Niebla

Cayó la niebla y callé yo. Ocurre en ocasiones. Llegué a casa el viernes a eso de las nueve de la noche y aquí estoy aún, madrugada del domingo al lunes. ¿Me ocurre algo? No. ¿Me duele algo? No lo suficiente, por lo menos. Simplemente, te quedas en casa. Menuda novedad, dirán los conocedores de mi vocación casera. Y es verdad, pero la novedad (a todas luces -luces antiniebla- sorprendente) es que me he quedado calladito, o casi. Leo, miro, pienso. Duermo. Cae la niebla y cae el sueño y no levanta, pero tanto que no me levanto, como si necesitara dormir el sueño de años, una cosa rara. Luego pasa lo que pasa, que ahora estoy con los ojos bien abiertos mientras todo el vecindario, la calle, la ciudad entera, duerme, como el título de la película, igual.

De todas formas, esta semana me toca salir y hablar. Me portaré bien. Me toca salir y hablar de La Idea del Norte, y hacerlo con el frío que vuelve, según han confirmado los sucesores de Maldonado en la tele. Mañana lunes (hoy lunes para quien lea estas líneas el lunes, aquel lunes para quien las lea un día) presento la versión en papel de este blog en el Club de Lectura de Diario de Navarra, en Pamplona, a las 19 horas. Algo así como una entrevista mano a mano sobre los entresijos del blog con público delante. No sé cómo irá la cosa pero creo que descansado al menos seguro que voy.

Más. Ocurre, y ocurre desde que soy pequeñito, que a veces siento por dentro como si ocurriera algo, valga la redundancia. Un presentimiento, vamos. Y eso a mi madre le suele poner un poco negra, sobre todo cuando le digo que tengo aquí (siendo aquí el centro del pecho) un no sé qué que ya verás. Y me dice, anda, anda. Y, modestia aparte, luego resulta que vemos. El qué. Pues lo que sea que estaba barruntando yo. Soy como un zahorí, sí. El problema es que los barruntos estos no me atañen a mí, quiero decir que no son sobre mí, sino sobre algo, generalmente alguien, de mi alrededor. Es frustrante no saber en ocasiones quién, pero no es menos frustrante saber quién pero no saber qué o qué hacer.

Costó aprender, más que comprender, porque la práctica requiere más maña que la teoría, que la mayoría de las veces no hay que intervenir. Acusas algo, lo constatas, y ya. Dicho así suena muy frío, pero no es agradable. No es agradable “ver” la confusión, el dolor o la preocupación ajena. Veía ayer sábado por la noche una película en esta casa silente rodeada por la niebla y de pronto la película dejó de tener trama y la atención buscó el móvil para ver si había algo, qué se yo, una constatación en forma de sms de una inquietud que se me había puesto donde se ponen las inquietudes: en el centro del pecho. No me alegro para nada, y menos me jacto, de decir que algo de eso había, y así lo ha traído el declinar de este domingo. Levantaba ya la niebla con la misma celeridad con la que el viernes cayó y yo callé. Esta noche ha tocado hablar un poco. Mañana más y de otra manera, seguro. Sin un nudo en la garganta, por ejemplo.

10 pensamientos en “Niebla

  1. Marcos

    A veces uno necesita hibernar aunque sólo sea por un fin de semana: El cuerpo es sabio (más de lo que parece) y sabe lo que se hace. Sea la niebla, esa inquietud, o la inquietud que traen los días de niebla (vete a saber por qué), muchas veces necesitamos refugiarnos, incluso de nosotros mismos. Lo bueno es que uno sale con las energías renovadas.

    Mucha suerte para esta tarde, aunque seguro que no hace falta porque saldrá todo de maravilla. Qué pena no poder ir, pero me sumo a los aplausos.

  2. Pilar

    Si ya se ha disipado la niebla y la luz ha vuelto, es muy agradable tenerte otra vez aquí.
    Que te vaya muy bien esta tarde. Yo desde luego, voy a correr mucho para poder llegar a tiempo y estar allí porque los aplausos los quiero hacer en persona.
    MUCHA, MUCHA SUERTE

  3. Pilar

    Se me olvidaba decirte que si quieres taxi , me ofrezco a llevarte con mi coche a donde quieras. En la Uni. pregunté por si te podía llevar y me dijeron que ya te lo habían ofrecido.
    Solo eso

  4. emejota Autor

    Muchas gracias, Pilar. He “reclutado” a mi hermano y voy con él a Pamplona en coche. Pero te lo agradezco mucho. Un abrazo.

    Muchas gracias también a tí, Marcos. La niebla es un misterio, sí. Y te recoge.

  5. Neu

    Hola Emejota, pronto se cumplirán cinco años que te leo y apenas algún comentario delata mi presencia. Recuerdo que cuando empece a leerte, lo hacía a escondidas porque en casa no estaba bien visto las lecturas en internet. Y fijate que ahora pasados años y enfermedades incluso me han animado para escribir un blog. Lo que es la vida, y la de vueltas que da. En fin que hoy me apetecía saludarte y desearte lo mejor para el Año que comienza.
    Un abrazo.

  6. Anónimo

    Espero que no sea nada de gravedad, los que nos rodean suelen preocuparnos mas sus problemas que los nuestros propios, solo espero que tu nudo se haya disipado y la persona de tu preocupacion siga en pie. un saludo
    Evey

  7. Alicia

    Ya sabes: “mañanitas de niebla, tardes de paseo”
    Espero que esta tarde hayas tenido un excelente “paseo” en la presentación de tu libro
    Me sumo a los aplausos desde Tudela
    Espero que sean en persona cuando lo presentes aquí
    Mucha suerte

  8. emejota Autor

    Lo mismo te deseo, Neu, y hasta cuando quieras. La vida da vueltas, pero tiende a volver al mismo sitio (me da a mí que sí)

    Nada de gravedad, Evey, pero se pre-siente y se siente. Y qué se le va a hacer. Hasta el próximo nudo.

    Alicia: si te animas, miércoles 15 en el aula 204 de la UPNA de Tudela (no es obligación)

    Un abrazo!

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