Brote (3)

Hierba mala nunca muere… hasta que un día lleguemos al hospital y nos suelten el temible discurso que empiece por un: “en la imagen del TAC que solicitamos hemos apreciado”, o, “hemos advertido en los últimos análisis que el recuento leucocitario” o fórmulas semánticas similares. Toquemos madera para que falten muchos años para eso. De momento, y antes de que la semana de resultados, consultas, pruebas y demás llegue, me entrego a un descanso casero. Duermo a deshoras, duerme el móvil en jornada continua, me canso sin esfuerzo, me siento dolorido y, sin embargo, noto los efectos de la dosis adelantada de elixir que sabe poco dulce porque viene a decirme: pan para esta semana, hambre para la próxima dosis. Traducción: que si empezamos a adelantar las dosis porque cada vez hace menos efecto, tenemos un problema. Pero el descanso es desconexión, y aunque pienso en ello (en los problemas) lo hago como en sordina y, a ratos, hasta me permito (lo intento, al menos) apartarlos.

Misterioso asesinato en Manhattan

No salgo de casa. No me apetece, además no puedo hacer una de mis caminatas y el tiempo no acompaña así que he recorrido las estanterías de mi filmoteca en busca de una película de otoño, que no otoñal. Deteniéndome en la estantería donde reposa la filmografía de Woody Allen, una película otoñal sería “Otra mujer”, en la que llueven gotas y melancolías al compás de Satie/Debussy. Y suspiras. Eso es una película otoñal. Una película de otoño es “Misterioso asesinato en Manhattan” donde también llueve pero te propone jugar mientras tanto; y se lo pasan en grande ellos y te lo pasas en grande tú. Es un homenaje al género “cadáver a los postres” con guiños hitchcockianos y a Agatha Christie, con un cuarteto de actores maravilloso que se reúne en mesas de restaurante con lamparita de otoño mientras jarrea sobre el asfalto y elucubran sobre esta partida de cluedo divertida y neurótica.

Esa es la diferencia entre una película otoñal y de otoño.

Si eliges la segunda, el temporal que golpea la ventana hace de atrezzo para la película que ves, te invita a atrincherarte en el sofá y que empiece el misterio. Elegí revisar “Misterioso asesinato en Manhattan” y recordaba que en su momento la vimos tan nueva y lejana a los Woody Allen de siempre y ahora, ya en los primeros minutos, la ves integrada en la serie de Woody Allen de siempre. Qué cosas. Que haya un cadáver con lluvia y una Diane Keaton maravillosa convertida en una Miss Marple neurótica, una Anjelica Huston vestida de negro y jugando al póker llevando gafas negras, un Alan Alda haciendo de Alan Alda (hasta las chaquetas que llevan son de Alan Alda) y la siempre reconfortante aparición de Woody Allen en su escenario favorito, New York, promete. Y cumple. Sonríes todo el rato y en un par de momentos hasta te sale una carcajada. Normal que pase eso cuando hasta a la propia Diane Keaton se le escapa un amago de risa no previsto en el guión cuando Allen dice, tembloroso y balbuceante, que el único cadáver que había visto hasta la fecha era el de un tío suyo de 94 años que la palmó atragantado porque había muchos grumos en la papilla.

Lo bueno de una convalecencia con temporal de viento del norte y amenaza de lluvia fuera es que no sabes por dónde vas a salir (es una expresión, claro, porque ya he dicho que no salgo). Y si por la mañana no sabía que iba a terminar revisando “Misterioso asesinato en Manhattan”, por la noche ya estaba en ello. Al terminar, ves desfilar los créditos con la tipografía invariable de las películas de Allen nombrando a la gente que entonces era la de siempre, Jack Rollins, Charles H. Joffe, Santo Loquasto y con la invariable músiquita suave de jazz añejo al fondo. Y la sonrisa todavía permanece en tus labios. Quitas el dvd y en el televisor esta vez aparece El Hijo de Satán, como lo oyes, y acojona cuando levanta el dedo índice y dice “asín que mira lo que te digo, eh?, asín que mira lo que te digo”. Esa señal diabólica es reveladora. En el averno ni se hace caligrafía Rubio ni se atiende a la gramática de Lázaro Carreter porque lo que mola es hacer pellas y pintar en las paredes lo de “Monjas a la mili”. Y luego eso se nota.

5 pensamientos en “Brote (3)

  1. Lili

    Lo que más me gusta de las mujeres neoyorkinas de Allen es que se mueven como pez en el agua por la city….sin bolso!. Y yo que no puedo pasar sin él ni para bajar a comprar el pan…(que si las llaves, la cartera, las gafas, los kleenex…).

    El otoño…para mí es un “volver a empezar”…Tiene su lado positivo.
    Besos.

  2. C.

    Esa peli es genial, sí. Buena elección para desconectar un poco.
    Esta semana parece que quiere volver el gusto por el otoño otoñal; ya me estaba preocupando…
    (El Hijo de Satán? Me estoy perdiendo algo??)
    Besos

  3. emejota Autor

    C: cómo! no te has encontrado con El Hijo de Satán en la tele?? Díle al mando a distancia que busque asín y asín que seguro que aparece ;)

    Lili: todos los lados del otoño son positivos, lo de volver a empezar ya da más pereza, según, o estimula, según, y a uno hasta le dio un Oscar y todo :)

  4. toni

    una gozada de película. le pegó una patada a un púding y lo encontramos debajo de la cama dos meses después. es de los mejores momentos de Woody. ese y el momento casette, con Woody liándose la cinta a la cabeza. brillante, brillante. además, es una gran película de otoño. que es una gran estación. el principio de muchas cosas.

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