Estreno 24 octubre, 2010
Escrito por emejota en : Sin categorÃa , 9 comentarios , trackback
Me arrimo a la pared de la izquierda para dejar sitio al precioso cartel que toni nos mandó desde el otro lado del mar, desde una isla que no es la de Nunca Jamás pero que seguro que tiene lagunas de sirenas y donde la luna llena dibujará senderos temblorosos en la superficie del agua. El viernes, ese cartel daba la bienvenida a la gente, mucha, que llenó el cine donde se proyectaba este corto de parto tan largo. En las butacas, fila tres, a mi izquierda, mi madre, y a mi derecha, David, su padre, su madre y su hermano Javi. A nuestra espalda, la escolta del Cheriff, que tanto nos ha cuidado durante todo este tiempo. Allà estábamos con los ojos puestos en la pantalla blanca que, minutos después, se transformarÃa en una habitación en penumbra, una madrugada cualquiera, desde la que alguien, guarecido entre las sombras y la tenue luz filtrada por la ventana, habla con las palabras, con la mirada y con el silencio.
Pasan muchas cosas desde que un dÃa lanzas un mensaje en una botella al ciberespacio en el océano de Facebook en espera de que un chaval la aviste en las costas de su ordenador. Pasan muchas cosas desde entonces hasta el viernes; pasaron muchas cosas incluso el viernes, algunas divertidas, algunas con las legañas puestas por el madrugón, otras emocionantes y muchas, las más, llenas de cariño. Y de comprensión. Que el público sepa mirar más allá del plano contra plano para bucear en el espacio estático del fotograma y darse cuenta de que los ojos no sólo recorren el cuadro sino que se deslizan escrutando el alma de las cosas produce una conexión, una complicidad inmediata, y trae consigo la reconfortante sensación de la comunicación que se establece en intimidad. Asà que más que felices, y satisfechos, y por eso nos dimos un abrazo largo largo, abrazados al mismo tiempo por el aplauso largo largo del público. Y no es más ni es menos.
“@Wendy” es la historia de una pérdida y de un encuentro, y la gente se dio cuenta de lo primero y de lo segundo, y de que allà fuimos para presentar a nuestra niña con toda la humildad del mundo y también con la satisfacción de quienes dejan algo de su corazón en lo que se ha hecho. Las cosas que salen de lo más hondo del corazón no son infalibles pero hablan con franqueza y le dicen a uno al oÃdo que no hay que tener miedo. Alguien habrá que sintonice, siempre hay alguien (uno, dos, varios, muchos) que sintoniza con el lenguaje del corazón y cuando eso ocurre y te devuelve la comunicación salta una chispa por dentro que no tiene precio. No tiene precio.
Gracias a todos.