Efectos

Escribo bajo los efectos del Frenadol, lo que explicará esta morriña, esta languidez, este qué se yo. Claro que también puede explicar estos efectos, o sumarse a ellos, lo que estoy escuchando a través de los auriculares, haciendo sonoro el silencio nocturno que envuelve el piso, el edificio, la calle y lo de más allá. Más allá es la estación del tren, por ejemplo.

Ahora el Frenadol viene en cápsulas y eso supone un notable avance porque nos libra de su sabor repugnante. No nos libra del mal, sin embargo, manifestado esta vez en algo con epicentro en la garganta y que, mira qué cosa más curiosa, según pasaban las horas del día de hoy ha dudado entre bajar por el pecho o subir a la nariz a moquear un poco. Yo, a mitad del camino, me he dedicado a dejarme caer en el sofá esta tarde tras haber hecho un par de recados que no podían esperar y comprobar que hoy sí, la tarde era de la primavera. Se notaba en la luz, en los colores y en el aire. Pero me dolía todo el cuerpo así que he recalado en casa y me he tumbado en el sofá con vistas a la tarde que quedaba la mar de bien encuadrada por el balcón y mis pensamientos han fluído bajo la influencia letárgica del Frenadol.

Creo que la culpa de este estado la tuvo el paseo del otro día. Salía todo ufano y ligero de equipaje a emular a Charles Dickens, que hacía varias millas diarias a toda marcha cuando me topé con Camino, Fabiola y Fefa, y la una me dio un beso y me dijo que vas muy fresco y la otra me dio un beso y me dijo vamos a ver si nos ponemos el gorro de esa sudadera por lo menos y la otra me puso el gorro, me dio el beso y luego las tres me dejaron en actitud manufacturada, no sé cómo explicarlo, y allí que me quedé con la cara besada y el gorro puesto y un a ver cuándo tardamos en quitarnos el gorro que se escuchaba desde atrás, porque era lo que decían Camino, Fabiola y Fefa yéndose adonde fuera mientras yo me quedaba escuchando la hipnótica voz de Corinne Bailey seduciendo los sentidos a través de los auriculares. Al doblar la esquina, me quité el gorro de la sudadera y puse marcha dickensiana a 5 km con el viento norte, el sol decayendo y el moquiteo asomando a mitad de trayecto.

Es por eso que deduzco que de aquellos mocos, esta tarde de sofá y habitación iluminada por un sol de ámbar y un azul de jardín, porque hay azules de jardín y surtidor y nostalgias, lo prometo (para qué detenernos en explicaciones), vislumbrándose tras la cortina. Las cosas perdidas debieron extraviarse en los rincones de los atardeceres de primavera y a veces yo pienso un poco en ello, como quien visita un santuario en silencio y después paso a otra cosa, como comer una manzana verde, sentir los efectos del Frenadol y echar en falta ciertos afectos que vienen a la memoria desde 1995 lo menos, obviando a continuación todo lo que no sea la plena toma de conciencia del paso de los minutos mientras la tarde se cierra en un silencioso eclipse.

6 pensamientos en “Efectos

  1. toni

    eso de hacerse el Dickens no es nada bueno. se cansa uno. varias millas. eso son un montón de kilómetros. es mejor sudar de otras formas, aunque sea con Corinne Bailey Rae al al otro lado del cable, justó ahí, navegando entre neuronas. así que cúidate un montón, mon amie. unas películas. o mejor aún, toda una temporada de Mad Men, una gozada para muchos sentidos, que aplauden desde el sofá la inteligencia que sale de la pantalla.

  2. C.

    Como el año pasado, está transcurriendo otro invierno sin Frenadol y, ya sabes que tengo un punto raro, casi lo echo de menos, porque a mí el Frenadol me encanta, qué le vamos a hacer (y si es caliente, mejor). A cambio, estoy consumiendo yerbajos varios antiestrés a mansalva y en cantidades industriales. A lo mejor debía pasarme directamente al efecto letárgico del Frenadol, no?
    Despunta otro día primaveral. Hay aún algo de neblina en el horizonte, pero creo que el cielo alcanzará hoy también un límpido tono jardín.
    Que te mejores.

  3. Marlene

    Ummmm un paseo en una tarde primaveral escuchando a Corinne Bailey y su “Like a Star”(me encanta esa canción!!!)…
    Está claro que coger un resfriado para sacar a pasear el Frenadol y sus secundarios,no es algo bueno, pero si tiene que ser…esta manera es la menos mala,no???
    Cuidese Sr. Dickens,que se le echa de menos :)

  4. Lili

    Azul de (…) nostalgias. ¿De qué color fueron las cosas perdidas?. Para mí, ambarino. Cuídate.

  5. Victoria

    Hace ya anhos que el Frenadol existe en capsulas Mariano!!!! por lo menos 7 o más! a mí me hacia siempre más efecto en capsulas que en sobrecitos chungaletos. Cuídate, sí? y no te destapes que el tiempo anda revuelto. Un beso.

  6. emejota Autor

    Para mí existe desde hace dos resfriados, Victoria. No sé si hace más o menos efecto pero te ahorra el sabor a disgusto del sobre.

    Lili: no recuerdo de qué color son las cosas perdidas porque también se perdió. Pero a veces me viene el destello de un recuerdo, como si estuviera a punto de acordarme. Si me viene, te lo digo.

    Yo me echo de menos también, Marlene. Quizá por eso salgo de paseo, a ver si me encuentro un día de estos.

    C: no lo dudes y pásate al efecto letárgico del Frenadol un rato, ya que el sabor no te disgusta (inexplicablemente para mí, perfectamente explicable desde lo del Rooibos).

    No creas, toni, no me cansan las millas. Me cansan las incertidumbres y no me dejan estar quieto en el sofá. Mejor porque estoy en un plan sedentario que no puede ser y ya entra uno en la edad de los infartos… Mad Men es mucho Mad Men, sí.

    Abrazos.

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