Album

Cumpleaños David
Madrid, sábado 16 de octubre, 22 horas (más o menos). Servidor se encuentra en el Metro, línea 10, en el trayecto entre las estaciones de Gregorio Marañón y Tribunal; llevo puesta una americana, tal y como indica la invitación al evento al que me dirijo, y custodio entre el brazo y mi costado izquierdo un pequeño objeto envuelto en papel azul. Es un regalo.

El metro chirría en las curvas y mis tobillos llevan la contraria a las oscilaciones del vagón para preservar la verticalidad. Observo. Frente a mí, también de pie, tres chicas de unos treinta y pocos años. Una a mi izquierda, otra al frente y la última a la derecha. Estamos tan cerca que, para cualquiera que nos vea, pertenezco al grupo, cerrando el cuadrado. La chica de la izquierda lleva una melena morena a mechas, nariz afilada, mucha pulsera y un maquillaje que, o pasa por bronceado, o es bronceado. Asisto inevitablemente a la conversación.

-Y lo del pelo!?, pregunta escandalizada la chica de las pulseras.
-Tía, eso es tema tabú, ta-bú, con eso te lo digo todo, responde la chica de la derecha.
-Ya tía pero, tú sabes que su novio se va a quedar calvo antes de los 35???
-Que sí tía, pero que eso ni mencionárselo, tema tabú, ya te digo.
-Y esas entradas, un horror.
-Ya…
-Pues chica, ya me dirás tú, pero que te quedes sin trabajo y tener al novio así, osea, pues, no sé, qué fuerte.

Y yo alzo la ceja, carraspeando para mí mismo.

-Pero lo más fuerte es que además la pobre es fea y no se da cuenta, tía, apunta la chica que está entre las dos, frente a mí, interviniendo por primera vez.

La agradable voz de la megafonía anuncia mi estación de destino donde efectuaré un transbordo. La gente tiene unos problemas muy raros, pienso mientras atravieso pasillos y subo y bajo escaleras. Un hombre toca el acordeón y canta sonriendo. Tiene que ser difícil cantar sonriendo por lo de la vocalización.

A las 22:30, estoy en la calle Goya, un pelín así, con la sensación de que sí pero a ver qué pasa, es decir, porque me sale del corazón felicitar a David acompañándole esa noche y a ver qué pasa porque a ver qué hace un cuarentón como yo en una fiesta en la que no voy a conocer a casi nadie y que se supone joven y bulliciosa. Pero antepongo a mis temores lo que hay que anteponer: David cumple dieciocho años, hay que ver, dieciocho ya. Todavía faltan unos minutos para que, dentro del local, me presente al actor José Luis García-Pérez, su tito en aquella película, “Cachorro” y me lleve una sorpresa muy agradable y hasta me emocione un poco al verlos juntos de nuevo tanto tiempo después de la secuencia de la despedida en la película. Qué congoja la secuencia de la despedida. Pero eso luego. Ahora, hay un grupo de personas esperando en la calle y en nada aparece David y me busca con la mirada. Entonces descubro que ha decidido echarme un cable y que tiene pensado mantenerlo tendido a lo largo de la fiesta. No pasarán más de tres minutos sin que venga o me esté observando desde el grupo de personas que atiende o me pregunte si todo bien, si me apetece beber algo, si todo bien, seguro, todo bien, y cuando no está él en un radio cercano está su hermano Pedro.

En la fiesta hay tres grupos definidos: los jóvenes, los mayores y los actores (mayores y jóvenes). Parece difícil conciliarlos. Yo animo a David a que atienda a sus amigos con la misma insistencia con la que él me asiste, y su actitud es genuinamente david, muy suya. Hay un show divertido en mitad de la fiesta que promete repartirse por episodios a lo largo de la velada y en un instante de pausa salgo afuera a tomar un poco el aire porque hace calor, mucho calor. David sale detrás. No pasa nada, ahora entro, le digo. Pero él dice que de acuerdo y que ya entrará también él, y nos sentamos juntos en la escalinata que desciende de la acera y te lleva al local de la fiesta.

David se ha llevado una sorpresa de esas que se expresan con un silencio elocuente cuando ha abierto el pequeño paquete azul, de forma rectangular, que le he llevado como regalo. Regalo especial para un cumpleaños especial porque pone dieciocho velas en la tarta. Lo especial del regalo no es su valor material (que apenas lo tiene), ni su aparatosidad (es muy pequeñito). Lo que lo hace especial para David es que está hecho de él.

Alguna foto, hielo en los vasos, conversaciones con esta persona y aquella, otro capítulo del show, aplausos, flashes, risas, y a eso de las 2 de la mañana pienso con sensatez que lo más justo, habiéndose desvivido David para que no me encontrara fuera de lugar, es que de ahí en adelante viva su noche como la tiene que vivir un chaval de dieciocho años, así que inicio la operación retirada dando abrazos y saludos con el convencimiento de que hago bien: he estado bien en la fiesta, más que eso incluso, y me voy muy contento. Y todavía me voy a sentir mejor en el hotel, seguro, cuando imagine a David disfrutando el resto de la noche como solo los chavales de esa edad lo hacen mientras tienen esa edad. Se lo merece. Reconforta pensar que aunque este cachorro se nos hace mayor, sigue teniendo el corazón de oro y hasta se ocupa de buscar en el móvil de un amigo que pasa por allí el teléfono de RadioTaxi.

El taxista que me recoge es un taxista melancólico y su conversación me recuerda a Millás, no sé si por Millás o por sus relatos sobre taxis y taxistas. Como me siento bien y despierto estoy tentado de decirle que dé un rodeo porque iniciamos, con la Torre Picasso como fugaz testigo presencial, un debate sobre los chavales de hoy en día y tal. Y caigo entonces en la cuenta de que ya estoy en el capítulo de hablar de los chavales de hoy en día y tal. Puntos suspensivos. En el hotel, me doy una ducha y busco el paquete de galletas de chocolate que había empezado por la tarde en el tren. En el televisor, el novio de Falete asegura, sudor en la frente, que nunca, nunca, ha sido novio de Falete y una periodista frunce el ceño y muerde la patilla de la gafa, como sumida en deliberaciones antes de emitir veredicto.

9 pensamientos en “Album

  1. Anónimo

    Las periodistas de la tele también tienen unos problemas muy raros…
    Qué suerte tiene David de tenerte en su cumpleaños.
    Un abrazo, emejota.

  2. toni

    me sumo al anónimo y a su qué suerte tenerte en su cumpleaños. y le añado un qué suerte, emejota, haberle encontrado. y haberte encontrado también. aunque sea desde el hotel, imaginando su celebración. qué suerte que los caminos se crucen y luego ya no quieran continuar si no es paralelos.

  3. C.

    Felicidades a David/Peter y gracias a ti por compartirlo :)
    (uy uyuy esa conversación con el taxista…)

  4. david

    La dulzura, si cabe, mas dulce aun, cuando lo anterior supo amargo. :) Gracias por tu regalo, y por el del cumpleaños también. Te queremos emejota. ;)

  5. Victoria

    Cualquier día nos encontramos en el metro. Pero no llevo esas pulseras ni suelo hablar, sólo observo este espectaculo. Siento una mezcla entre pánico y fascinación por esas escenas cotidianas que para mí son totalmente nuevas, escucho a quien siempre vende algo, o toca algo; veo el suenho, la desgana, la tristeza, la indiferencia, en los demás. Todos corren, a dónde corren tanto? por qué la vida pasa tan rápido?

    Felicidades a David,

    Y sí Mariano, te queremos como él dice.

  6. César

    Y lo mejor de todo, es que mañana, ¡¡por fin!! os podremos ver juntos de nuevo y…¡¡¡en un cine!!! Yujuuuuuuuuuu!!!!

  7. Marina's mom

    Fue un gusto verte, veros, verlo. Lo que tengo que decir –deciros–, será en otro momento. Pero… buf… necesité algo más que minuto y medio de música para volver. Enhorabuena.

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