Cena

Ren imaginó la cena que le esperaría a William aquella noche. La mujer del granjero sacaría la vajilla buena, si es que la tenían. Sí, decidió Ren: tenían una vajilla buena. Platos de porcelana blanca. Y también habría un pequeño cuenco con flores silvestres: capullos de color rosa y azul, y pequeños ranúnculos amarillos. Habría pan, aún caliente, cortado en rebanadas, en una cestita, cubierto con una servilleta. Habría algún tipo de estofado, caliente y lleno de carne sazonada con hierbas, tierna y suave y fácil de masticar. Y una montaña de patatas. Y maíz desgranado de las mazorcas. Y vasos de leche fresca. Y, enfriándose en el alféizar de la ventana de la cocina, justo detrás de la mujer del granjero, que estaría de pie en el hueco de la puerta esperando la llegada de la carreta de su marido, habría una tarta de moras. Para los tres.”

Hannah Tinti, “El buen ladrón”

Quizá, un descubrimiento.

4 pensamientos en “Cena

  1. C.

    No sé, pero me parece que para sentarse a esa mesa hay que cruzar un océano y hasta el tiempo.
    Este me va a gustar, ¿a que sí?

  2. emejota Autor

    se puede, toni; se debe, incluso. Editorial Anagrama, esa es la dirección (no es imprescindible ser un buen ladrón, ni siquiera ladrón a secas. Pero serlo bajo determinadas circunstancias hace que esa cena resulte más apetecible en la imaginación)

    Creo que sí, C. Estoy en ello todavía pero este es de los que sí :)

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