Edades

Pasa que ayer me citaron para una entrevista de trabajo. El trabajo es para impartir únicamente cuatro sesiones en la universidad pero tal y como está el patio, cuatro me parece algo maravilloso. Así que dije que sí y hoy estaba de regreso a ese autobús mañanero que tanto dio de sí el año pasado y, ahora que lo pienso, el anterior. Anda, y el anterior también, no?

(Dios mío, cómo pasa el tiempo)

Al grano. Me llamaron de la Universidad de Navarra interesados en contar conmigo para el Programa Senior. El Programa Senior es un curso que se imparte para mayores, en otros sitios lo llaman de otra manera, aquí Programa Senior. Da igual. Ya estuve la semana pasada en mi encuentro anual con los estudiantes americanos de Boston y no se me olvida que cuando me presentaron se me nombró como autor de este blog. Y me pregunté si el hecho de que entre mis méritos curriculares destaque escribir este blog es algo positivo o no. Preferí tomarlo como positivo porque lo dijeron con esa intención y porque, mira, igual yo no ficho a las 8 de la mañana ni escribo reseñas en revistas científicas ni me he comprado un coche para llevar de vacaciones a la familia que no he formado pero tengo este blog. Ala.

Eso fue el otro día. Hoy he vuelto siendo autor del mismo blog, en el mismo autobús (casi lo pierdo, me he quedado dormido), escuchando la misma música por los auriculares y recorriendo los mismos verdes senderos pamploneses que te conducen a la Universidad. El otro día estaba vacía. Hoy estaba tomada por medio Japón, oye, qué barbaridad, esa ha sido la primera imagen, y luego un montón de gente más. Empezaba el curso. Me da pereza eso, y eso que no lo empiezo yo. Me he dirigido a quien debía dirigirme previa intromisión en una clase donde una profesora hablaba ante un auditorio muy atento. Glups, he dicho por dentro. Mi sentido de la orientación se anula ante instrucciones cuya complejidad vayan más allá de gire a la derecha y la primera puerta.

Puntos suspensivos.

La coordinadora del Programa Senior me ha recibido con mucha amabilidad y me ha ofrecido ir a la cafetería a charlar. La comunicación ha sido muy fluída aunque ella hablaba bajito y yo también pero el resto de la cafetería, llena de estudiantes que todavía no se habían desprendido del verano, no. Aún así nos hemos entendido a la primera y de primera. Lo segundo ha sido cuando me ha dicho: perdona, dijiste que tenés 40 años?

(ella es argentina)

Yo: sí.

Y ella con estupor: pero yo pensé que vos tenías no más 30!

Y yo: …

Y ella: pero tenés 30!

(y eso que no le he soltado mi rollo peterpanesco o peterpanoide)

Así que, en resumen, he salido de allí siendo profesor del Programa Senior teniendo diez años menos. A ver cómo casa eso, en el Senior siendo Junior, aunque me da igual porque he vuelto a atravesar el campus japonés y me he dirigido al autobús de vuelta tan contento. Había en el ambiente de la ciudad una humedad limeña, tropical, de culebrón. Nada norteño, vamos. Y es raro que ocurra eso en esas latitudes. Pero es lo que tiene septiembre, que entra indeciso siempre. Hay meses que no se imponen de golpe, sino que marcan su propio ritmo y poco a poco, pero poco a poco, modulan la luz y el termostato, cambian el escenario con sutileza y luego se marchan silenciosamente.

4 pensamientos en “Edades

  1. toni

    cómo me gusta esa imagen del estudiante que vuelve a la universidad para que le hagan una entrevista de trabajo, aunque sea para cuatro sesiones senior. me encantaría eso. casi puedo oler el campus, la hierba alrededor de las facultades, ese olor a humedad matutina, el ruido de la cafetería. gente que se encuentra y se desencuentra. cómo me gustaría estar ahí ahora (y no aquí enganchado al ordenador desde hace cinco días con la pata estirada y escayolada). qué bueno septiembre.

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