Provisión

Una cosa llevó a la otra y un dolor aquí y un malestar en forma de nube gris en el pecho me llevó al frigorífico. A picar algo? No. A descubrir que en la parte derecha de la bandeja en la que reposan en frío las cajitas del elixir, no había ninguna.

Despiste.

También me despisté este invierno y entre jeringazo y jeringazo olvidé (con lo que soy yo para las fechas redondas) que se cumplían 10 años desde que me re-estrené gracias a la primera inyección de la primera cajita de la primera versión (1.0) de lo que en este lugar denominé “elixir”. Mejor eso que anticuerpo monoclonal humano con el apéndice técnico Factor Necrosis Tumoral (TNF). Que luego llegara el tren de los efectos adversos y diversos no venía en el guión (tampoco en el primer prospecto, las cosas como son). Lo del elixir, que va por la versión 2.0, no lo olvidemos, fue una cosa de menos a más y de más a menos. De menos efectos adversos a más y de más a menos mal, mi mal. Y menos mal. Varios han sido los médicos que han defendido últimamente la tesis de que sin elixir, yo ya no estaría aquí. Uno de ellos, no obstante, desertó de las filas y dijo que la evidencia de los estudios científicos, según pasaba el tiempo, apuntaba a que el elixir era como jugar a la ruleta rusa, con la salvedad de que gente como yo o juega a la ruleta rusa o ya no juega a nada.

Reconduzcamos.

Estaba en la cocina. Con el frigorífico abierto. Reparando en el hueco vacío y contando con los dedos los días que faltaban para la siguiente dosis siendo consciente de que de un tiempo a esta parte, si por necesidad fuera, la apetencia del cuerpo requeriría un intervalo temporal más reducido. Dicho de otro modo, que o el elixir hace menos (que lo hace) o el frigorífico no enfría lo suficiente estas minúsculas y misteriosísimas inyecciones que vienen de la farmacia del hospital con muchos cuños y ninguna coña. Y estaba en la cocina por lo de la nube en el pecho y el dolorcillo allá y porque retomé el discurso abrumadoramente lúcido de la portera y la niña de Muriel Barbery, que en su día me obligó a abandonarlas en los albores de la página 100 justamente por eso, por su lucidez casi aterradora, y me encontré masticando esos pensamientos suyos, que son igual que los míos con la salvedad que los de ellas están puestos en un orden memorable y los míos revolotean inquietos en la azotea de mi mente, plantado ante el vacío del estante de la nevera que parecía tener algo de simbólico.

No me pregunté más pero aproveché la visita a la cocina para untar una rebanada de pan de molde con Nocilla. Mañana hay que recoger provisiones de cajitas de elixir en el hospital. A media semana le tocará el turno a un bote de Nocilla en la tienda de abajo. Y así vamos pasando la vida, tan callando y tal.

5 pensamientos en “Provisión

  1. C.

    …cuán presto se va el placer de la Nocilla, y cómo después de acordado da dolor (por lo menos a mí, que no quepo ya en casi nada). La Nocilla alivia muchos temporalemente muchos males, sí. Pero ponte el elixir!!!!
    Abrazos

  2. Asthar

    Si la nocilla es de dos sabores (negra y blanca), seguramente el estímulo causado en el cuerpo haya sido mejor que el producido por el elixir 2.0.

    Nocilla bicolor…… UUuummmmmmmmmmmmm

  3. C.

    Joé, qué cosas acabas escribiendo si te interrumpen un comentario, aunque sea micro. Perdón (pero me se ha entendido, no?)

  4. emejota Autor

    Tras una improvisación hay determinación y energía. Muchos recuerdos a todos, Ppa.

    Ya está puesto, C. Y entendido todo.

    (A la nocilla de dos sabores como que no le pillo el punto, Asthar…)

    Abrazos

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