Clase 14 diciembre, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios , trackbackEl tiempo es una cosa relativa.
Esta tarde se ha abierto la puerta del ascensor y B. ha atravesado el puente que separaba la orilla de la última clase de la orilla de la de hoy. PermÃtaseme la licencia literaria, el guiño, o como queramos llamar al paréntesis en la actividad escolar debido al largo puente festivo. Y aunque el tema de la clase no era ese, ha quedado claro que el tiempo es relativo porque han pasado quince dÃas y, sin embargo, se dirÃa que ha pasado un año en la persona de B., tal es el cambio, el estirón.
Qué cosas.
En cualquier caso, lo que sigue sonando igual, pasen quince dÃas o trescientos sesenta y cinco, es el caracterÃstico hola que trae B. en los labios y que ya conocemos, y creo que si deja estirar tanto la vocal final es para dar lugar a que atraviese con seguridad el largo y recto pasillo que separa la puerta del ascensor de la puerta de mi casa, donde le espero reflexionando para mis adentros sobre la relatividad del tiempo y tal. Cómo estás? Bien y uf. Ambas cosas han sido dichas. El bien se sobreentiende pero para entender el uf habrÃa que añadir a la escena que B. ha llegado embutido en una bufanda esponjosa, tal es el intenso y cortante cierzo helador que soplaba.
Uf, claro, lógico.
Despojado de la bufanda de tres o cuatro vueltas al cuello (Gloria-madre aprobarÃa una bufanda asà con un sÃseñor) y de su cazadora, sentado en su silla, le he entregado su/mi/nuestro cuaderno y le he preguntado qué tal el puente. Bien, pero cansado. El bien vuelve a sobreentenderse, seis dÃas de fiesta, tú me dirás, pero para entender el resto habrÃa que preguntarle a B. Creo, pero no estoy muy seguro, que se referÃa a que, a pesar del puente, el cansancio se hace notar en estos dÃas que faltan para las vacaciones de Navidad.
Exámenes y demás, claro.
Cuando pasan quince dÃas de fiesta, B. sigue dándote un do, un fa sostenido o un si bemol igual de afinados que el piano y además de repente, sin pensarlo, pero luego en el dictado se pierden entre las cinco lÃneas y cuatro espacios del pentagrama. Misterio. Le miras a B. y no sabes muy bien si eso le afecta mucho, poco o nada; no es que se quede pensativo, se queda mirándote como esperando a ver qué pasa después.
A B. lo que le va son los documentales de obras de ingenierÃa, superestructuras, máquinas; los de animales, bueno, algunos, pero más los de máquinas. Lo sé porque ha salido el asunto al paso durante un silencio de corchea y porque he querido tantear el terreno para informar a Papá Noel por si pregunta sugerencias, qué se yo, ya tiene que estar saliendo de Laponia. La semana que viene llegan las vacaciones. Hay clase? SÃ, sÃ, claro, por supuesto, ha respondido B. muy seguro de la clase. Vale, de acuerdo, he dicho yo como si fuera el alumno por un instante. Le doy vueltas a lo del intercambio momentáneo de roles que el lenguaje ha producido en uno de sus juegos mientras B. da vueltas con la bufanda alrededor de su cuello. Y es curioso pero hay momentos, como hoy, en los que serÃa difÃcil distinguir si B. te mira con cara de decir lo siento o de qué me estás contando, si algo en él lamenta despedirse a cámara rápida de su infancia o si prepara serpentinas y confeti para celebrar la precoz llegada al andén de su adolescencia.
Hoy, al terminar la clase, el lápiz colocado sobre la goma de borrar apuntaba al Norte, cosa novedosa. Y confieso que por un instante y hasta por dos instantes he pensado si se tratarÃa de un mensaje, indirecta directa, guiño silente pero elocuente dirigido a estas latitudes de palabras. SerÃa algo muy de B.
Madrid 14 diciembre, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios , trackbackTal vez.