Sombras

J.M. BarrieLa historia empieza así: hay dos hermanos, James y David Barrie. El primero es poquita cosa, tiene un cuerpo pequeño, cara de luna, no destaca en los estudios, no destaca en los deportes, es retraído y su salud se resiente con frecuencia. David es otra cosa: atractivo, brillante en los estudios, brillante en los deportes e ingenioso en la conversación. Ojo derecho de su madre, “el favorito”, como lo describe James, según podemos leer, en sus diarios, es una de esas personas que no pueden pasar desapercibidas.

Un día de invierno David sale con su trineo a jugar con la nieve. Regresa un par de horas después en brazos de un obrero, con el cuello roto. Muerto.

Hay un antes y un después en la vida de la madre de los hermanos Barrie. Hay un antes y un después en la vida de James Barrie porque se da cuenta de que además de haber perdido a su hermano también ha perdido a su madre. Una tarde de domingo, larga y aburrida, ocurre una cosa que marcará su existencia. La casa está en silencio y la madre, como de costumbre, está encerrada a oscuras en su dormitorio, fuera del mundo. El pequeño James quiere llamar su atención, quiere recordar a su madre que es madre suya también así que no duda en ponerse el traje de los domingos de su hermano muerto y con él se dirige al dormitorio, abre la puerta, y con el corazón a punto de estallarle en el pecho silba la canción que su hermano silbaba cada vez que volvía del colegio. James Barrie recordó toda su vida la agitación que se produjo en la oscuridad profunda de la habitación, el sonido de las sábanas y del cuerpo de su madre incorporándose rápidamente, los pasos apresurados y el violento abrazo. “¿Eres tú?”. Barrie siente que ese abrazo se debilita inmediatamente hasta extinguirse y la voz de su madre, súbitamente desencantada, dice con un hilo de voz mientras regresa a la cama: “Vete”. Cuando Barrie sale de esa habitación comprende, por primera vez, algo fundamental: los muertos no envejecen, siempre permanecen intactos en el recuerdo de los vivos. La consigna es clara: no crecer.

Ahí queda sembrada la semilla del mito que vendrá después, entrando en la habitación confortable, celoso del calor materno, persiguiendo a su mitad escindida, su sombra, reminiscencia quizá de aquella mitad suya que murió para siempre primero sobre un trineo, y en el transcurso de un abrazo, un domingo por la tarde, después.

Hoy hace 150 años que nació James Matthew Barrie. Escribió que “todos los niños crecen, excepto uno”. Y sabía lo que decía.

8 pensamientos en “Sombras

  1. C.

    Conmueve el qué del relato, pero también el cómo. Yo también admiro tu manera de contar (entre otras cosas).

  2. Victoria

    Me quedo en la mirada acuosa de ese retrato. Llegan las lágrimas, y la tristeza suspendida en el horizonte infinito. Más allá, al otro lado, hay un abrazo roto.

  3. Marina's mom

    Caray… de lo que se entera una por aquí. Mi abuelo también nació ese día… Y el dire, también… (igual no lo sabías eme…) Saludicos (hacía tiempo que no pasaba por aquí, pero el tema merecía una paradita)

  4. bELÉN

    nunca he entendido que una madre pueda tener un favorito entre sus hijos e hijas… me parece tan… cruel. Mis hijas son tan especiales para mi, tan queridas, que sería incapaz de preferir a una sobre la otra, las dos han salido de mi, a las dos les he dado el mismo pecho y los mismos cuidados, a las dos les he cantado las mismas canciones en mi regazo…¡cuántos adultos hay que arrastran durante toda su vida esos favoritismos y esos menosprecios!!! qué triste!!!

  5. Marina's mom

    Pues sí… yo tampoco podría escoger entre mis niñas… cada una es especial a su manera y no podría pasar sin ellas. Perder a un hijo es un trago amargo y duro, pero hay que pensar también en el otro que se queda y que necesita una madre… Ella perdió a un hijo, sí, pero también se perdió lo que el otro le podía aportar, no dio ni dio oportunidad. Estas cosas pasan… y no sólo con las madres, también con los padres. Pero vete a saber… Mi abuelo, por ejemplo, no tenía un favorito en ese plan, pero tenía a uno de mis tíos un tanto diríamos “atravesado”, siempre peleando, discutiendo, rivalizando a ver quién podía más… Pues oh, sorpresa… al final de su vida de la forma más tonta y casual, descubrimos que en el fondo, era el hijo al que más había querido. En fin, qué compleja es la naturaleza humana…

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