Sala de Espera

a.k.a Brote (4)

Empieza el otoño con un día de otoño y esperando en la sala que hay para eso en el hospital y que no es sala, en realidad; es un espacio compartimentado con otro igual y así sucesivamente a lo largo del pasillo de consultas. Hoy me he levantado como el día: gris. Pero eso queda en esta sala de espera y no en la consulta del médico. Al parecer, mi hematocrito o poliglobulia ha alcanzado unos niveles históricos en el particular IBEX del laboratorio, lo que probablemente hará que el médico solicite que me extraigan un cuarto o medio litro de sangre porque la médula vuelve a hacer mala sangre (como yo) sin que se sepa la razón. Es cierto que se mira con el rabillo del ojo al elixir por aquello de la causa-efecto pero yo ya estoy en plan vete tú a saber. Se entiende, creo.

Que el hematocrito esté como está, bien erguido, explicaría la lista de síntomas que me voy a ahorrar porque luego me van a llamar el pupas. Pero, de verdad, es sumamente curiosa la manera que tiene el cuerpo de llamar la atención o de manifestar que algo no va bien y que no debería estar así. Lo que ya es más mosqueante es que si manifiestas un síntoma, por ejemplo, que de un par de semanas a esta parte, indefectiblemente después de cenar y a lo largo del prime time e incluso más allá, el pecho se inquieta y es que no te deja parar, oye, y te sientas en el sofá y te tienes que levantar, y coges un libro y lo dejas, y centras un rato la atención en la tele y nada, pues, como decía, si lo manifiestas a un médico te dará un diagnóstico distinto según el despacho y la especialidad: efecto de la poliglobulia si es el hematólogo, ansiedad (andas estresado últimamente?) si es el internista, efecto secundario de la medicación si es el reumatólogo A, eso no tiene importancia si es el reumatólogo B. Por el pasillo, el cardiólogo te dice que cómo cojones puede decir ese que no tiene importancia. Y tu te sientas en la sala de espera, que de pronto se vuelve sala de desesperos e impotencias, y haces tap tap con el pie en el suelo, inquieto.

Lo que está claro, por anteriores ocasiones, es que si te extraen esa cantidad de sangre todos los síntomas desaparecen, el que acabo de contar y el dolor constante de cabeza, los oídos taponados, la somnolencia diurna, la fatal digestión, el hormigueo en las extremidades, los lapsus mentales, y algo más que no recuerdo, no sé si por lapsus o porque me van a llamar en nada y tecleo con prisa. Por eso no pongo las palabras en negrita, a ver si, de paso, aclaramos un poco el día y despejamos la cabeza.

3 pensamientos en “Sala de Espera

  1. toni

    ánimo, emejota, que los efectos del otoño son impredecibles (sobre todo con elixir), pero también perfectamente normales para el momento del calendario y la situación del Ibex. del de cada uno, se entiende.

  2. C.

    Se ve, entonces, que lo de la sangría tenía su razón de ser. A ver si surte esta vez el efecto esperado rápidamente.
    Un abrazo grande

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