Notas

Más o menos, porque quedan los ajustes y los retoques, he terminado esta tarde la composición de un encargo alimenticio. Lo de encargo alimenticio no tiene un ánimo peyorativo sino que es el término justo que lo define. Ha costado por la larga inactividad en cuestiones de creatividad musical, por la propia escasez de creatividad musical… y por el texto. Cuando te encargan una obra con texto no sabes si lo que te viene es maleable o no. Esta vez ha caído una cosa dura como la piedra. Porque está en un idioma que desconozco y la traducción habla de cosas que inspiran poco, la verdad. Y porque las palabras son muy largas y muy incómodas de colocar en el pentagrama.

Una vez más, el proceso de confección del asunto ha sido de lo más caótico: los primeros compases de la obra están en la penúltima de las hojas que ha ocupado en el cuaderno. El final, al menos, está donde tiene que estar. Luego hay partes fragmentadas aquí y allá. Pero es que no sé ir en orden. No deja de sorprenderme que luego todo cobre sentido; de hecho, me resulta un misterio comprobar que todo parte de la exploración y elección de sonoridades movidas por algo incierto que, al final, cobran un sentido propio dentro del espacio que ocupa la obra. Como si el espacio musical que se va tejiendo hablara un idioma propio y ese mismo idioma fuera construyendo el espacio.

En fin (y nunca mejor dicho: en fin), que la cosa, salvo sustos de última hora al descubrir un acento que hay que desplazar deshaciendo la sonoridad del acorde en la que tanta intención se puso o una palabra que de pronto tiene una sílaba de más, ya puede considerarse en las últimas. Y aunque es una expresión que suele sonar mal, en este contexto es un alivio. Así que he dejado el lápiz y la corchea y me he asomado a twitter para preguntarle a Miguel Cane, mi oráculo fílmico vespertino y nocturno (e infalible), si “Salt” merecía la pena y me ha contestado que me gustará y que tiene un punto setentero que está muy bien.

Dicho y hecho, y antes de que nos venga esta ola de calor que nos están anunciando en plan apocalíptico, me he regalado una tarde en los multicines que están a las afueras de la ciudad. Un paseo, una entrada, una Pepsi y “Salt”. Y me lo he pasado en grande. Qué tía la Jolie. Jolín con la Jolie. Qué témpano de hielo, qué energía, qué peligro. Y tiene razón Miguel: el toque setentero de películas de espías de aquellos tiempos, con lo que me gustan. Y el ritmo, qué bien saben manejar los americanos el ritmo de la acción. Tanto que, de pronto, cuando me ponía cómodo en la butaca dispuesto a asistir con sumo placer la siguiente y prometedora secuencia de acción y sorpresa, el Directed By ha caído como una losa, y el Dolby ha puesto de su parte lo suyo para que la losa sonara a piedra dura, como duro es el texto de la composición que he terminado hoy. Y los cuatro gatos que estábamos en la sala nos hemos quedado como así: ???, como si en vez de en un cine estuviéramos delante de la tele y tuviéramos que esperar hasta la próxima semana para continuar con el capítulo. Y así nos hemos quedado, con el ???.

Trabajo fructífero (pesaba mucho lo de la obra de encargo) y distracción (de la que distrae de verdad). Así ha ido la tarde. Ojalá muchas así.

4 pensamientos en “Notas

  1. toni

    cuándo me alegro de volver a leerte, emejota. cuánto me alegro. y de saber que has vuelto a trabajar (algo que últimamente preocupa un millón por estos lares). y de que tu proceso creativo se vaya engrasando. me alegro. y de que me digas que la señorita Jolie tiene un punto setentero muy entretenido, porque esta tarde tengo que hundirme en la butaca frente a ella por culpa de una crítica alimenticia. y me tenía un poco mosca. mañana te lo cuento.
    (me alegro de verte)

  2. C.

    Pero yo preferí entrar en Origen. No he visto a la Jolie, pero no me arrepiento. Qué cosas se les ocurren a algunos, jo.

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