Sonidos

Esta noche se escuchan dos sonidos al otro lado de la ventana: uno, el de la lluvia, que ha empezado a caer generosamente; otro, el de los chavales, los de instituto, que hoy no sólo empiezan vacaciones sino que, además, inauguran su primera incursión en el mundo de las cenas de empresa en versión colegial: la primera escapada colectiva, vamos.

Salía a cenar con un amigo de los que vuelven a casa por Navidad, como el turrón, y al percatarnos del bullicio y, por tanto, de que todos los restaurantes estarían impracticables, hemos abortado el plan. No sin resistencia por mi parte, todo sea dicho: he llamado desde debajo de un paraguas al chino y una voz que no he podido identificar si era oriental u occidental, tal era el estrépito de fondo en el espacio que generalmente se muestra silente y confortable, ha preguntado que mesa para cuántos y le he respondido que mejor en otra cena. Yo creo que la vida despierta al drama en el que terminamos por convertirla a partir de noches como esta. Pero estoy convencido, vamos. De aquellos colacaos a estos calimochos, esos grupos de críos que corren bajo la lluvia excitados porque inauguran el espacio del reloj antes ocupado por los dibus del Disney Channel empiezan una carrera que me da una pereza horrible: hay una penosa cadena que empieza por un primer grano en la cara, sigue por la tontería de la ropa, el tuenti, la tontería en general, el rollo hormonal y termina por ser todo una pena. Porque la existencia se torna en algo penoso para entonces. Que vengan los enterados del asunto hablando de la importancia de una etapa así me resulta un enigma incomprensible porque donde ellos ven la importancia yo veo una cosa penosa que termina por convertirnos en seres aparentemente adultos y aparentemente seguros diciendo lo de la importancia de una etapa así y así sucesivamente. El mundo es un lugar habitado por gente que no recuerda que no es superviviente de aquellos años del acné, sino naúfragos desde entonces. La edad del pavo es cosa temible. Para pavos, el de Navidad.

Esta noche suenan el sonido de la lluvia y el de las hormonas que empiezan a saltar por las aceras. Por la mañana ha sonado el de los bombos de la lotería. Si llevas en la cartera el 79250 eres multimillonario gracias al donativo de muchas esperanzas truncadas. Si lo miras así, es como para sentirse hecho polvo. Vaya día.

6 pensamientos en “Sonidos

  1. Marlene

    Buffffff!!!!!! Tooooda la razón PEREZA!!!!,le gusto, no le gusto…,nadie en este mundo me entiende…, todo es un rollo y no me ralles….
    Virgencita, virgencita que me quede como estoy,no retrocedo ni loca y eso que no tuve acné.

  2. Marcos

    Lo realmente penoso es seguir en la edad del pavo cuando uno ya tiene edad para haberse comido, con relleno incluido, tres o cuatro pavos. Es posible crecer, dejar esa “tontuna” atrás y, al mismo tiempo, seguir siendo aquél niño. Además, donde esté el cola cao… (con sus grumitos).

  3. emejota Autor

    Pues también tienes razón, Marcos. Pero se puede crecer y seguir siendo aquel niño y seguir dando pereza ese tiempo intermedio que para mí es un limbo. (Fuí más de una cosa que se llamaba Nocilla Instant y que desapareció del mercado porque seguro que sería mala para todo aunque sabía muy rica. Supongo que por eso, de aquellas nocillas estos posts :) )

    Marlene, que me debes una frase :P

  4. Lili

    Es que es una edad dificililla….¿te imaginas tenerlos de veintitantos en veintitantos, durante una media de cuatro horas diarias?. Me preocupa si es contagioso… (era una pregunta retórica: a veces, me temo que sí).

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