Culpa

El buen ladrónHay libros que son una agradable sorpresa por sí mismos y que, además, traen consigo algún personaje inolvidable. Tal es el caso aquí de un personaje secundario que, sin pretenderlo, roba momentáneamente el protagonismo en este libro sobre robos, culpas y disculpas, para quedarse con el favor del lector. Es la señora Sands. La señora Sands abre la puerta de su pensión en la página 119 de la edición española de este libro, “El buen ladrón”, y aparece severa ella, delgada, mayor, la línea de los labios muy fina, malhumorada, disciplinada, hablando ASÍ y no así, y diciendo cosas como DIOS ESTÁ DEMASIADO OCUPADO PARA ANDAR POR AHÍ CASTIGANDO CHIQUILLOS porque está un poco sorda, es muy generala y por eso habla en mayúsculas.

Habla en mayúsculas en general y en esta última frase en particular porque tiene razón, ella que lo dice todo tan tiesa y tan recta, la espalda y la moral, disimulando un corazón que sospechamos que está herido y que es blando y cálido. Dios está demasiado ocupado para andar por ahí castigando chiquillos, eso dice la señora Sands mientras golpea la masa de harina que da gusto verla en un día lluvioso en un lugar de la américa profunda del siglo XIX. Lo dice porque Ren, el chiquillo protagonista de este libro, ha perdido una mano en un accidente que no puede recordar porque viene de cuando uno no tiene memoria ni palabras para expresar las cosas, y allí Dios desde luego no pintó nada porque ni hizo ni deshizo la calamidad.

El castigo, el remordimiento, la culpa y el pecado están muy presentes en la mente y las acciones de este chiquillo manco que ha pasado toda su vida de doce años en el sombrío orfanato de Saint Anthony donde los chicos rezan rosarios y leen los milagros de San Antonio. A Ren, que un día saldrá de allí reclamado por un familiar y no precisamente para ser llevado a un hogar confortable sino para embarcarse en una odisea truculenta, le pesa la culpa en esa nueva vida suya en la que tiene que robar y ver robar y rodearse de ladrones que excavan tumbas en la noche de los cementerios para sacar a los muertos los anillos y las dentaduras de oro. La señora Sands no es tonta y sabemos que cuando lo sacude en realidad lo achucha, hay mimos fugaces, pero eso no quita para que vaya pasando lo que tiene que pasar en este libro de aventuras tan estimable, ópera prima de Hannah Tinti.

A este libro lo que le hace un flaco favor es la fajita promocional, que reclama (mal) la atención del potencial comprador hablando de una historia “a lo Harry Potter” en un mundo “a lo Tim Burton”. Ni atisbos de lo uno ni falta que hace de lo otro. Empieza a haber críticos literarios que parecen desconocer el espíritu aventurero clásico, el del folletín decimonónico, el de las peripecias y los peligros, la acción, el de las hazañas y las oscuridades de la miseria social de un mundo en el que empiezan a abrir fábricas de hierro y proliferan callejuelas de casuchas de mala muerte donde se hacinan las criaturas entre el barro y unos padres de taberna.

En “El buen ladrón” hay conventos y tabernas, padrenuestros y blasfemias, cementerios, barro, noches sin luna, angustias, peligros, chimeneas por las que se trepa, despensas arrasadas, una chica con labio leporino y un chico sin mano, un gigante y un enano, y así una lista de ingredientes que todavía es más larga y que, bien cocinados, dan una aventura de las de leer bien arrebujados en el sofá, al amparo del frío y de la lluvia que cae dentro, en muchas de sus páginas.

9 pensamientos en “Culpa

  1. Jesús Zulaika

    Emejota es un buen reseñador: lo acabo de descubrir hoy. He leído unas cuantas reseñas suyas (amén de la de El buen ladrón), a modo de cata, y me han parecido excelentes.
    Qué lástima que no se le ocurra NUNCA mencionar al traductor (salvo en una ocasión, y con una especie de lítote que es casi perversa: «…que el traductor ha convertido en ‘zoquete’…»). Qué poca piedad, señor, señor…
    Emejota no parece concederle especial importancia a la labor de traducción. Lo cual denota una inexplicable ceguera literaria, o cuando menos alguna carencia en el ámbito de la sensibilidad.
    Jesús Zulaika, traductor de El buen ladrón.

  2. emejota Autor

    Hola Jesús,

    tienes y no tienes razón, lo que no quita para que asuma tu crítica.

    Emejota se desenvuelve en un mundo en el que el traductor de los signos que el autor ha dejado en un papel pautado es fundamental. Hablo del intérprete musical. El traslado de esta función al ámbito de lo literario no me pasa desapercibido, y así lo demuestra este blog (te invito a seguir leyendo resñeas del archivo) y no sólo en la casi perversa apreciación que anotas. El trabajo de Pilar del Río, Juan Manuel Salmerón o de Lourdes Porta son ejemplos visibles que dejan en la trastienda los email que algunos compañeros tuyos han recibido como felicitación.

    Así que, ciertamente, concedo una importancia y un valor inestimable al esfuerzo de la buena traducción (la que no se limita a trasladar en lenguaje castellano el original sino que adapta en lo posible su ritmo y su musicalidad), aunque no discuto las posibles carencias en las dioptrías de mi sensibilidad.

    Un honor, en cualquier caso, y dicho con la más absoluta sinceridad, recibir la visita de alguien cuyo nombre, en el portal de los libros, ha hecho posible que acceda a tantas cosas.

    Un abrazo.

  3. Jesús Zulaika

    Tus palabras te honran. Dicen de ti que no eres soberbio, y eso es fantástico -y bastante insólito, por cierto-. Y que eres sensible. Tu “propósito de la enmienda” -en la medida en que creas que mi queja es justa- basta para amainar mi enojo vindicador de ayer, y me llena de alegría, la verdad, porque pienso que completará la perspectiva y el tono generalmente acertados de tus juicios.

    Ahora voy a permitirme afirmar algo que no está al alcance de la comprensión de muchos legos: la traducción genera obras en gran medida nuevas, y sus fiascos o aciertos determinan banalidad o sentido, indiferencia o gozo, fealdad o belleza, porque no hay dos traducciones iguales, ni siquiera parecidas, y depende de cada pluma traductora el que se obre esa suerte de prodigio de que las historias, vidas y almas en otras lenguas las leamos en las nuestras, casi intocadas.

    Ha sido una escaramuza muy grata. (Y gracias por ese elogio final a mi labor, emejota; no sabes cuánto anima.)

    Sigue así. Yo seguiré leyéndote.

    Un abrazo.

  4. C.

    Glups, yo que iba a decir que tal vez esperara a hacerme con la versión original… :)

    Que conste que la labor del buen traductor me resulta admirable (hubo un tiempo ya lejano en que pensé que ése podría ser mi camino). Hay versiones gloriosas en que uno recorre toda la obra sin haber percibido que se encuentra ante una traducción, en que no hay nada que chirríe o, incluso en que se dan momentos en que hay que detenerse a pensar, con admiración absoluta, qué habría en la lengua original tras esa frase o ese párrafo que en la traducción hemos paladeado redonda.

    Yo también debo mucho a los traductores, cómo no (gracias, Jesús Zulaika, y gracias a muchos otros -por distintas cosas: por descubrirnos un autor, por hacernos disfrutar de una trama, de un marco, de un personaje, del estilo y la forma -qué difícil-…o de todo ello). Gracias también a emejota por cribar las librerías y, simplemente, por escribir.

  5. C.

    Oye, majo, que entre tanto han caído muchos otros, y el librito no me llegó en V.O. hasta octubre :P
    Ya sabes que a veces remoloneo, pero suelo cumplir…

  6. A.

    Estoy a punto de terminarlo. Sólo me quedan 20 páginas y, me da una penita acabarlo!!!! Siempre me pasa igual cuando un libro me “coge”. (Qué precioso me parece Ren. Me parece un chavalito tan bonito!!!!)

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