Archivo por días: 18 abril, 2010

Zas

Pertenezco a esa clase de personas que cuando son atacadas por la espalda en el sentido figurado, se asustan en lugar de indignarse (o por lo menos me asusto y luego, si eso, me pongo negro). No es muy normal eso. Lo normal es que te asustes cuando te atacan por la espalda en un sentido literal, sobre todo cuando no oyes venir al atacante. A mí, la verdad, es que quitando los sustos del tipo a que no sabes quién soy y demás creo que nunca me han atacado literalmente por la espalda. Creo no: lo sé. Sin embargo, el sentido figurado se ceba a mi espalda con periódica frecuencia y me asusto.

Como hoy, por ejemplo.

Qué hago entonces. Pues nada, me quedo sobrecogido, me entra un calor que sube de las orejas hacia la cabeza, se me ponen las manos frías, tengo mucha sed y se me va el apetito. Pero por encima de todas las cosas, me entra mucha pena, como si el daño se lo hubieran hecho a otro y yo, presenciando la escena desde una ventanilla, no hubiera podido hacer nada por auxiliar.

Sí, eso es lo que me pasa. Luego se pasa, de acuerdo, pero deja una cicatriz que, con los años, va dibujando un mapa en la piel donde se llevan estas cosas. Hay quien llama a ese lugar corazón, alma, huevos, muchos nombres que, sospecho, la mayoría son sinónimos. Hay a quien le duelen las cosas en el alma y hay a quien le duelen los cojones (igualmente de manera literal o figurada).