Rosas

Mi hermano me ha puesto en la muñeca una pulsera Power-Balance.

Cómo te quedas.

Pues como abuelo al que le ponen el sonotone igual que a los críos se les pone el babero antes de merendar. Porque sí y sin rechistar. En realidad no me la ha puesto hoy sino que me la puso el jueves, creo. Lo hizo de repente, un sujetar la mano, un así, un asá y esposado con la pulserita. Y yo mirando, incrédulo. No hubo mucho margen de acción ni de reacción. Me dijo mi hermano que la llevara puesta hasta el domingo. Pero…, dije yo queriendo empezar a decir algo. Hasta el domingo, zanjó él. Ayer domingo no dijo nada. Yo tampoco, la verdad, pero porque ya no me acuerdo de que la llevo. No sé si eso querrá decir que de Balance nada de nada o que sí. Que yo sepa, el único efecto que noté fue un ligero sarpullido local en la piel debido a la gomita de la pulsera. Qué quieres, sensible que tiene uno la piel, como la de un bebé, igual. De hecho, no llevo ni reloj. Me molesta.

Estoy inmerso en una novela río que llamó mi atención en el escaparate de la librería. “El libro de los niños”, de A. S. Byatt. 1000 páginas con una letra tipo “se requiere lupa”. No soy mucho de novelas río ni de películas río hasta que un día vences la pereza al frío ese que te da al entrar en contacto con el agua y, zas, te zambulles. He leído por ahí que se trata de una “bella y gran novela fracasada” y no sé si me parece injusto porque todavía voy por la página 400, porque no veo otro fracaso que el del trasfondo de la historia. Pero eso va en el guión y no en el proceso con el que se tejen los hilos de una novela con tantos personajes.

Me gusta, 400 páginas después, esa progresiva desintegración de la Inglaterra Victoriana, con sus casas de campo rodeadas de frondosos bosques propios y gente, mucha gente, haciendo farolillos y disfraces para representar El Sueño de una Noche de Verano una noche de ídem. Me encanta ese mundo aunque poco a poco el colorido se impregne de hollín o del blanco y negro de principios del siglo siguiente hasta llegar a la I Guerra Mundial, fin del libro y de tantas cosas. Y me gusta (porque lo estoy viendo venir) que la disolución de ese escenario general curse parecida al de las personas, principalmente al de la pérdida de la inocencia de los niños al hacerse mayores a golpe y por lo que suele pasar en estos casos: a golpe de golpes. Sigo en ello, en ella, en la novela. A ver qué pasa.

El mundo. Dónde iremos a parar. He levantado la vista de la novela esta noche, hace un rato, cuando he visto al siempre moderado y tranquilizador Iñaki Gabilondo en su rincón de la tele hablando de miedo, mucho miedo, y temor, mucho temor, y que en un abrir y cerrar de ojos hemos pasado a asumir que las cosas, tal y como las conocemos, van a cambiar de manera irreversible. Al final de la época Victoriana pasó lo mismo, la diferencia es que aquello ahora lo lees como en grabación antigua y no te pilla. La vida en directo, sin embargo, es lo que tiene, que no sabes qué va a pasar en la siguiente página y siempre hay riesgo de que el guión se emborrone de repente.

Mis sobrinos han empezado la tarea de restauración artística de la fachada del frigorífico. Los dibujos allí expuestos van a ser reemplazados por otros poco a poco como actividad de verano. Allá donde unos imanes sujetaban hasta ahora escenas de princesas, pulpos, hombres de nieve, retratos de la abuela y de los tíos, hadas y alguna que otra incursión en la abstracción, en breve se colocarán otras estampas. La primera, según he podido ver hoy, consiste en un sol, una mariposa y un oso sentado en el suelo. El oso sonríe mirando a cámara. Haremos inauguración.

A veces me acuerdo de una frase de James Barrie que dice “Dios nos dio la memoria para que pudiéramos tener rosas en diciembre” y me emociono un poco.

5 pensamientos en “Rosas

  1. toni

    me encantan estos posts sobre un montón de cosas a la vez, que se entrelazan las unas con las otras. me dan la sensación de estar viendo el principio de una película a la que luego, tú o yo, le pondremos la siguiente secuencia. tú con palabras, yo con los ojos abiertos, sin mirar a ningún sitio.

  2. Lili

    Qué bonita frase la que escribes al final! Lo malo es que algunas veces la memoria no elige rosas.

  3. Rachel

    No será que tu hermano quería deshacerse de la dichosa pulserita porque le daba calor (pregúntale que a mi no me contesta).

    Yo tb quiero cambiar con los lápices de colores la puerta de un frigorífico. Diles a tus sobris que me invitena una de esas jornadas de decoración andaaaaaaaaaa

  4. emejota Autor

    Que no te contesta? Será que os habéis enfadado… :P

    Hay rosas con y sin espinas, Lili. Pero yo creo que Barrie se refiere precisamente a los buenos recuerdos a los que podemos recurrir cuando llegan las cosas mal dadas.

    Gracias, toni. Hay días en los que las cosas se enlazan y entrecruzan sin que destaque una en particular. O como si todas dieran sentido a un todo.

    Abrazos.

  5. Rachel

    O se ha enfadado o está de misión secreta de esas….. no sé yo.

    El caso es que te la ha endiñado y ahí sigues con ella. Ha hecho efecto? Has logrado contactar con la princesa Leia a través del holograma?

Deja un comentario: