Clase 26 octubre, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propiosY B.? Qué pasa con B.? Ya no sale o qué?
SÃ, claro que sale. De hecho, ha salido hoy, puntual, del ascensor, caminando pegado a la pared y diciendo un hola que ya resulta muy caracterÃstico pero que no puedo imitar por escrito. Imaginemos un hola muy caracterÃstico y ya está. Hace fresquillo, eh?, he preguntado. Y vaya si lo hacÃa. Este cierzo siberiano ha traÃdo a B. por primera vez envuelto en una cazadora pero si Gloria-madre le viera, dirÃa que anda muy despechugao con ese cuello abierto, como yo, que parece que los cuellos todavÃa piensan en verano hasta que Gloria-madre viene y les pone una bufanda en un plis plas.
Pensaba en estas cosas tan poco trascendentes pero cotidianas mientras nos dirigiamos a nuestra habitación de trabajo y B. decÃa que sà a lo del fresquillo. El cuaderno que B. y yo compartimos estaba sobre la mesa, esperando. El escenario, a estas alturas del curso, deberÃa ser familiar, por eso lo vamos a describir. Desde el punto de vista de B. yo estoy enfrente, pero no sentado al otro lado de la mesa sino un poco más allá, frente al piano. Y cómo está situado el piano, a ver. Pues el piano está apoyado en la pared de la derecha, de manera que si me pongo a tocar, B. me ve de perfil, y si le hablo, me giro un poco y ya está. Es probable que si entras en clase me veas sentado en el piano, girado hacia B, y con el brazo izquierdo extendido descansando a un lado del atril de las partituras donde aguarda la tarea de hoy, como la escaleta de un programa, igual.
Asà estaba y estaba además preguntándole acerca de un “do” cuando he interrumpido la pregunta para observar en voz alta que B. estaba pachucho. Lo decÃan las ojeras y la mirada cansada y lo decÃa él mismo, con gesto de qué le vamos a hacer. Dice B. que esta semana es que no tiene tiempo para nada, que ayer mismo desde que se levantó hasta la hora de acostarse no paró un instante. Los exámenes. Y el motor eléctrico. Motor eléctrico? SÃ, hay que hacer uno para TecnologÃa. Me ha entrado curiosidad por saber cómo serÃa el motor eléctrico construÃdo por B. pero él seguÃa hablando, más bien sentenciando. No toqué ni el piano. Eso ha dicho para terminar el párrafo dedicado al agobio semanal. Bueno, pero seguro que si te pido un do te sale igual que el del piano.
Bingo.
A veces hago un test al oÃdo de B. porque sospecho que presenta sÃntomas de oÃdo absoluto. Le pides un do y lo da exactamente igual que el del piano aunque venga con la cabeza llena de ocupaciones y un poco desafinada por el cansancio. El dictado de hoy ha salido bien, aunque ha reconocido que su dificultad era mediana. Luego le he dado el testigo del piano y hemos tenido un pequeño debate sobre la Invención primera de Bach porque la está empezando a trabajar en clase de piano. A sus 12 años, puedes establecer un diálogo con B. sobre la construcción de la Invención primera de Bach y te sigue perfectamente, y hasta se queda mirando los pasajes que antes eran una mera serpiente de notas y que, de repente, han cobrado un sentido. Entiendo esas miradas a la partitura y esos silencios porque son las mismas miradas y los mismos silencios que experimenté yo a sus años. Es el silencio que acompaña a la sorpresa, al descubrimiento. Yo también callo. Hay silencios que necesitan su tiempo y su espacio. Luego volveremos a lo del motor eléctrico, los exámenes y el problema de las horas, de la falta de horas, porque dice B. que después de cenar no puede ni ver un rato la tele y lo dice y se agobia sólo con decirlo.
Ante eso hay que hacer dos cosas. En primer lugar, dar ánimos y, en segundo lugar, señalar al respaldo de la silla donde la cazadora de B. a punto está de quedarse abandonada al final de la clase, tal es el olvido al que nos lleva el estrés de la ESO y de lo otro y de lo de más allá. Qué vida esta.
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y no te olvides de decirle que se lo tome con calma, que luego, el reloj y un montón de cosas más, te putean desde que te levantas, cuando todavÃa es de noche, hasta que te acuestas, a las cinco mil y quinientas, porque no has tenido tiempo de terminar una cosa a tiempo. eso sÃ, hay que guardarse media hora para contarle un cuento a tu hijo, que luego no duerme bien. pues eso, dile a B. que se lo tome con calma, que nada es tan importante como él mismo. aunque seguro que eso ya lo sabe. lo siente poco, pero lo sabe.