Función

Hoy voy al teatro, mira:

Tengo guardada esta entrada en un sobre desde hace tiempo porque me hace especial ilusión asistir a la adaptación de Ernesto Caballero del hermoso texto del dramaturgo francés Eric-Emmanuel Schmitt: “El señor Ibrahim y las flores del Corán”. Yo, que soy un poco-bastante perezoso para moverme a los sitios, lamenté no haber llegado a tiempo la temporada pasada cuando estuvo en Madrid. Hubiera ido sin dudarlo pero con la que estaba cayendo por aquel entonces, imposible. Y mira por dónde, un día se me ocurre preguntar por Twitter a uno de los dos actores de la obra si van a ir de gira y me contesta que la empiezan en Pamplona a la vuelta del verano. Y me puse muy contento.

Sí, soy de esas personas que o les cuesta ir a los sitios o va con entusiasmo. Para eso hay que tener un estímulo que despierte al entusiasmo, que es algo que va después de la curiosidad. Aquí hay varias cosas que cumplen los requisitos. Como decía, la historia (preciosa), su adaptación (premio Max en 2006), y los dos actores que intervienen, tanto por separado como por la química que puede (dicen que la hay, lo comprobaré esta tarde) producirse entre ellos: el veteranísimo Juan Margallo, un hombre pegado a las tablas del teatro y el joven Ricardo Gómez (el chaval de la serie “Cuéntame”) que debuta en teatro con un papel que requiere dos bemoles. Creo que Ricardo Gómez carece de algunos de los principales defectos de los actores de su generación a pesar de ser de los más jóvenes. Espero confirmarlo.

Esta mañana se ha puesto rumbo a Pamplona con el twitter en el bolsillo y yo, que no tengo que ensayar y además estoy más cerca, lo hago dentro de un rato:

Estoy seguro de que va a merecer la pena.

3 pensamientos en “Función

  1. toni

    y yo, que lo leo todo el revés, ya sé que sí. qué envidia poder hablar así con ellos. y decirle que sí, que mereció la pena.
    (me alegra ver que te mueves)

  2. emejota Autor

    Tuve oportunidad de hablar con ambos porque el final de la representación lo hacen muy original. Se sientan en dos cajas de madera en primera línea de escenario y hablan hasta que sale la última persona de la sala. Juan Margallo contando cosas no tiene precio. Me pasé por allí al final para decirle a Gómez que yo era el que tecleaba los mensajes y estuvo muy cordial. Cuando me giré, estaba Margallo con la mano tendida hacia mí y una mirada de esas que tienen siglos de cosas sabias aprendidas (y no precisamente en los libros de texto). Acojona.
    (me muevo, luego existo)

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