Conocer 13 diciembre, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 10 comentarios , trackbackDe lo que me he dado cuenta esta tarde en la presentación del 3er volumen de La Idea del Norte, en la biblioteca de la sede histórica de Diario de Navarra, a unos metros de la Plaza del Castillo, es que hay gente que me quiere y que me conoce. Las dos cosas parece que se tienen que dar juntas pero si lo pensamos un poco, pues va y no siempre es asÃ. Pues a emejota yo creo que esta tarde le ha pasado eso, cuando para unos cuantos lectores ha dejado de ser un emejota de 5 años para ser un Mariano de 40 (y emejota, a su vez, ha puesto rostro a sus lectores, veteranos unos, recién llegados otros). Y en la entrevista, cálida, planteada por Belén Galindo (gracias, Belén) me he enterado de que saben, muchos, que ahora, las tres y tres de la mañana, era probable que escribiera un post, y saben también de la vecina, y la abuela, y Lindsay, y toni, y de la lamparita y las palabras en negrita, y de Wendy, y de las heridas y los paseos, las ironÃas y mis silencios y ausencias de este sitio. Y lo que no sabÃan me lo preguntaban, como lo que hay detrás del blog, en la trastienda, sobre el cómo, el por qué ésto y lo otro, el hasta cuándo, etc. Y el intercambio que se produce entre lectores y autor, que supongo que será de un balance satisfactorio para ambos cuando aquà seguimos.
Y es verdad, sÃ, reconforta que a uno le quieran aunque le conozcan o, mejor dicho, que le quieran porque le conocen. Reconforta lo que te dicen, lo que lees al llegar a casa; conmueve lo que alguien me ha dejado en Twitter y el mail que alguien acaba de escribir mientras empezaba a redactar este post hace unos minutos (prueba de que saben que a estas horas estoy a los mandos). Como hay una palabra que me gusta mucho y que ha salido hoy: complicidad, sabrá comprender quien ha escrito el mail, que responda mañana, que ya es hoy porque mira las horas y sigo con el sueño denso. No sé si estaré incubando algo porque tengo dolor de cabeza y el estómago dando alguna vuelta intentando centrifugar una cena que ha sido escueta, nada, una ensalada.
Me han gustado el silencio y las risas, ambas cosas sinónimos de conexión, y me ha gustado pasearme por esa calle ZapaterÃa tan del Pamplona antiguo y tan de Navidad. Y se me ha puesto un algo de nostalgia al pasar por aquella Casa Arilla que yo daba por extinguida hace décadas, tienda de partituras e instrumentos musicales de las de los tiempos de opereta. Allà me compró el abuelo los dos tomos que recogen las Sonatas de Mozart cuando yo era niño y aún los conservo como nuevos y en activo, habiendo sido usados tanto y tanto, fuente inagotable de placeres al tacto de tecla, blanca y negra. He mirado de reojo el escaparate, pero no he dicho nada, como cuando te encuentras un silencio en el pentagrama.