Contracorriente

Pilar SarasolaAcepté el encargo de poner música al documental “Pilar Sarasola, viuda de Luque: una mujer contracorriente”, con cierto escepticismo, como trabajo alimenticio, y terminé enganchado a la historia de esta mujer valiente donde las haya, y de los testimonios de los allegados supervivientes que ahí estaban, frente a la cámara de Juanjo Martínez, todos ellos tocados por el ángel, que diría Lorca. El documental se proyecta la semana próxima en la sede cordobesa de la Filmoteca de Andalucía y moverá emociones. Pilar Sarasola fue una señora de mucha categoría, como dirían los señores de barba blanca y aire culto o bohemio o las dos cosas, como el que aparece diciéndolo en un momento del metraje. Nacida en Huesca, pero con los recuerdos de la infancia grabados en Gijón, la llamada al corazón de Rogelio Luque la llevaría a Córdoba donde empezó y acabó todo con una librería mítica, la Librería Luque, de la calle Gondomar, como testigo del paso efervescente de la intelectualidad de la república y más tarde de la pira de libros y de la desaparición de quienes habían puesto ojos y corazón en sus páginas nada más comenzar la Guerra Civil.

A Rogelio Luque se lo llevaron una noche porque a alguien se le metió en la sesera que esos libros que aparecían en el escaparate, de Ortega, de Unamuno, novelas habría también, claro, pues eran sospechosas de lo peor y cuando esta mujer corrió al cuartelillo para llevar algo le contestaron que no hacía falta: “no va a comer más”. 39 años él, 31 ella. Pero esta mujer, lejos de amilanarse, lloró todo lo que tenía que llorar por su marido, los amigos queridos, los tiempos felices, y se dispuso a abrir su librería haciendo de ese acto diario rito y del lugar, santuario, a pesar del riesgo y las zancadillas.

Mirar las fotos y el celuloide rancio donde se ven los tiempos felices y los tiempos del horror; escuchar los testimonios, tan bien hablados en los timbres y tan apasionantes en la exposición y, sobre todo, recrear la presencia de esta Pilar en la voz en off de la actriz Cecilia Solaguren crea un caldo de cultivo donde algo, seguro, tiene que surgir, no sé si bueno pero malo, desde luego, no. Esas cosas las sabe de antemano el corazón. Y aunque la experiencia ha sido agotadora, estoy muy contento con el resultado. Un trabajo así es extenuante primero porque siempre te van a meter prisas a no ser que trabajes en algo que se llame “Pilar Sarasola, viuda de Luque: una mujer contracorriente” donde ya no hay prisas: hay urgencias. Segundo porque componer no es como escribir (sin demérito para lo segundo pero es que si no te vienen las notas y los acordes que las acompañan y los ritmos y… pues no te vienen); además, luego hay que sincronizar con la imagen, estudiarse la interpretación y grabarla, y vuelta a empezar con lo siguiente. Y valorar cada fragmento en la unidad y en su papel en el todo. Y el reloj haciendo tic tac, tic tac. Imagínese.

La estrategia de trabajo partió de la idea de lo que yo llamé, en mis soliloquios frente al pentagrama en blanco, “música en blanco y negro”. Qué quise decir con eso y qué quiero decir con eso, ni idea, pero así me salió el nombre y la mano se fue al lápiz. De ahí surgió un motivo musical simple: un arpegio ascendente. Y del mismo motivo dibuje tres diseños con tres colores armónicos distintos. Esos fueron los pilares de esta Pilar puesta en música:

El primero serviría para abrir (y sirvió):

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Este tendría un carácter episódico:

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Y este aguardaría por si las cosas precisaban ponernos serios:

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Estos tres pilares sostenían y cohesionaban, con sus ocasionales reapariciones, un total de 15 segmentos musicales, “tracks” los llamaríamos si habláramos en color y no en blanco y negro, cada uno respondiendo a las exigencias del guión. Entre el piano y la voz de Cecilia Solaguren hubo química, y eso ayudó mucho. Lo mismo con la de Paco Cerezo, pedazo de voz, y todavía alguna que otra más de los varios testimonios que pasaban por cámara en cuerpo presente a lo largo de los 45 minutos de metraje vistos 45 veces porque este trabajo es así.

Hoy, con la resaca del maratón viernes-madrugada del lunes en el cuerpo (y sobre todo en la mente), me siento muy contento de haber participado en este proyecto y mantengo, porque me lo dice un pálpito, que lo que ha hecho Juanjo Martínez tiene ángel, porque ha sabido combinar muy bien el don que muestran y demuestran quienes narran, caleidoscópicamente, la apasionante historia de esta mujer que nunca dejó que sus hijos la vieran venirse abajo y que luchó con la elegancia y sin despeinarse desde la trinchera de su librería.

5 pensamientos en “Contracorriente

  1. Alejandrina Urquízar

    Ayer se presentó el documental en la Filmoteca de Andalucía y nos emocionó a todos. Todavía llevamos tu música dentro.

    Gracias Mariano

  2. Pilar

    No entiendo nada de música, solo es mi oído el que disfruta escuchando cosas como estas.
    ¡Que bonito lo haces!

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