Duelo 28 junio, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios , trackbackAlgo se muere en el alma cuando un amigo se va y es verdad, claro, tampoco vamos a descubrir ahora la coplilla esta. Lo que vamos a descubrir es que hoy ha tocado vivirlo en propia carne, o en el tejido del que esté hecha (o deshecha) el alma. Tengo mis reservas, no obstante, porque creo que aunque la persona amiga se vaya, queda para siempre dentro, habiéndote dejado lo mejor de sÃ.
Me pone un nudo en la garganta escribir esa frase. Hoy ha sido un dÃa de nudos en la garganta y de lo que viene después. Incluso del descubrimiento de que el trago puede pasar (de ocurrir) y pasar (de transitar) con la compañÃa de una amiga en el silencio de una habitación, con el roce de su mano en tu mano, sintiendo en la ausencia de palabras un lleno de comunicación y de comprensión.
(Suenan unas notas dulces anunciando un sms que pide permiso para entrar desde un móvil que está por allà encima y el silencio de la estancia queda como conmovido, como yo, porque hay sonidos que mueven y conmueven)
Un poeta dijo que querer es también saber marcharse. Y pienso que eso es válido tanto para querer como para quererse. En ocasiones, para quererse uno mismo hay que saber marcharse. Entre quereres, asà en plural, algo tiene que quedar flotando, o brillando, o escociendo en alguna parte. Eso pensaba yo y lo sentÃa en el silencio de esta tarde cuando he sentido también, y asà lo he hecho saber a mi acompañante, que parecÃa como si se me hubiera muerto alguien. Y me ha impresionado mucho descubrir eso porque ha sido igual que cuando estás en un velatorio, sintiendo esa quemazón, esa rabia, esa derrota, viendo la pelÃcula de recuerdos, sintiéndote nada y nada más que no sean unas lágrimas. No hay que avergonzarse de llorar. Quien lo hace es un imbécil. Las lágrimas nunca son imbéciles. Son sinceras siempre que no sean de cocodrilo, anuncien la alegrÃa o el dolor más profundo.
Va la última frase prestada, que hoy ha sido dÃa duro y no conviene extenderse: las muertes de la amistad son muy dolorosas porque se convierten en un dolor sordo, pero siempre presente, por mucho tiempo que pase. Por eso uno se resiste, aunque comprenda que tiene que tomar finalmente una decisión para coger aire, para la persona amiga o para uno mismo: hay que ser generosos hasta el final y pensar que no sabemos lo que nos depara el calendario. Tal vez marcharse a tomar aire suponga encontrar nuevos caminos; tal vez hacerlo suponga ventilar la habitación de los afectos y las complicidades, saneando los pulmones para volver a ocupar la casa donde reside la amistad.
Esta noche es todo una incógnita confusa y cansada. Mañana dolerá un poco más y asà pasará hasta que el paso de los dÃas deje el eco de una estela asordinada. Qué misterioso es el paÃs de las lágrimas, decÃa el aviador en El Principito, frase que cogemos prestada como extra porque se supone que ya Ãbamos servidos con las anteriores. Pero es que es cierto. Qué misterioso que es. Como misteriosos son los abrazos reconfortantes y los silencios llenos de sentido.
Esta noche, después de la cena, mi madre ha mirado por la ventana de la cocina y ha preguntado en alto si mañana lloverá porque hay momentos en los que frases asà quieren decir otra cosa, muchas cosas, las que sean, y son necesarias, y alguien debe decirlas, llueva mañana o no, lo haga por fuera o por dentro, para que las cosas sepan que deben continuar su curso.
Escuece, sÃ.