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Album 2 mayo, 2010

Escrito por emejota en : Album , 4 comentarios , trackback

La vecina en una película de Tim Burton.

(a.k.a “Goyesca gótica: coloquio en la reja”)

Madres 2 mayo, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios , trackback

Desde hace unas semanas, mi madre hace montoncitos de migas de pan y las coloca en la terraza. Desde el sofá, ya esté leyendo, haciendo un Sudoku con la Nintendo DS o echando una cabezada, da un respingo cada vez que se escucha piar a un pájaro que da cuenta del festín y se pone tan contenta. Al final yo creo que las madres llegan a eso: a dar de comer a los pájaros o de merendar a los nietos y creo que es un mecanismo que pone en marcha la naturaleza para que no vean que en el espectáculo de las cosas ya no forman parte de la cabecera del cartel.

Hoy había tres pájaros en la terraza (“tres bellos pájaros del paraíso”) y mi madre ha levantado la vista de la Nintendo para ver y escuchar, con una sonrisa, a un niño que en el informativo de la tele salía haciendo un dibujo para el día de la madre y leía con cadencia de primero de básica que le regalaría la luna. Mi madre sonreía a la pantalla con el puntero de la consola en alto y yo pensaba, mientras miraba a la terraza, si cuatro migas pueden ser capaces de convertir la casa un día en una secuencia de “Los Pájaros”.

Ese crío que daría la luna por su madre dentro de unos años la dará por quitársela de encima un rato. Mientras tanto, el dibujo reposará en el fondo de algún cajón. Esas conservaciones en los fondos de los museos maternos me llaman muchísimo la atención. Es como si guardaran el recuerdo de un hijo difunto y en cierta manera así es: la adolescencia llega para entablar un encarnizado combate con las madres. Primero las provoca, las saca de quicio, y lo hace con la risa descarada de quien se sabe seguro vencedor. Luego las deja convalecientes y, mucho tiempo después, terminan poniendo migas a los pájaros en la terraza. El gran damnificado de la adolescencia, sin embargo, son los propios adolescentes. La adolescencia es ese tiempo pesadillesco que termina por cambiar inevitablemente a las personas, casi siempre para peor (un simple vistazo al mundo de los adultos así lo confirma). Las despoja de esa inocencia primordial de la infancia (inocencia ingenua, egoísta, pero desprovista de máscara) para revestirlas definitivamente de todo lo que hace de este mundo lo que es, sigue aquí una lista infinita de adjetivos que ya nos conocemos de sobra.

De la entrepierna sale entonces el anestésico para poder soportar el duro trance. Los adolescentes se ponen a follar lo que se les pone por delante y las madres terminan por poner montoncitos de migas a los pájaros un par de veces al día mientras un dibujo, en el fondo de un cajón, recuerda los tiempos en los que uno daba la luna por quien ponía orden, refugio y sosiego en el universo. Pero dice el libro de instrucciones que así tiene que ser para que la función se renueve indefinidamente generación tras generación.