Memorial 29 abril, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios , trackbackPara Adrián, dos años después.
“…Creo que para su evasión aprovechó la migración de una bandada de pájaros silvestres…”
Antoine de Saint-Exupéry, “El Principito”
Mago 29 abril, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Cine , 1 comentario , trackback
Hoy hace 30 años que murió Alfred Hitchcock y ese dÃa, aunque yo tenÃa 10 años y llevaba varias jornadas completando con mis compañeros de clase un mural en cartulina blanca para alguna sandez obligatoria, la noticia no me pasó desapercibida. Ahora que lo pienso me parece algo raro que un niño de 10 años atienda en la tele la noticia de la muerte de Alfred Hitchcock con un interés y hasta con un sentimiento más propio de adulto pero sobre todo fue la curiosidad que me suscitaba el personaje la responsable de todo. Ahà es donde mi memoria tiene una laguna de niebla. No sé si la curiosidad venÃa por cierto conocimiento previo o fue esa curiosidad la que me llevó, pronto, a conocerlo.
Avanzando en la trama, tendrÃa que situarme en mi adolescencia, con 15 o 16 años, para recordar uno de los momentos más felices de una adolescencia que también fue algo rara, o mucho. Para empezar fue una adolescencia convaleciente. Como no hay mal que por bien no venga, un dÃa cayó en mis manos curiosas el tocho de Donald Spoto “Hitchcock, la cara oculta del genio” al mismo tiempo que el betamax del vecino cinéfilo del cuarto, un señor al que le resultaban muy curiosas mis curiosidades y no ponÃa inconveniente en darles de comer, me sirvió en bandeja los films de la etapa británica que la tele estaba pasando después de cenar. El videoclub se encargó de facilitarme, por 24 o 48 horas, a elegir, la etapa de la Universal. Y como no hay dos sin tres ni tres sin cuatro, un libro de bolsillo llamó mi atención, de casualidad (ay, inocencia), en una librerÃa: eran las conversaciones que Truffaut habÃa mantenido con Hitchcock. El libro sobre cine más maravilloso y más vivo que seguramente se ha escrito.
Total: festival Hitchcock por orden (casi) cronológico.
Si tienes ante tà un otoño y un invierno de convalecencia forzosa en una edad difÃcil puedes hacer dos cosas: o pasar el tiempo mirando por la ventana sintiéndote una mierda o descubrir a Hitchcock fotograma a fotograma con los mejores guÃas: Spoto para poner el marco, el vÃdeo para poner la pelÃcula y Truffaut para, en el coloquio posterior, hacerle a Hitchcock las preguntas obligatorias y brillantes que ponÃan el dedo en la llaga. El mando a distancia se encargaba de rebobinar las secuencias que el director aconsejaba revisar con un fÃjese aquÃ, observe que y demás que me llevaron a pensar que Hitchcock, a pesar del perfil que se trazaba de él, y no hablo precisamente del perfil que él mismo se dibujó en una servilleta de papel, disfrutó hablando con el entusiasta y perseverante Truffaut.
Disfruté yo también mucho, sÃ, muchÃsimo. Y aprendà otro tanto. Aprendà que lo de este hombre era, fundamentalmente, una facilidad para contar historias digna de un encantador de serpientes. Lo aprendà como mero espectador primero y, más tarde, estudiando detalles que se reproducÃan aquà y allá formando un estilo reconocible. Sólo alguien dotado de esa facilidad para contar una historia en imágenes podÃa hacer una breve pelÃcula dentro de una pelÃcula con la mera narración de la música (la escena del atentado en el Albert Hall de Londres en “El hombre que sabÃa demasiado”) o hacer lo mismo sin ni siquiera música y conseguir de paso y rizando el rizo, hacer creÃble que una avioneta fumigue a un Cary Grant de traje (“Con la muerte en los talones”)
Lo de Hitchcock me enseñó la minuciosidad y el arte en la planificación, en el dibujo literal, previo al rodaje, de cada plano, siempre desde el ángulo mejor. Se comprende asà el presunto desinterés de este hombre por el rodaje en sÃ, que seguramente no fue tanto, pero sà debió resultar menos apasionante: el reto ya estaba conseguido antes, en el cuaderno.
Entre tÃtulo y tÃtulo, desde aquella alucinante “Alarma en el expreso” hasta “Vértigo”, por citar las dos primeras que me vienen a la cabeza, comprendà que lo de Hitchcock era una facilidad tal que a menudo ocurrÃa que lo que te habÃa parecido una virguerÃa técnica (comienzo de “Psicosis”, por poner un ejemplo) luego, en un posterior visionado, privado ya del factor novedad, se revelaba como algo resuelto de una manera desconcertante, entre casera y de aquellas maneras. Pero no pasaba nada entonces y sigue sin pasar ahora: tal era la fuerza narradora de este contador de historias que nos colaba todo y como si nada.
Siempre nos dijeron que este señor era muy raro y oscuro. A mi siempre me pareció que fue un acomplejado, un ser atenazado por a saber qué miedos, frágil, necesitado de armaduras y hasta de armas punzantes para salir indemne del combate. Y luego estaba Alma, que siempre me intrigó mucho. Pero un huevo, vamos. Pero eso es otro aniversario.
Señal 29 abril, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentario , trackbackMarcamos este dÃa con una piedra blanca. Porque hay dÃas en los que suceden cosas buenas que quedarán intactas en la memoria cuando un dÃa revisemos con afecto las hojas de este cuaderno de bitácora.