Recuerdo 10 junio, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propiosHoy hace un año que se nos fue la abuela. La abuela que un dÃa entró en un post de este blog y se hizo un hueco, sin saberlo, de manera que a veces pienso que hay más de la abuela en los posts que protagonizó que en las fotos que de ella hay por casa. Allà aparece alguien que es igual a la abuela. AquÃ, sin embargo, es ella, con su voz, sus gestos, sus ironÃas veladas y desveladas, su sentimiento trágicómico de la existencia (que heredé yo por vÃa genética), sus afectos sobre Maldonado, el hombre del tiempo, mientras escuchaba los efectos del anticiclón de las Azores, su afán por apagar las luces de casa que no alumbraban a nadie, sus irrepetibles e inimitables rosquillas, sus historias sobre mil novecientos veintipoco, recordadas como si hubiera pasado poco. Todo eso. Y más.
Es un misterio el de la ausencia definitiva. Hay un instante que las formas al uso se encargan de privarnos, con las prisas de los médicos, la llamada a los familiares, la llamada a los del tanatorio, el papeleo, la organización, la esquela (la ilusión de la abuela, no lo olvidemos) y es ese instante en el que uno toma conciencia del significado absoluto de la ausencia. De repente, esa presencia que ha estado unida a toda tu existencia ya no está. Ni estará. Y en su lugar se agolpan un montón de recuerdos anudados a la garganta y un silencio de pasmo.
El dÃa que murió la abuela, mi madre comenzó a reproducir gestos, tonos y hábitos de ella inconscientemente. Lo advertà enseguida y las primeras veces me quedaba un instante con el tenedor en el aire por el asombro mientras ella, de espaldas a mÃ, repasaba la encimera con el paño. Supongo que hay un mecanismo natural que hace que pasen esas cosas, no sé. Y hoy, especialmente hoy, mi madre está siendo la abuela de una manera especial y algo triste. Pero eso también es normal y natural.
Yo me siento particularmente contento de llevar a la abuela aquà dentro además de dentro de mÃ. Tiro de archivo, releo los posts y la oigo hablar y moverse, y veo su casa y sus cosas, esas que dejaron de existir de pronto hace un año, cuando estábamos comiendo y sonó el teléfono. La comida se quedó sobre la mesa y mi hermano y yo nos abrazamos a mi madre.
Una vez, la abuela me contó un secreto.
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Ayer mismo -como tantas otras veces- sentà ese mismo abismo de la ausencia y del olvido que seremos -verso borgiano o no-, mientras rompÃa la carta que habÃa recibido mi padre para acudir a la revisión médica del carné de conducir. ¿Cómo es posible serlo todo para tanta gente y de repente no ser más que en los recuerdos o en los papeles, y luego ya solo en los recuerdos de segunda o de tercera mano, de nietos y bisnietos que no conocieron a quien una vez fue y dejó un recuerdo en alguien, y eso con suerte?
Tu abuela tiene mucha suerte de que tu le hayas permitido seguir habitando aquÃ, en este Norte.
ayer fue el funeral del padre de una gran amiga. fue un funeral bonito, aunque ningún funeral es bonito. mi amiga quiso hablar. hacedme un favor, nos dijo, cuando salgais de esta iglesia, contaos anécdotas de mi padre. todas las que se os ocurran. y hacedlo durante mucho tiempo. asà no habrá ausencias definitivas. ciertas personas nunca se mueren del todo, porque siempre nos contamos cosas sobre ellas. igual que la abuela que, gracias a tus posts, no sólo habita en este Norte tuyo en el que tenemos derecho a roce, sino que ha llegado hasta el otro lado del Mediterráneo. e ingluso aparece en alguna cena o en alguna conversación sobre las abuelas. aunque es mejor que los secretos se queden en la memoria. un abrazo.
(guarda ese secreto contigo, es un tesoro)
No siempre salgo de tu blog con una sonrisa, Emejota. Yo también sé lo qué es la ausencia.