Archivo por días: 28 octubre, 2010

Primaveras

No podré escribir un relato o una novela hasta que no sepa reconocer los tipos de árboles ni nombrar correctamente los colores.

He dicho.

Me lo dije en realidad ayer cuando, de pronto, el otoño se olvidó de que era otoño y la tarde se volvió primavera toda ella. Y dejé lo que tenía entre manos y en la cabeza y me fui a dar un paseo de los kilométricos. Poder hacerlo cuando quieras es un lujo que compensa tantas otras carencias. Sales a pasear y pasas por tiendas y despachos y oficinas y miras ese cielo azul y algo te dice que el mundo está mal diseñado. A todo esto, las tiendas de muebles me dan mucha pena y me desconciertan: muestran múltiples trozos de estancias que no llegan a estar del todo estando todas tan juntas. Y tras el cristal, el verde muy verde y el sol de veinte grados.

Sigue fascinándome ese canto de pájaros del atardecer, ese chillido mil veces multiplicado que no molesta sino que te emboba y que no sabes de dónde viene aunque está en todas partes. Como una nube invisible y deliciosamente ruidosa. Es el sonido del atardecer. El atardecer tiene sonido, color y olor y, en ocasiones, como ayer, el olor de lo verde recién cortado sobre la tierra húmeda hace que te detengas y pienses que una maravilla es algo así de sencillo y de mayúsculo.