Tiempo

Beautiful ThingAyer por la noche, en el restaurante chino, a la sombra del árbol de plástico, especie autóctona de todos los restaurantes chinos del mundo donde encuentra las condiciones óptimas para su crecimiento, Belén sonrió al recordar la noche aquella en la que proyectamos en casa “Beautiful Thing” y la sonrisa, franca, amplia, le duró dos segundos, nada, lo justo para darse cuenta de que habían pasado unos 12 años, uno arriba, uno abajo. Frente al arroz y bajo el árbol de plástico, últimamente nos pasan esas cosas. No es tanto el paso del tiempo sino la rapidez con la que pasa.

Ayer recordamos esa temporada en la que me dio por proponerles pases nocturnos de películas que cumplían una serie de características, a saber: las elegía yo, que para eso era el proyeccionista y programador; eran, a mi juicio, de visión obligatoria y, sin embargo, adolecían de cierta invisibilidad inexplicable. Y todas iluminaban un poco esa región de la que brotan las emociones. Por ejemplo?, se preguntará el lector. Pues por ejemplo “The Innocents”, de Jack Clayton, respondo yo presuroso porque la memoria permanece intacta aunque hayan pasado 12 años de aquellas veladas de viernes o sábado, según. Pues un día vino a tocar “Beautiful Thing”, porque pasó rauda e invisible por ahí injustamente, por las canciones de Mama Cass, por el arco iris, por Lea, por ellos, por la buena adaptación de un libreto teatral, por lo sencillo y porque al final, a Belén se le puso una sonrisa y dijo un ohhh de los que certifican que qué bonito y eso fue más que suficiente.

Ocurre que recuerdas a Lea despotricando en el verano de cemento de ese bloque de vecinos y el masaje con un aceite de hierbabuena que cura las heridas de la espalda al mismo tiempo que desliza las manos por la piel de la ternura, y descubres que todo eso sigue grabado en la memoria 12 años después y que, como ocurre con las canciones, el recuerdo de esas imágenes va asociado a una serie de vivencias propias de los que estábamos al otro lado de la pantalla y que terminan por hacer unos segundos de silencio, cada uno mirando su plato de arroz mientras el tenedor parece ponerse a contar los trocitos de zanahoria. Eso pasó ayer, y da un poco de cosa pero es bonito también.

Ayer fui a cenar con Belén al chino y mira la de veces que repetimos la operación que hasta el chino o la china, según toque, ya ni nos pregunta qué queremos y ocupa ese tiempo en saludarnos con la cercanía de los de casa. Pero ayer fue como cuando en Beautiful Thing aparece el arco iris o suena una de esas increíbles canciones felices de Mama Cass. Todo está bien, hay un espacio de bienestar tranquilo y flotante o entre paréntesis entre la rutina de las cosas. Lea vendrá de after hours tambaleante y nosotros nos iremos cada uno a nuestra casa prometiendo una nueva cena, tal vez en la terraza de casa porque ya llega el buen tiempo y porque quizá sea hora de volver a entrar en Beautiful Thing un rato con la sonrisa puesta. Hay películas para recordar y recordarnos. Como algunas canciones, igual.

2 pensamientos en “Tiempo

  1. toni

    dioses, Beautiful thing, sí que hace años, sí. la vi en el desaparecido cine ABC, uno de esos lugares que, inexplicablemente, se transformó de cine erótico gay a cine invisible. un curioso cambio. esa, Delicatessen, Un lugar en el mundo, Léolo, Au revoir les enfants… Beautiful thing. oh (sonrisa de las que certifican qué bonito. el post y la película). gracias de nuevo, Mariano.

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