Clase

Puntual a la hora, B. ha salido del ascensor con las manos en los bolsillos y la cabeza baja. Siempre camina muy cerca de la pared y con la cabeza baja hasta que se da cuenta de que le estoy esperando al otro lado del pasillo y le saludo. Entonces sonríe y hasta se despega de la pared.

Hoy venía con las manos en los bolsillos porque no tenía nada que sostener con ellas. Ya quedamos en el anterior post que B., por algún motivo que se nos escapa, no trae el cuaderno de música donde anota los dictados, razón por la que viene a casa. Los anota en mi cuaderno. Es anecdótico, en cualquier caso. Esta tarde, sin embargo, B. ha salido del ascensor sin su bandolera y, detalle este importante, creo que hasta sin parte de sí mismo. Por eso, al saludarle, le he preguntado qué tal la semana y él ha respondido muy bien, muy bien. Hay un momento en el que B. resulta inexpugnable y uno no sabe hasta qué punto la utilización del adverbio y la repetición son una aseveración o una táctica disuasoria. En cualquier caso, hay que pasar a la clase.

Hay días en los que B. permanece ausente e incurre en despistes de esos tontos que él mismo se encarga de autocorregir cuando, volviendo de algo parecido a un ensimismamiento, cae en la cuenta. No se sabe dónde está B. en momentos así. Lo único que está a la vista es que de una semana a otra crece muy deprisa. Sólo su forma de caminar, sobre todo cuando lo hace con las manos en los bolsillos y la cabeza baja, denotan que aún es un niño. Por lo demás, hoy hemos estado hablando de los saltos de séptima, de la asignatura de ciencias y de que un dictado no puede estar en la tonalidad de Si Mayor, no?. Es verdad, serían muchos sostenidos, ha respondido él.

Hay un instante en el que B. te pide un la con la urgencia de quien pide la llave inglesa para evitar la fuga de agua de una cañería y yo pulso el la en el piano y él dice un momento y apoya la frente en los puños como si su concentración necesitara de un apoyo. Luego relaja el gesto y te dice que cree que ya lo tiene. Puede que en un silencio de blanca de la clase le preguntes si ha ido últimamente al cine y, como hoy, te responda que no. Y siendo el tipo de contestación que se espera de alguien que no ha ido últimamente al cine, sorprende un poco el silencio que viene a continuación, como si ese silencio estuviera esperando a que la curiosidad preguntase un sencillo por qué lo dices?. B. contesta que no y punto, y el silencio que viene a continuación lo rellena dibujando una clave de sol con un empeño de calígrafo.

Hoy estábamos los dos con nuestro pasmo correspondiente, como parece estarlo todo el mundo estos días, gargantas, toses, frenadoles, kleenex, esas cosas. Dice B. que esta semana tiene 3 exámenes en el colegio y que el profesor de piano le mete caña. No lo dice quejándose. Tampoco se jacta de poder con ello sin mayor dificultad. B. mantiene sus afirmaciones colgando de una cuerda muy recta y sólo la expresión de sus ojos y la sonrisa que ocasionalmente se le escapa es portadora de la información esencial para saber que todo sigue su marcha aunque puntualmente haya días que uno deje parte de sí mismo en la bandolera. Cuídate ese resfriado, le he dicho a B. cuando se marchaba. Gracias, lo mismo digo, ha respondido él sonriendo, como si agradeciera que recordaras que está resfriado. Y se ha marchado con las manos en los bolsillos, pegado a la pared, buscando el ascensor. Encima de esta mesa, el cuaderno descansaba cerrado y alineado, la goma de borrar sobre él y sobre ella, el lápiz apuntando al noreste.

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