Anuario

La Idea del Norte 3¿Tiene sentido poner precio y papel a las palabras que aquí se han ido dibujando a lo largo del año y que pueden consultarse de forma gratuíta? Pues hombre, si a lo que aquí se dice se le ha cogido algún afecto o si el lector es de los que prefieren verlas dibujadas en el lienzo del papel antes que en un monitor, e incluso si todavía queda (que queda) un tipo de lector que prefiere llevarse los textos al sofá, pues quizá sí. Se suele olvidar, no obstante, un motivo que creo que es más importante: lo efímero. Se tiende a pensar y a creer que todo lo que consultamos en internet ahí está y estará porque sí, porque el ciberespacio es un lugar abstracto donde pasan cosas de ese tipo. Pero no. Los contenidos tienen un soporte, llamado dominio (la matrícula del sitio, en este caso del blog) y un alojamiento (donde se almacenan y distribuyen dichos contenidos). Y eso cuesta una pasta que se paga religiosamente allá por noviembre, cuando el banco pasa una nota, que no es precisamente como la tarjeta que recibía, cada 9 de noviembre, la señora del ramito de violetas de la canción de Cecilia. Cuando un blog llega a su última línea y su autor da de baja el contrato con el servidor de internet, los contenidos desaparecen engullidos por algún agujero, no se sabe si negro, blanco o transparente, del mismo ciberespacio donde hasta entonces habían permanecido a la vista de todos, sin necesidad de telescopio. ¿Eso quiere decir que a este blog le quedan pocas hojas por escribir? No, no. Pero es obvio que algún día ocurrirá, el qué, pues que termine, como todo.

Tengo que confesar algo.

Este libro tercero no iba a hacerse. No iba a hacerse porque me quedó un regusto raro de 2009, que es el año contenido en él. Pero pasaron dos cosas y por este orden: una, que desde Tokio, Diego, autor de la anterior portada, envió vía correo electrónico un boceto que hizo que mi ceja se levantara, sorprendida, gratamente sorprendida. Era un envoltorio cálido y atractivo a una nada (en ese momento aún era una nada). Dicho de otro modo: este libro empezó a construirse por el tejado, por el envoltorio. Entonces pasó lo segundo: que una excursión por los archivos, nocturna, linterna en mano, hizo que me diera cuenta, no sé si por la distancia del tiempo, el verlo en frío, qué se yo, que el regusto anteriormente mencionado había dado paso a un conjunto que leí y recopilé con una sonrisa en los labios.

Estoy muy satisfecho del resultado, si se me permite decirlo. Visto así, a toro pasado, observo que en este blog las personas se convierten en personajes entrañables de una obra por entregas, siempre dibujadas con cariño, y estoy seguro que así son percibidas por el lector, cómplice imprescindible de estos escritos. Lo fue Lindsay, la profesora de inglés; lo fue la abuela, que en este libro nos deja a mitad del recorrido sin avisar; lo son el médico (compendio personificado en singular de tantos plurales en bata blanca) y lo es B., reciente incorporación al elenco después de tantas bajas y que, por lo tanto, no entra en el libro aunque, me consta, cuenta con la simpatía de quien se asoma a esta pantalla y hasta sabe cómo es sin haber dejado escrito en ningún momento si es rubio o moreno, alto o bajo. En ocasiones, los detalles accesorios son suficientes para poner el alma de las personas en unas frases y que el lector les ponga, después, la piel más conveniente.

Recopilar, haciendo una obligada selección, el anuario de La Idea del Norte también da posibilidad para el juego creativo: ¿la traducción de los posts originales se mantiene fiel cuando se pasan al papel? ¿Hay omisiones? ¿Se desliza, así como si nada, algo que en su día no apareció? Si ocurre o no algo de eso, desde luego tentaciones hay, otra cosa es que se materialicen. Hay emejotismos, eso sí. Los emejotismos son esas cosas insignificantes que no aportan nada (pero que a mí me dicen algo, qué le vamos a hacer). ¿Un ejemplo? Bah, no, que me da vergüenza. Va, sí, que hay confianza, pero lo digo entre paréntesis, como si lo dijera por lo bajini:

(alguna vez, la acción de un día en el blog sucede otro día cuando paso a limpio la redacción al papel; vamos, que la fecha es otra)

Se me preguntará: ¿y eso? Pero no puedo responder porque un emejotismo es eso: una cosa que no tiene respuesta.

En fin. Para quien quiera llevarse un recuerdo de este blog, para quien quiera compartirlo en Navidad con los suyos, puede encontrarlo, en la cercanía geográfica, en los diversos establecimientos que la Librería Gómez tiene abiertos en Pamplona o en la Librería Julio Mazo de Tudela. Los demás, cercanos aunque haya muchos kilómetros por medio, pero cercanos igualmente, lo pueden encontrar haciendo clic aquí:

La Idea del Norte 3

Y para información adicional, La Idea del Norte 3 en Facebook.

7 pensamientos en “Anuario

  1. Marcos

    Es como cuando en casa te pones a pasar las cintas VHS a DVD, Blue Ray… o cualquier otro soporte circular con agujero, por aquello de que en unos años no habrá donde verlas o, en el mejor de los casos, se hayan deteriorado tanto que al darle al “play” no se vean más que rayas. Sería muy triste. En este caso, no se trata de conservar imágenes, sino palabras que evocan imágenes (y más), que es más difícil. Y no sólo eso: también es poder compartir con otros, a los que les asusta el prefijo “www”, todo esto.
    Tomo nota.

  2. Pilar

    Di que sí, que el placer que produce tener un libro en la mano, no es comparable a ninguna pantalla fría de ordenador.

  3. C.

    Siempre he dicho que tenía sentido. De hecho, otra vez lo he disfrutado un montón, y de manera distinta, por supuesto.

  4. toni

    estas cosas siempre tiene sentido. y, aunque parezca que no estamos tanto como estábamos. lo tiene. y el papel, al tocarse, más aún.

  5. Pilar

    Emejota, he regalado ya cinco ejemplares de tu libro. Espero que quienes lo tienen, disfruten con su lectura como lo hice yo.
    Un abrazo

  6. emejota Autor

    Pilar, jo, voy a tener que nombrarte comercial de La Idea. Me sacas los colores. Gracias muchas.

    Gracias también a los demás. Abrazos para todos.

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