Nocturno 30 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosSentarán mal las fresas por la noche?
Es que me acabo de comer unas cuantas y son las tres y media de la madrugada. Un experto en la cosa de la nutrición dijo un día por la tele que las fresas son alergizantes. Las mías son con nata. Las de hace un rato no pero por lo general son con nata, feliz combinación la de las fresas con nata.
(Hay unos ruídos)
Desde hace unas noches, en el vecindario. No son de esa clase de sonidos que uno espera de los vecinos de madrugada, no. Es el sonido de un taladro. A quién se le ocurre taladrar unas paredes a estas horas y durante varias noches? Nadie comenta nada durante el día en el portal ni en el ascensor. Todavía la vecina de arriba me llama José cuando nos cruzamos así que a saber el ruído que escucha ella pero, de verdad, es un taladro el que suena, y yo levanto la cabeza de la novela (que no es policiaca) o quito el volumen de la película (que no es “La ventana indiscreta”) y, libre de cualquier elemento que induzca a sugestión, escucho nítidamante el sonido de quejumbre del taladro. También escucho a una mandar a la mierda a uno desde la calle, dicho sea de paso, que esta noche la gente pasa porque mañana es fiesta. Lo del taladro me tiene a mí un poco mosca.
(El vecino de arriba está vomitando)
Cómo está el patio de este vecindario. Se ha escuchado un ruído brusco, como si el vecino se incorporara de manera rápida desplazando algún mueble a su paso (el mueble es el que se ha quejado) y a continuación se ha escuchado la primera de una tanda de arcadas que me han dejado con los dedos suspendidos sobre las teclas a mitad del párrafo anterior esperando a ver qué sucedía después. No está el vecino de arriba en edad de traer de la calle una cogorza, la verdad, pero sí está en edad de llevarse un susto en el diagnóstico. A ver qué se comenta por el portal estos días.
Mil gotas de lluvia han despedido hace un rato a Abril diluyéndolo en el asfalto. Cuando se va Abril siento que me quedo a la intemperie, como desprotegido, y necesito aclimatarme un poco a los meses que siguen porque me dan mucho respeto. En este vecindario, Mayo suele saquear el portal y lo deja en un silencio de domingo.
(Ya sólo se escucha el claqué de las teclas pulsando estas letras)
Memorial 29 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosPara Adrián, dos años después.
“…Creo que para su evasión aprovechó la migración de una bandada de pájaros silvestres…”
Antoine de Saint-Exupéry, “El Principito”
Mago 29 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Cine , 1 comentario
Hoy hace 30 años que murió Alfred Hitchcock y ese día, aunque yo tenía 10 años y llevaba varias jornadas completando con mis compañeros de clase un mural en cartulina blanca para alguna sandez obligatoria, la noticia no me pasó desapercibida. Ahora que lo pienso me parece algo raro que un niño de 10 años atienda en la tele la noticia de la muerte de Alfred Hitchcock con un interés y hasta con un sentimiento más propio de adulto pero sobre todo fue la curiosidad que me suscitaba el personaje la responsable de todo. Ahí es donde mi memoria tiene una laguna de niebla. No sé si la curiosidad venía por cierto conocimiento previo o fue esa curiosidad la que me llevó, pronto, a conocerlo.
Avanzando en la trama, tendría que situarme en mi adolescencia, con 15 o 16 años, para recordar uno de los momentos más felices de una adolescencia que también fue algo rara, o mucho. Para empezar fue una adolescencia convaleciente. Como no hay mal que por bien no venga, un día cayó en mis manos curiosas el tocho de Donald Spoto “Hitchcock, la cara oculta del genio” al mismo tiempo que el betamax del vecino cinéfilo del cuarto, un señor al que le resultaban muy curiosas mis curiosidades y no ponía inconveniente en darles de comer, me sirvió en bandeja los films de la etapa británica que la tele estaba pasando después de cenar. El videoclub se encargó de facilitarme, por 24 o 48 horas, a elegir, la etapa de la Universal. Y como no hay dos sin tres ni tres sin cuatro, un libro de bolsillo llamó mi atención, de casualidad (ay, inocencia), en una librería: eran las conversaciones que Truffaut había mantenido con Hitchcock. El libro sobre cine más maravilloso y más vivo que seguramente se ha escrito.
Total: festival Hitchcock por orden (casi) cronológico.
Si tienes ante tí un otoño y un invierno de convalecencia forzosa en una edad difícil puedes hacer dos cosas: o pasar el tiempo mirando por la ventana sintiéndote una mierda o descubrir a Hitchcock fotograma a fotograma con los mejores guías: Spoto para poner el marco, el vídeo para poner la película y Truffaut para, en el coloquio posterior, hacerle a Hitchcock las preguntas obligatorias y brillantes que ponían el dedo en la llaga. El mando a distancia se encargaba de rebobinar las secuencias que el director aconsejaba revisar con un fíjese aquí, observe que y demás que me llevaron a pensar que Hitchcock, a pesar del perfil que se trazaba de él, y no hablo precisamente del perfil que él mismo se dibujó en una servilleta de papel, disfrutó hablando con el entusiasta y perseverante Truffaut.
Disfruté yo también mucho, sí, muchísimo. Y aprendí otro tanto. Aprendí que lo de este hombre era, fundamentalmente, una facilidad para contar historias digna de un encantador de serpientes. Lo aprendí como mero espectador primero y, más tarde, estudiando detalles que se reproducían aquí y allá formando un estilo reconocible. Sólo alguien dotado de esa facilidad para contar una historia en imágenes podía hacer una breve película dentro de una película con la mera narración de la música (la escena del atentado en el Albert Hall de Londres en “El hombre que sabía demasiado”) o hacer lo mismo sin ni siquiera música y conseguir de paso y rizando el rizo, hacer creíble que una avioneta fumigue a un Cary Grant de traje (“Con la muerte en los talones”)
Lo de Hitchcock me enseñó la minuciosidad y el arte en la planificación, en el dibujo literal, previo al rodaje, de cada plano, siempre desde el ángulo mejor. Se comprende así el presunto desinterés de este hombre por el rodaje en sí, que seguramente no fue tanto, pero sí debió resultar menos apasionante: el reto ya estaba conseguido antes, en el cuaderno.
Entre título y título, desde aquella alucinante “Alarma en el expreso” hasta “Vértigo”, por citar las dos primeras que me vienen a la cabeza, comprendí que lo de Hitchcock era una facilidad tal que a menudo ocurría que lo que te había parecido una virguería técnica (comienzo de “Psicosis”, por poner un ejemplo) luego, en un posterior visionado, privado ya del factor novedad, se revelaba como algo resuelto de una manera desconcertante, entre casera y de aquellas maneras. Pero no pasaba nada entonces y sigue sin pasar ahora: tal era la fuerza narradora de este contador de historias que nos colaba todo y como si nada.
Siempre nos dijeron que este señor era muy raro y oscuro. A mi siempre me pareció que fue un acomplejado, un ser atenazado por a saber qué miedos, frágil, necesitado de armaduras y hasta de armas punzantes para salir indemne del combate. Y luego estaba Alma, que siempre me intrigó mucho. Pero un huevo, vamos. Pero eso es otro aniversario.
Señal 29 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentarioMarcamos este día con una piedra blanca. Porque hay días en los que suceden cosas buenas que quedarán intactas en la memoria cuando un día revisemos con afecto las hojas de este cuaderno de bitácora.
Gala 28 April, 2010
Escrito por emejota en : Uncategorized , 2 comentarios
Festival de Málaga 2010. Gala de Clausura. Sábado 24 de Abril.
Sonrío al encontrarme con él, en mitad del barullo, en el minuto 1’40” de esta alfombra roja.
Verdad 27 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosY es ahora, las 20:54 de la tarde, cuando la ventana te hace asomarte y ves un cielo de un azul profundo que declina hacia una gama suave de malvas. En el rincón umbrío de un parque (las farolas aún dormidas) las hojas que verdean a borbotones de las ramas se estremecen con esta brisa que refresca el resto de calor que ha dejado la tarde. Y es justo entonces cuándo te preguntas qué coño haces llevando un móvil encendido en el bolsillo, y qué pinta el ordenador igualmente encendido y con las pestañas del navegador abiertas sin parpadear y mirando el correo, el facebook tan morboso como hipócrita, absurdo y falso todo él. De esta otra pestaña que abre la ventana desde la que escribo este post no reniego, al menos en los próximos dos minutos, los justos para poder decir esto, lo anterior. Y que lo que sigue no tiene ninguna importancia porque no está en ninguna memoria ni tiene cuerpo de pixel ni requiere clicar un botón.
Es verdad que la verdad está fuera. Al menos este instante.
Provisión 25 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentariosUna cosa llevó a la otra y un dolor aquí y un malestar en forma de nube gris en el pecho me llevó al frigorífico. A picar algo? No. A descubrir que en la parte derecha de la bandeja en la que reposan en frío las cajitas del elixir, no había ninguna.
Despiste.
También me despisté este invierno y entre jeringazo y jeringazo olvidé (con lo que soy yo para las fechas redondas) que se cumplían 10 años desde que me re-estrené gracias a la primera inyección de la primera cajita de la primera versión (1.0) de lo que en este lugar denominé “elixir”. Mejor eso que anticuerpo monoclonal humano con el apéndice técnico Factor Necrosis Tumoral (TNF). Que luego llegara el tren de los efectos adversos y diversos no venía en el guión (tampoco en el primer prospecto, las cosas como son). Lo del elixir, que va por la versión 2.0, no lo olvidemos, fue una cosa de menos a más y de más a menos. De menos efectos adversos a más y de más a menos mal, mi mal. Y menos mal. Varios han sido los médicos que han defendido últimamente la tesis de que sin elixir, yo ya no estaría aquí. Uno de ellos, no obstante, desertó de las filas y dijo que la evidencia de los estudios científicos, según pasaba el tiempo, apuntaba a que el elixir era como jugar a la ruleta rusa, con la salvedad de que gente como yo o juega a la ruleta rusa o ya no juega a nada.
Reconduzcamos.
Estaba en la cocina. Con el frigorífico abierto. Reparando en el hueco vacío y contando con los dedos los días que faltaban para la siguiente dosis siendo consciente de que de un tiempo a esta parte, si por necesidad fuera, la apetencia del cuerpo requeriría un intervalo temporal más reducido. Dicho de otro modo, que o el elixir hace menos (que lo hace) o el frigorífico no enfría lo suficiente estas minúsculas y misteriosísimas inyecciones que vienen de la farmacia del hospital con muchos cuños y ninguna coña. Y estaba en la cocina por lo de la nube en el pecho y el dolorcillo allá y porque retomé el discurso abrumadoramente lúcido de la portera y la niña de Muriel Barbery, que en su día me obligó a abandonarlas en los albores de la página 100 justamente por eso, por su lucidez casi aterradora, y me encontré masticando esos pensamientos suyos, que son igual que los míos con la salvedad que los de ellas están puestos en un orden memorable y los míos revolotean inquietos en la azotea de mi mente, plantado ante el vacío del estante de la nevera que parecía tener algo de simbólico.
No me pregunté más pero aproveché la visita a la cocina para untar una rebanada de pan de molde con Nocilla. Mañana hay que recoger provisiones de cajitas de elixir en el hospital. A media semana le tocará el turno a un bote de Nocilla en la tienda de abajo. Y así vamos pasando la vida, tan callando y tal.
Culpa 23 April, 2010
Escrito por emejota en : Libros , 9 comentarios
Hay libros que son una agradable sorpresa por sí mismos y que, además, traen consigo algún personaje inolvidable. Tal es el caso aquí de un personaje secundario que, sin pretenderlo, roba momentáneamente el protagonismo en este libro sobre robos, culpas y disculpas, para quedarse con el favor del lector. Es la señora Sands. La señora Sands abre la puerta de su pensión en la página 119 de la edición española de este libro, “El buen ladrón”, y aparece severa ella, delgada, mayor, la línea de los labios muy fina, malhumorada, disciplinada, hablando ASÍ y no así, y diciendo cosas como DIOS ESTÁ DEMASIADO OCUPADO PARA ANDAR POR AHÍ CASTIGANDO CHIQUILLOS porque está un poco sorda, es muy generala y por eso habla en mayúsculas.
Habla en mayúsculas en general y en esta última frase en particular porque tiene razón, ella que lo dice todo tan tiesa y tan recta, la espalda y la moral, disimulando un corazón que sospechamos que está herido y que es blando y cálido. Dios está demasiado ocupado para andar por ahí castigando chiquillos, eso dice la señora Sands mientras golpea la masa de harina que da gusto verla en un día lluvioso en un lugar de la américa profunda del siglo XIX. Lo dice porque Ren, el chiquillo protagonista de este libro, ha perdido una mano en un accidente que no puede recordar porque viene de cuando uno no tiene memoria ni palabras para expresar las cosas, y allí Dios desde luego no pintó nada porque ni hizo ni deshizo la calamidad.
El castigo, el remordimiento, la culpa y el pecado están muy presentes en la mente y las acciones de este chiquillo manco que ha pasado toda su vida de doce años en el sombrío orfanato de Saint Anthony donde los chicos rezan rosarios y leen los milagros de San Antonio. A Ren, que un día saldrá de allí reclamado por un familiar y no precisamente para ser llevado a un hogar confortable sino para embarcarse en una odisea truculenta, le pesa la culpa en esa nueva vida suya en la que tiene que robar y ver robar y rodearse de ladrones que excavan tumbas en la noche de los cementerios para sacar a los muertos los anillos y las dentaduras de oro. La señora Sands no es tonta y sabemos que cuando lo sacude en realidad lo achucha, hay mimos fugaces, pero eso no quita para que vaya pasando lo que tiene que pasar en este libro de aventuras tan estimable, ópera prima de Hannah Tinti.
A este libro lo que le hace un flaco favor es la fajita promocional, que reclama (mal) la atención del potencial comprador hablando de una historia “a lo Harry Potter” en un mundo “a lo Tim Burton”. Ni atisbos de lo uno ni falta que hace de lo otro. Empieza a haber críticos literarios que parecen desconocer el espíritu aventurero clásico, el del folletín decimonónico, el de las peripecias y los peligros, la acción, el de las hazañas y las oscuridades de la miseria social de un mundo en el que empiezan a abrir fábricas de hierro y proliferan callejuelas de casuchas de mala muerte donde se hacinan las criaturas entre el barro y unos padres de taberna.
En “El buen ladrón” hay conventos y tabernas, padrenuestros y blasfemias, cementerios, barro, noches sin luna, angustias, peligros, chimeneas por las que se trepa, despensas arrasadas, una chica con labio leporino y un chico sin mano, un gigante y un enano, y así una lista de ingredientes que todavía es más larga y que, bien cocinados, dan una aventura de las de leer bien arrebujados en el sofá, al amparo del frío y de la lluvia que cae dentro, en muchas de sus páginas.
Ardores 22 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosPero de estómago, no de lo otro.
Alicia 21 April, 2010
Escrito por emejota en : Cine , 2 comentarios
Esta Alicia reitera a lo largo de gran parte del metraje de su película que no es “esa” Alicia. Y tiene razón. No importa que la acción transcurra unos 10 años después de la primera incursión en el País de las Maravillas una tarde dorada. Para ser Alicia no basta con ponerse el disfraz y asignarse el nombre. Alicia es la generadora de un mundo cuyo sin-sentido tiene pleno sentido porque está al cuidado de la lógica abrumadoramente brillante, ilimitada y disparatada de Carroll. Aquí no. Hay alusiones a esa jerga de palabras imposibles que Carroll siembra en sus poemas pero están sin cocer, sin coser y sin aire. Sospecho que el doblaje tampoco ayuda. No es esta la Alicia que un día fue pero tampoco el País de las Maravillas lo es. Lo que visitamos al volver a caer por la madriguera tras un conejo blanco que ya no usa reloj es más un revival vistoso, eso sí, que enumera y utiliza tópicos mil veces vistos: el gag ocasional sobre la cita célebre, la fusión de elementos del material original, las frases inofensivas dejadas caer una, dos y tres veces para que al final de la película reaparezcan con un sentido de rúbrica de algo, la enésima utilización de un entorno arrasado, marchito y apocalíptico en espera del salvador/a que le devuelva los colores y la triste aparición del, llamémosle así, “elemento Transformers”: el aparatoso y barroco bicharraco digital que podría habitar la selva de King Kong o el Pandora de Avatar y, de hecho, seguro que sale del mismo software a golpe de clic clic por el mismo dedo.
Este País de las Maravillas tiene mucho del territorio que Terry Gilliam creó para su fantasía de los hermanos Grimm. Mucho préstamo hay aquí. Disney ha creado una Alicia nueva teniendo en las estanterías la mejor Alicia posible: la de animación de 1950 que, siendo su mayor fracaso comercial, sigue siendo maravillosa porque resuelve muy bien muchos de los problemas que plantea adaptar la fantasía de Carroll: la falta de contornos, cielos y horas del escenario de Carroll se traduce allí en abstracción; el necesario aligeramiento de la profusa carga verbal de acertijos y dobles, triples y cuádruples (sin)sentidos de Carroll deja intacta, sin embargo, la mala leche, el carácter inquietante de la locura, el humor con aguijón.
Aquí no pasa eso.
Lo mejor de esta Alicia que es mezcla de muchas cosas sin ser ninguna de ellas Alicia es ese Sombrerero Loco tras el cual parece estar Johnny Deep. Al principio su pinta espanta, temeroso el espectador de asistir a un festival histriónico y hortera, pero finalmente se revela como la aportación potente y genuina del toque burtoniano a esta película tan poco burtoniana: su personaje es trágico y melancólico, como un clown cuya mueca cansada parece emerger de un viejo daguerrotipo.
La posterior adición del 3D hace que algunos planos brillen pero eclipsa otros e invita a quitarse un rato las gafas. Disney ya hizo una ensalada similar con “Oz”, allá por los ochenta: un Oz ajado a la espera del retorno de su Dorothy y bla bla blá. La diferencia es que le salió una cosa tan oscura, inquetante y atractiva que quedó en las estanterías donde se aparcan los productos malditos. Hay cosas incomprensibles.
Se pasa buen rato, de todas formas, con esta Alicia que no es esa Alicia, aunque se esfuerce en demostrar su “muchedad” y hasta se enfunde una armadura medieval y empuñe una espada. Una cosa rara, entre Mordor y la Bella Durmiente, Shreck y alguna cosa más. En qué se diferencia un cuervo de un escritorio?, pregunta el Sombrerero. No tengo ni idea, se responde a sí mismo. Eso Carroll lo colocaría en su compás y lo sazonaría con el ritmo adecuado y funcionaría. Aquí ponemos el oído, nos encogemos de hombros y nos sale decir por dentro: pues vale.
Todo muy virtuoso, muy bonito, pero sin pulpa. Una vez más.
Música 20 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 3 comentariosEncima de la banqueta del piano han ido acumulándose, apilados en dos montones, libros de partituras y sin partituras, un paquete de folios, folios sin paquete, billetes viejos de tren que me llevaron de aquí para allá, el Cahiers de Rohmer, que pillé en una estación, unos cuantos sobres regalos para introducir dvd´s o libros de la última campaña de Navidad de la Fnac que sobraron, una edición rara de Alicia, cuadernos pautados de apuntes musicales, un algo sobre Leonardo, hojas sueltas de periódico de artículos que me llamaron la atención y ahora no sé cuáles eran, sobres con fotos de tamaño grande (se desecharon pero las conservo de recuerdo), la autobiografía de Errol Fynn (qué tío el Errol) y una lata de cd´s. Todo eso (y hasta una camiseta publicitaria en su bolsa de plástico!)
Lo anterior viene a demostrar que llevo mucho tiempo sin sentarme a tocar el piano, obviamente. Pero hoy he apartado uno de los montones porque tenía que preparar una clase para mañana y la clase gira alrededor de una obra de Bach para laúd, la Suite BWV 997, y no tengo laúd ni guitarra, y aunque tuviera no sabría tocarlas. Toco el piano. Ocurre con Bach una cosa curiosa: puedo escucharlo con solo leerlo porque lo que encuentro me resulta, desde chaval, un territorio sonoro familiar y porque mi pensamiento musical es lineal y sigue el trazado de su contrapunto y la síntesis vertical de su armonía sin problemas. Con Beethoven, sin embargo, me siento bastante sordo en ocasiones. No es un chiste fácil, es la pura verdad.
Pero lo más curioso de todo es que Beethoven, al que escucho de lejos en el papel, no suele llamarme al piano para dejar las cosas claras mientras que Bach, al que sí escucho sin necesidad de instrumento, me lleva a él como un imán. La explicación es que a Bach necesito sentirlo en el tacto para que la experiencia sonora tenga un extra placentero que se extiende por todo el cuerpo. Quizá por eso mi memoria no emborrona las obras de Bach, porque las ha registrado codificadas en lenguaje táctil y musical.
Por la experiencia, siempre tan atractiva y atrayente, y por la preparación de la clase, me he hecho sitio en la banqueta y me he puesto a tocar la Fuga de esta Suite que las manos deberían hacer vibrar en las cuerdas de un laúd. Lo que ha sucedido es, de nuevo, que nada más empezar a leer y transmitir la lectura a los dedos me he encontrado en un paraje sonoro familiar en el que, aunque hay cosas que te anuncian dónde irán a parar tras su feliz periplo resbalando y entrechocando entre retardos, disonancias y consonancias, otras se presentan como una estimulante novedad. Conmueve una y otra vez la meticulosidad de este hombre en el trazo de unas líneas cuya impecable perfección siempre, siempre, está al servicio de la emoción más profunda. He sido testigo de ello, una vez más.
Recordatorio 19 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 8 comentariosY, al final de este cúmulo de recuerdos de vivencias normales y corrientes, estoy yo. Yo, aquí y ahora.”
Haruki Murakami, “De qué hablo cuando hablo de correr”
Eso es La Idea del Norte.
(aunque tanto como vivencias normales y corrientes no sé yo…)
(y sin correr ni diez metros, por supuesto)
(pero demos por buena la cita)
(va?)
Zas 18 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosPertenezco a esa clase de personas que cuando son atacadas por la espalda en el sentido figurado, se asustan en lugar de indignarse (o por lo menos me asusto y luego, si eso, me pongo negro). No es muy normal eso. Lo normal es que te asustes cuando te atacan por la espalda en un sentido literal, sobre todo cuando no oyes venir al atacante. A mí, la verdad, es que quitando los sustos del tipo a que no sabes quién soy y demás creo que nunca me han atacado literalmente por la espalda. Creo no: lo sé. Sin embargo, el sentido figurado se ceba a mi espalda con periódica frecuencia y me asusto.
Como hoy, por ejemplo.
Qué hago entonces. Pues nada, me quedo sobrecogido, me entra un calor que sube de las orejas hacia la cabeza, se me ponen las manos frías, tengo mucha sed y se me va el apetito. Pero por encima de todas las cosas, me entra mucha pena, como si el daño se lo hubieran hecho a otro y yo, presenciando la escena desde una ventanilla, no hubiera podido hacer nada por auxiliar.
Sí, eso es lo que me pasa. Luego se pasa, de acuerdo, pero deja una cicatriz que, con los años, va dibujando un mapa en la piel donde se llevan estas cosas. Hay quien llama a ese lugar corazón, alma, huevos, muchos nombres que, sospecho, la mayoría son sinónimos. Hay a quien le duelen las cosas en el alma y hay a quien le duelen los cojones (igualmente de manera literal o figurada).
Regalo 14 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosHoy me han regalado tres poemas. El tercero de ellos me lleva a pensar que no creo haber recibido antes un regalo tan bonito. Yo no sé dar las gracias en forma de poema pero sé darlas con el corazón. La mayor parte de las veces y de los versos no hay mucha diferencia.
Zodiaco 13 April, 2010
Escrito por emejota en : Varios , 4 comentariosLuna nueva. Y martes y 13. Hay una señora que sale en la madrugada de las teles, cuando la cosa se pone de alucine, que te da un repaso de arriba abajo según la tabla de los signos del zodiaco. Ayer, todos los signos estaban de suerte. El día anterior, también. Espachurrado en el sofá, mientras el camión de la basura pasa debajo de casa, confieso sentir una cierta fascinación creciente por la facilidad retórica de estas pitonisas, de esta pitonisa en particular, que no calla la tía e hilvana el discurso con un optimismo y un abracadabra del verbo capaz de conseguir que el mundo sonría a todo el mundo por cojones o por Sagitario, por Marte o por Escorpio. Si hoy estás de suerte, felicidades. Si estás sufriendo de amores, felicidades igualmente porque ya viene algo maravilloso. Si lo que viene es una mala racha, felicidades también porque eres un tipo con suerte y la tal racha te dejará un regalo maravilloso, ya lo verás. Alegría y regocijo.
A mí lo que me atrae de todo ese rollo es la facilidad del propio rollo en enrollarse sin arrugarse; sin titubeos ni fisuras en el discurso, sin que la sonrisa y el tono dulce y nocturno de la pitonisa, como de nana de Capricornio, declinen en el horizonte de la indecisión. Si no eres un tipo con suerte es que no te has enterado de que en el horóscopo de esta señora todo son energías positivas. Mándale un mensaje de texto y te enviará un mensaje personalizado para varios millones de personas y tranquilo porque será tuyo y sólo tuyo. Para que estés seguro de eso la pitonisa insiste en que no se lo enseñes a nadie porque las energías se pierden y ya no hace efecto. Y alegra esa cara, Acuario, porque te viene una racha de luz, lo sabías?
Si envías un mensaje de texto a la pitonisa te manda tu horóscopo con el certificado de que te durará toda la jornada. De ahí la insistencia en que no lo borres, porque igual a las seis y veinte de la tarde lo tienes que consultar. Por supuesto, si necesitas una explicación pormenorizada siempre podrás recurrir a la llamada. No hay que olvidar que los teléfonos se inventaron para llamar y recibir, y no para leer. La pitonisa termina el repaso a la quiniela de los astros galácticos y juntando las manos en un movimiento que recuerda al del Tío Gilito amasando cuando las pupilas se le ponían de la forma del dólar, te desea felices sueños y te recuerda que ahí está ella o, por si en ese momento está en el baño, un equipo de expertos profesionales con muchos años de experiencia a sus espaldas atendiendo tus deseos las 24 horas del día garantizando tu felicidad.
Desde que Capricornio es Capricornio, los hombres consultan a las estrellas y son felices o se mueren de un cáncer fulminante según les da, llevando con irritante frecuencia la contraria a lo dispuesto en la pizarra del firmamento.
Enigma 12 April, 2010
Escrito por emejota en : Series, Televisión , Añade un comentario
Quién mató a Laura Palmer? Escuchar esa pregunta formulada con insistencia en las promos de la tele de hace ahora 20 años nos intrigó muchísimo. Tras esa pregunta llegaba una cosa alucinante, una invitación a entrar en un universo inquietante y hermoso, sórdido y maravilloso a un tiempo. Era Twin Peaks, la incursión televisiva de David Lynch cuyo episodio piloto, firmado por él, dejó atónitos a los señores de ABC (la cadena de tv de allí, no el periódico de aquí). Cómo se da luz verde a algo que tiene una habitación roja, un enano que habla al revés, una muerta que se lleva la mano a la nariz en ademán seductor, sombras de aves que sobrevuelan el fondo a cámara lenta y una señora mayor que lleva un leño en el regazo y lo acaricia y te dice lo que va a pasar. Cómo se da luz verde a eso siendo lo que allí hay tan negro. Mintiendo un poco, quizá. A David Lynch le importaba un pimiento quién había matado a Laura Palmer. De hecho, al contrario de lo que le sucedería a un buen sabueso, lo estimulante del caso no estaba en satisfacer el enigma sino en el hecho de que la pregunta no tuviera respuesta posible. Lynch no es un detective, es un explorador del submundo que existe en los pliegues más oscuros de nuestro cerebro. La promesa de encontrar respuesta al enigma fue el precio exigido para conseguir vía libre en un medio que ofrecía lo que Lynch necesitaba para escribir su poema macabro y triste, guasón y turbador: el serial por entregas.
Twin Peaks es una joya. Una joya rara, de ahí su excepcionalidad en todos los sentidos. Que sus dos temporadas adolecieran de dilataciones innecesarias no importó para apreciar lo apreciable, que no fue poco y sí mucho. Los episodios piloto de ambas temporadas, así como los finales, dirigidos por el propio Lynch, siguen siendo para mí los mejores Lynch. Dicen que Twin Peaks se adelantó 20 años a esta edad de oro del serial televisivo que ahora parece languidecer un poco. No creo que así fuera. Hoy, que los cinéfilos y los teleguays han comprendido y dado el beneplácito a la posibilidad de que la tele haga cosas distintas y hasta memorables, Twin Peaks lo tendría difícil. Demasiado sutil y brutal, una explícita materialización del abstracto lenguaje de lo onírico, demasiado experimental y, sin embargo, folletín de todos modos. Un serial de nuestro lado oscuro, que late en la madrugada de las conciencias.
Quién mató a Laura Palmer? Así empezó todo, con el descubrimiento en el río de un cadáver cuya cabeza emergía de una bolsa de plástico como si fuera el envoltorio de un regalo, o un sudario de diseño hipermoderno, o como si esta Laura Palmer, la chica inocente con secreto turbio al fondo, tan hermosa y tan cadáver, vistiera un precioso velo de princesa durmiente. Anverso y reverso. Así es todo en Twin Peaks, donde todo el mundo oculta algo y nada es lo que parece.
Uno se pregunta, ahora que se cumplen 20 años, cómo fue posible que esto se emitiera en el prime time de la era de las mamachichos y sin cancelación. Alguno en busca de teta hortera le daría al mando después de cenar y se encontraría con una cosa sin sentido (y sin teta) que, sin embargo, contenía un algo magnético que era la suma de muchas cosas: la atmósfera húmeda del lugar, las puertas cerradas, las miradas furtivas, el nombre de los personajes, la música sobrenatural de Badalamenti… Y toda una colección imborrable de imágenes convertidas en iconos: los chispazos de la sierra del aserradero, el parpadeo del tubo flurorescente en la sala de autopsias, la chica que camina en estado de shock por la vía abandonada del ferrocarril, el traje negro del engominado agente Cooper, el hallazgo narrativo y genial de conferir el estado de las pesquisas a un personaje inexistente, la secretaria de la que sólo sabemos el nombre, y lo sabemos porque el agente dicta y dicta a su aparato grabador de voz, la bandeja de donuts, el ventilador girando en la casa de luto. Y tantas otras imágenes, instantáneas de un mundo paralelo donde las pulsiones golpean las paredes del buenos días y que la malla de la cotidianidad tapa por si vienen visitas. Sólo tipos como Lynch pueden descender al pozo oscuro y tallar un diamante.
Twin Peaks llegó al mercado europeo con escepticismo y mucha discreción. Lo hizo colándose en los videoclubs, convertido en una entrega cerrada. Para ello, Lynch editó el episodio piloto suprimiendo las escenas finales y añadiendo algunas que pertenecían a lo que venía poco después a fin de conseguir un montaje conclusivo. La con-versión se conoce como “versión internacional”. Es un dato importante para los cazadores de rarezas porque el piloto oficial era espléndido pero el piloto convertido en largometraje para videoclubs es una joya absoluta.
Cena 10 April, 2010
Escrito por emejota en : Libros , 4 comentariosRen imaginó la cena que le esperaría a William aquella noche. La mujer del granjero sacaría la vajilla buena, si es que la tenían. Sí, decidió Ren: tenían una vajilla buena. Platos de porcelana blanca. Y también habría un pequeño cuenco con flores silvestres: capullos de color rosa y azul, y pequeños ranúnculos amarillos. Habría pan, aún caliente, cortado en rebanadas, en una cestita, cubierto con una servilleta. Habría algún tipo de estofado, caliente y lleno de carne sazonada con hierbas, tierna y suave y fácil de masticar. Y una montaña de patatas. Y maíz desgranado de las mazorcas. Y vasos de leche fresca. Y, enfriándose en el alféizar de la ventana de la cocina, justo detrás de la mujer del granjero, que estaría de pie en el hueco de la puerta esperando la llegada de la carreta de su marido, habría una tarta de moras. Para los tres.”
Hannah Tinti, “El buen ladrón”
Quizá, un descubrimiento.
Espacios 6 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosPeriódicamente, entro en casa y no encuentro la manera de salir de ella.
Es como lo de la película de Buñuel, parecido, pero en realidad es herencia de abuela, la del blog, que se metía en su casa y pasaba las tardes tan entretenida en mil rincones haciendo dos mil cosas repetidas, seguramente, unas tres mil veces. Lo mío es un poco distinto. A mi de pronto me da por no encontrar la puerta de salida y entonces me pongo a leer una novela con la luz de ámbar en las paredes, o a ver el árbol en la hora de la tarde en que el sol le pone la luz perfecta, o escribo desde un ordenador puesto en tal mesa o veo una película con nocturnidad y alevosía.
Qué se yo.
Pero una casa puede tener muchos espacios distintos, que no distantes, donde ubicar actividades múltiples, cada una en su lugar propio, y con el sentimiento placentero de hacerlo a refugio, al otro lado del tabique del mundo, sintiéndote el relleno de un paréntesis que empieza un día y terminará otro, cuándo, no se sabe, cuatro días, medio verano, dos semanas.
Depende.
En la vida todo depende de muchos factores. Depende es una palabra clave. Sin esa palabra en el diccionario, la vida sería muy rígida.
Hoy he salido de este paréntesis a cenar a casa de Anamari pero no sé si puede considerarse un final de ciclo en cuanto a estos episodios excluyentes y recluyentes (recluyentes de reclusión, especifico porque no viene en el diccionario, el diccionario tiene lapsus) porque ha sido como cambiar de habitación, es como seguir en casa. Así que creo que no vale. Por la familiaridad y por la duración, una cosa breve.
No sé si mañana tocará encontrar la puerta de salida o si todavía no habrá llegado el momento. Es un misterio esto de los momentos. Puede parecer fácil establecer el momento de inicio uno de estos episodios en los que te escondes del mundo para habitar tu propio mundo pero no lo es. Lo dice alguien con una experiencia que se remonta a la más tierna infancia, en las convalecencias de las anginas. Pero más difícil es todavía establecer el motivo o motivos que llevan a que, de pronto, un día des con la puerta que te lleva al ascensor. Dentro a veces hay un mundo más grande que el mundo de fuera y puedes encontrar grandes espacios para pensar, o escuchar a Schumann, o estudiar o volver a pensar. Y te va creciendo la barba como si fueras un Robinsón en una isla remota. Y estás triste y estás tranquilo y no estás. Y no están. Y ya está.
Decía Gerardo Diego en su Soneto a Robert Schumann que “yo, arrebatado de desesperanzas, música tuya adentro sigo y sigo pero no sé si mis dedos -ay- la rozan”. Algo así me está pasando en estas tardes azules al adentrarme en las Escenas del Bosque de este hombre, con sus rincones umbríos, sus flores solitarias, el misterio de sus senderos y ese silencio confortable que lo es por la música y no porque la música falte.
Abril 1 April, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 8 comentariosAbril son mil abrazos.