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Alicia 21 abril, 2010

Escrito por emejota en : Cine

AliciaEsta Alicia reitera a lo largo de gran parte del metraje de su película que no es “esa” Alicia. Y tiene razón. No importa que la acción transcurra unos 10 años después de la primera incursión en el País de las Maravillas una tarde dorada. Para ser Alicia no basta con ponerse el disfraz y asignarse el nombre. Alicia es la generadora de un mundo cuyo sin-sentido tiene pleno sentido porque está al cuidado de la lógica abrumadoramente brillante, ilimitada y disparatada de Carroll. Aquí no. Hay alusiones a esa jerga de palabras imposibles que Carroll siembra en sus poemas pero están sin cocer, sin coser y sin aire. Sospecho que el doblaje tampoco ayuda. No es esta la Alicia que un día fue pero tampoco el País de las Maravillas lo es. Lo que visitamos al volver a caer por la madriguera tras un conejo blanco que ya no usa reloj es más un revival vistoso, eso sí, que enumera y utiliza tópicos mil veces vistos: el gag ocasional sobre la cita célebre, la fusión de elementos del material original, las frases inofensivas dejadas caer una, dos y tres veces para que al final de la película reaparezcan con un sentido de rúbrica de algo, la enésima utilización de un entorno arrasado, marchito y apocalíptico en espera del salvador/a que le devuelva los colores y la triste aparición del, llamémosle así, “elemento Transformers”: el aparatoso y barroco bicharraco digital que podría habitar la selva de King Kong o el Pandora de Avatar y, de hecho, seguro que sale del mismo software a golpe de clic clic por el mismo dedo.

Este País de las Maravillas tiene mucho del territorio que Terry Gilliam creó para su fantasía de los hermanos Grimm. Mucho préstamo hay aquí. Disney ha creado una Alicia nueva teniendo en las estanterías la mejor Alicia posible: la de animación de 1950 que, siendo su mayor fracaso comercial, sigue siendo maravillosa porque resuelve muy bien muchos de los problemas que plantea adaptar la fantasía de Carroll: la falta de contornos, cielos y horas del escenario de Carroll se traduce allí en abstracción; el necesario aligeramiento de la profusa carga verbal de acertijos y dobles, triples y cuádruples (sin)sentidos de Carroll deja intacta, sin embargo, la mala leche, el carácter inquietante de la locura, el humor con aguijón.

Aquí no pasa eso.

Lo mejor de esta Alicia que es mezcla de muchas cosas sin ser ninguna de ellas Alicia es ese Sombrerero Loco tras el cual parece estar Johnny Deep. Al principio su pinta espanta, temeroso el espectador de asistir a un festival histriónico y hortera, pero finalmente se revela como la aportación potente y genuina del toque burtoniano a esta película tan poco burtoniana: su personaje es trágico y melancólico, como un clown cuya mueca cansada parece emerger de un viejo daguerrotipo.

La posterior adición del 3D hace que algunos planos brillen pero eclipsa otros e invita a quitarse un rato las gafas. Disney ya hizo una ensalada similar con “Oz”, allá por los ochenta: un Oz ajado a la espera del retorno de su Dorothy y bla bla blá. La diferencia es que le salió una cosa tan oscura, inquetante y atractiva que quedó en las estanterías donde se aparcan los productos malditos. Hay cosas incomprensibles.

Se pasa buen rato, de todas formas, con esta Alicia que no es esa Alicia, aunque se esfuerce en demostrar su “muchedad” y hasta se enfunde una armadura medieval y empuñe una espada. Una cosa rara, entre Mordor y la Bella Durmiente, Shreck y alguna cosa más. En qué se diferencia un cuervo de un escritorio?, pregunta el Sombrerero. No tengo ni idea, se responde a sí mismo. Eso Carroll lo colocaría en su compás y lo sazonaría con el ritmo adecuado y funcionaría. Aquí ponemos el oído,  nos encogemos de hombros y nos sale decir por dentro: pues vale.

Todo muy virtuoso, muy bonito, pero sin pulpa. Una vez más.

Comentarios»

1. Ferre - 22 abril, 2010

Pues que bien. No es que esperara mucho de Tim Burton y tampoco de esta “continuación” de las aventuras de Alicia, pero pensaba que cuando se estrenara me apetecería ir a verla, que me haría alguna ilusión acercarme al cine. Pero no, la idea de volver al País de las Maravillas años después para salvarlo de la dictadura me da pereza, mucha pereza, y además veo que mucha gente coincide en lo de espectáculo vistoso sin nada más.

Por cierto, hace unos días me acerque a la FNAC a comprar la versión de 1951 (que será todo lo edulcorada que quieran decir por ahí, pero estoy de acuerdo contigo que es maravillosa) y allí la dejé, en el expositor: edición 1 DVD por 19 €, mientras que en Amazon la de 2 DVDs cuesta 18 $ (= 13,43 €). Luego dicen que los DVDs no se compran (yo añado: aquí).

Saludos,

Ferre

PD: Hay todavía otra Alicia… que no es una Alicia… o sí… que me ha dado una agradable sorpresa. La describo (bueno, lo intento) en este post (disculpa la autopublicidad).

2. emejota - 23 abril, 2010

Publicidad disculpada, faltaría más. Tiene buena pinta esa Alicia que no es una Alicia o sí.

(Veo que no sólo coincidimos en la Alicia del 51 sino que también en lo de la R1. Demasiadas coincidencias para un post, Ferre)

Un abrazo