes que no aportan nada (pero que a mí me dicen algo, qué le vamos a hacer). ¿Un ejemplo? Bah, no, que me da vergüenza. Va, sí, que hay confianza, pero lo digo entre paréntesis, como si lo dijera por lo bajini:

(alguna vez, la acción de un día en el blog sucede otro día cuando paso a limpio la redacción al papel; vamos, que la fecha es otra)

Se me preguntará: ¿y eso? Pero no puedo responder porque un emejotismo es eso: una cosa que no tiene respuesta.

En fin. Para quien quiera llevarse un recuerdo de este blog, para quien quiera compartirlo en Navidad con los suyos, puede encontrarlo, en la cercanía geográfica, en los diversos establecimientos que la Librería Gómez tiene abiertos en Pamplona o en la Librería Julio Mazo de Tudela. Los demás, cercanos aunque haya muchos kilómetros por medio, pero cercanos igualmente, lo pueden encontrar haciendo clic aquí:

La Idea del Norte 3

Y para información adicional, La Idea del Norte 3 en Facebook.

Lennon 8 diciembre, 2010

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Imagine, 8 de Diciembre de 1980.

Ejercicio 7 diciembre, 2010

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Recordar de pronto que tienes consulta en el hospital y confirmarlo con el papelito de citación da mucha pereza.

Da mucha pereza de cualquiera de las formas pero así, en mitad de un puente festivo, por la tarde además, el cielo oscuro a punto de diluviar, pues ya me dirás. El panorama del hospital era poco hospitalario esta tarde: el medio kilómetro de pasillo, metro arriba, metro abajo, podía servir de pista de aterrizaje, libre (y reluciente, todo sea dicho en honor de los servicios de limpieza) como estaba. Y las congestionadas salitas de espera que atraviesas mientras avanzas aparecían vacías, llenas de sillas bien colocaditas, silenciosas, como extrañadas ellas mismas o agotadas del trajín mañanero. Pero sobre todo el silencio, sí, eso es lo más llamativo. Porque este hospital es de todo menos silencioso. Aquí, el cartelito ese de la enfermera de rostro beatífico que se lleva el índice a los labios como diciendo, sssh, que esto es un hospital, resultaría un fracaso. De hecho, no está ni se le espera.

A mí se me esperaba en la consulta 22 aunque a la altura de la 31 a la 30 me ha asaltado la duda de si el servicio de citaciones se habría confundido de día porque no se oía nada, no se veía un halo de luz. Pero, infatigable al desaliento, ejerciendo como tiene que ser, al pie del cañón, el médico esperaba junto a una enfermera oronda en la consulta. Como quien dice, ha sido llegar y besar el santo, sustitúyase el besar por un apretón de manos y el santo por el médico. El hombre es buen tipo, pero tampoco lo elevemos a los altares aprovechando la insólita y novedosa rapidez vaticana para estas cosas.

Hoy el médico se ha encogido de hombros diecisiete veces.

No es que le haya hecho diecisiete preguntas, no. Es que a veces responde encongiéndose de hombros una vez y a veces se encoge de hombros dos, y si te quedas mirándole con la ceja levantada, igual cae una más. Mucho ejercicio hace este hombre. Atendiendo a lo que nos ocupa y preocupa, ha resultado que la acción de quitarme el medio litro de sangre que me quitaron hace unas semanas con la urgencia que indicaban los números rojos del monitor no ha servido para nada porque estamos donde estábamos. No lo digo yo. Lo dice el médico y mi médula sobre la cual no parece que ejerza yo mismo influencia alguna. Y eso?, he preguntado. El médico se ha encogido de hombros. Pero es normal? (hombros arriba y abajo de nuevo)

A veces el médico acompaña el ejercicio de hombros con un hombre… o con un hombre, pues… pero poco más. Yo me he atrevido a dejar caer la reflexión siguiente: si en su día urgieron los numeritos de los análisis a quitar medio litro de sangre y hoy esos numeritos dicen lo mismo, lo lógico es pensar que la cosa sigue igual de mal; más aún, peor, porque se ha procedido a hacer algo que se supone serv…

-Hombre… ya… bueno… no sabemos…

El no sabemos, sí. No sé la de veces que he escuchado el no sabemos la causa de tu enfermedad aún, no sabemos qué efectos secundarios provoca la medicación que te hace moverte y que cuando salgas de aquí te hará teclear un post, seguro que lo tecleas, eso sí lo sabemos, etcétera. Lo que no esperaba el buen hombre es que interrumpiera su lista de no sabemos con esto:

-Y el colesterol?
-Perdón?
-El colesterol. Qué tal.

Es normal que al médico le haya pillado por sorpresa lo del colesterol porque entras un día allí con once años de edad y en esas épocas cuenta todo menos el colesterol. Lo que pasa es que en unas consultas de nada, los once años se convierten casi en cuarenta y uno y uno ve en los anuncios lo del colesterol bueno y el malo, y un dibujito animado de unas arterias con tropezones, un corazón bombeando y la cara de un señor canoso bebiendo una leche de estas horrorosamente artificiales y, claro, da que pensar.

El médico ha hecho así con la ruedecita del ratón y la pantalla, antes poblada de números rojos, ha dado paso a números azules. En la bolsa, los números verdes son los buenos. En la consulta, son azules.

-El colesterol está bien.
-Ah, bueno.
-Estás a ochenta de tocar el umbral donde deja de ser normal.

No sé si estoy a ochenta colesteroles, gramos, años o qué, pero es una cifra razonable. Lo digo sobre todo para evitar tener que tomar lo que el señor canoso de los anuncios toma con una sonrisa de satisfacción ante lo ingerido un poco sospechosa aunque eficaz. Como de Actor´s Studio. El médico ha sonreído también con satisfacción y yo he hecho lo mismo por mimetismo y porque terminábamos pronto. A la enfermera le había explotado un boli en el bolsillo del pecho, y una hemorragia azul, como de sangre regia o de asesinato literario escrito a mano, se extendía por la tela blanca.

Estorninos 5 diciembre, 2010

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Creo. Porque olvidé mencionar que tampoco sé nombrar a los pájaros, al igual que a los árboles o a los colores. Pero creo que son estorninos porque en la radio dijeron algo. Que ya estaban aquí en bandadas enormes, inmensas, surcando el cielo del otoño al atardecer en una coreografía que a mí me resulta particularmente sobrecogedora. Ves extenderse una sábana de innumerables pájaros de izquierda a derecha y, de pronto, hay un cambio radical de rumbo seguido con precisión por el resto de la bandada. Otras veces, se produce un momentáneo estallido en forma de detonación sorda que los desordena de una manera caótica para reorganizarse en cuestión de segundos. Qué méritos tendrá ese pájaro que va en cabeza para haberse ganado el puesto y la confianza ciega del resto; será todas las tardes el mismo; qué será lo que le lleva a cambiar de rumbo, quizá un golpe de viento, una acrobacia caprichosa a la hora de la gimnasia, el avistamiento de un bocado para la merienda, una desorientación debida a la señal de un teléfono móvil portadora de un te dejo, o de un te quiero, o de un te paso por fax la documentación y la entregas mañana a las diez menos cuarto; quizá la señal de Movistar los espante hacia el lado izquierdo del horizonte, o los sms de Vodafone les excite y les ponga a cotillear secretos. Todo son preguntas ante el espectáculo que, a la hora de los estorninos, te hace levantar la cabeza y mirar embobado en un oh silencioso que sólo se da unas pocas tardes al año. Y el color de ese cielo. Y el efecto doppler de lo que gritan. Y el olor suave del otoño que se cae de los árboles alfombrando el suelo. Todo eso está ahí mismo.

(clic en las fotos para verlas a tamaño grande)

Sueño 4 diciembre, 2010

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Desde que hace unos meses soñé que me moría, ya no he vuelto a soñar. A veces pienso que no sueño porque en los sueños me he muerto, y desde entonces espero a ver si me despierto en algún sueño para volver a soñar.

Apoyo 2 diciembre, 2010

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A veces, das un pequeño empujoncito a alguien para que dé un paso porque algo por dentro te dice que adelante, que este chaval puede, claro que puede, lo hará y saldrá bien, y el instinto es que ni duda, no te asaltan los temores del tipo ay madre, a ver si he metido la pata, ni cosas similares. Tal fue el caso de Sergio cuando dudaba de si cursar o no la carrera técnica de telecos en su momento y tal fue el caso aquella madrugada de verano, tertuliando los dos, cuando le animé a que diera el salto a la superior. Te lo dice el instinto: lo puede hacer, tiene que hacerlo, tiene el potencial y tiene que construirse un futuro. Y eso lo traduces en palabras en forma de pregunta: ¿Y no te animas a hacer la Superior? Y silencio momentáneo de reflexión en la madrugada y un tal vez, primero, y un sí, después.

Hoy, esta mañana, con el teléfono al lado esperando la llamada porque Sergio presentaba su proyecto fin de carrera y lo hacía no en el tiempo en principio establecido de unos doce meses sino que lo hacía tras mes y medio de aislamiento del mundo inmerso en una idea de las suyas, qué tío, he sabido de su voz emocionada y cansada que nueve y medio y que ya era Ingeniero Superior. Y no puede imaginarse este blog la emoción, el orgullo y el cariño que he sentido por el niño de 9 años al que la escuela básica a punto estuvo de darle la espalda por imposible y que un día apareció por casa, tímido, para poner sus manos por vez primera en el piano y que hoy, justo cuando acaba de cumplir sus 25, ha conseguido lo que ha conseguido de la manera más satisfactoria: luchando mucho y confiando en las posibilidades propias. Confiar en las posibilidades propias conlleva, de paso, conocerse, lo cual no es poco.

Lo vamos a celebrar, cómo no. Y seguiremos dando los empujoncitos que hagan falta para que este chaval, un amigo, un hermano, humilde, luchador y con un corazón como pocos, siga labrándose el futuro que se merece sin que nadie le regale nada porque no lo necesita y porque no sería lo mismo.

Enhorabuena de esas que se dicen con un nudo en la garganta, Sergio, enhorabuena.

(Este post lo tenía retenido en la despensa para que la madre de la criatura supiera la noticia de quien debía y ahora, en ruta en un tren, me he acordado de que se me había quedado en el estante)

Papeles 1 diciembre, 2010

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Diciembre me pilla con el portátil en las rodillas, papeles a mi izquierda, papeles a mi derecha, el boli sostenido por los labios (así que no puedo hablar) y la tele de fondo. Termino mañana, con los capítulos 3 y 4, del curso intensivo que estoy impartiendo a los Senior (mayores de 50) en la Universidad de Navarra titulado “Reflejos en el agua: Monet/Debussy”. Y me lo estoy pasando en grande porque además de hacer lo que me apasiona he ido a encontrarme con un nutrido grupo que me lo llevaría a casa, qué digo a casa, me lo llevaría de público a todos mis cursos y charlas posteriores (si es que sale alguna, claro, los tiempos están para todos fatal). Fantástico grupo.

Así que estoy entre trenes y correcciones, repasos, ampliaciones, búsquedas, (hasta nieve), y todos los ingredientes que hacen, están haciendo, de estos cuatro capítulos, impartidos para variar en un recinto en penumbra, a la luz de una lamparita a mi vera y de la pantalla de los datos y las impresiones impresionistas, una experiencia de esas que te cargan la batería vital. El viernes podré descansar, porque aquí, en estas latitudes, el puente empieza antes, o quizá me ponga a lo siguiente, que estoy apartando momentáneamente mientras pongo en contacto a Monet con Debussy y viceversa. Suena “Velas”, no las de la luz, sino las del mar, suenan los compases finales de esta pieza insólitamente hipnótica. Le doy a la tecla del portátil y suenan, y yo me callo un rato, y no saben los alumnos que quien da aire a esas velas, con mayor o menor fortuna, es el menda, hace muchos años, cuando las manos volaban solas.

Velas. Vuelos. Vuelvo (en nada)