Firma

Suena el teléfono muy de mañana y lo dejo sonar hasta que, segundos después, abrazado a mi almohada, mis sentidos se ponen en guardia al escuchar la voz tranquila, siseante pero un poco aturullada del funcionario de la cosa de la propiedad intelectual. Glups. Qué le pasará a este hombre para llamar contra todo pronóstico, cuando hace dos semanas dijo que no hablaría hasta dentro de seis meses para certificar si lo que surgió de mi limitado intelecto me pertenece o no. Qué habré hecho, o deshecho, para que lo haga además a esta hora. Todas estas cosas pienso mientras su voz plana, que apenas se eleva unos milímetros sobre el nivel de la gana o la desgana, me pide que le llame al teléfono que recita a continuación.

Me incorporo. Cualquiera hace como si nada.

Quince minutos después estoy con el auricular en la mano, aclarándome la garganta, y escuchando la señal intermitente de llamada. Al principio estoy un poco inquieto, como si llamara para el resultado de unos exámenes, unos análisis, una sentencia, qué se yo, pero al decimoquinto tono ya me siento más tranquilo, sospechando, y así lo confirmará el reloj, que este hombre, diligente como pocos en el cumplimiento de las costumbres y del deber, se ha cogido la sagrada media hora del almuerzo.

A esperar.

Lo bueno que tiene haberle pillado el punto a la psicología de este funcionario en las tres veces que nos hemos visto a lo largo de la vida es que uno sabe que a la hora en punto se encontrará sentado en su mesa, allá en ese edificio palacio lleno de escalinatas amplias y largos pasillos donde un bedel con un ojo caído del aburrimiento te da los buenos días con un movimiento de cuello de dos milímetros antes de dirigirte a una puerta de altura infinita y manilla de metal, una de esas puertas de estilo Luis algo aunque el estilo venga deslucido por ese folio adherido a la madera blanca donde el tóner de una impresora láser hace saber, plantilla de Word mediante, el horario de atención al público.

Dentro, rodeado de legajos que siempre han llamado mi atención porque, o bien se reciclan los contenedores de archivo de finales del XIX para registrar lo que en esta tierra se discurre o ya no se discurre como antaño, sentado a una mesa baja, en mitad de todos esos bultos irregulares en forma, tamaño y apretura de cordeles, está él, siempre mirando en contrapicado, las gafas aumentando el tamaño de sus ojos, las manos temblorosas jugando con las esquinitas de los impresos 710 y 720 para que queden bien alineados. Cuando este hombre deja las manos libres, estas se ponen a temblar ostensiblemente, normal, normal que hagan eso, normal que cuando te hable cierre los ojos como en un clic que es, a su vez, un tic nervioso y que el discurso siseante a veces se aturulle en alguna sílaba y, por tanto, necesite entregarse al juego de doblar alguna esquinita de papel, porque este hombre tiene presente en todo momento la totalidad de las disposiciones, artículos, apéndices, anexos, complementos, excepciones, apéndices al apéndice de la disposición anterior y, por supuesto, un archivo mental de todos los boes, los bons y demás documentos de letra pequeñísima, llenos de números romanos que, si tanta pereza da mirarlos, ni te digo lo que tiene que dar leerlos y hasta aprenderlos.

Admirable lo de este hombre, cuyo tesón en tensión hace que sus manos tiemblen inquietas y alguna sílaba se le mezcle con la siguiente.

Sí, ha contestado su voz al otro lado del hilo telefónico. Lo del hilo creo que se estila tadavía en la cosa literaria pero es cosa más retórica que real; hilo, lo que se dice hilo, ya no debe quedar mucho con satélites, móviles, wifis y demás. Hay que añadir, de paso, que el ha sido expresado sin interrogación, ni al principio ni al final. Todo neutro.

Presentaciones al margen, he ido al grano: qué ocurre. Pues ocurre que en el impreso tal presentado por usted con fecha tal hay un, eh, un error de procedimiento. Error de procedimiento? Sí, error de procedimiento. Cuál. Pues verá, es que la firma que lo acompaña. Me olvidé de firmar?? No, no, el documento está firmado pero, verá usted, la disposición reglamentaria dice que dicho impreso debe ser firmado en mi presencia.

(…)

Por lo tanto, deberá usted pasar por el departamento para proceder a la firma en nuevo documento y, posteriormente, le entregaré una copia del mismo junto a un impreso para que proceda al ingreso de cuatro euros y diecinueve céntimos en una entidad bancaria; después, usted se quedará la copia rosa, el banco se quedará la copia azul y deberá traerme de vuelta el original para poder tramitar su solicitud.

(…) Bien, intentaré pasarme la semana próxima.

No podría ser a lo largo de esta semana?

Hombre, no corre prisa tampoco, no? Quiero decir, que si algo es mío lo será la semana que viene.

Es que, verá, tengo por norma y costumbre entregar durante la primera semana del mes en curso la documentación recopilada en esta oficina durante el mes anterior aunque, claro, bueno, eh, bien, eh, creo que no tendría mayor importancia tramitar su solicitud la primera semana del mes próximo, aunque en los documentos figure una fecha que no se corresponde con, bueno, creo que me entiende.

Claro, claro (…)

De acuerdo, entonces, si usted no tiene alguna cuestión adicional que hacer aprovechando esta comunicación, le espero en este departamento cuando usted lo considere oportuno.

No lo dude, estaré lo antes posible para que pueda tramitar el expediente. Muchas gracias por la llamada y buenos días.

Buenos días y, bueno, buenos días.

(Clic)

5 pensamientos en “Firma

  1. Ferre

    Aaaah, echo de menos el olor en la mañana de las goma de los sellos de caucho. No es napalm, pero a Robert Duvall lo mismo le da igual.

    Por cierto, si el funcionario está presente en la firma, pero borracho o hasta las cejas de ácido, ¿se considera fetén la firma? Porque de la percepción del funcionario la susodicha ley no dirá nada. O sí, que cosas más raras he visto (aquí, por seguir con los [no]símiles cinematográficos, podíamos hablar de que he visto expedientes volatilizados en el cinturón de Orión y notificaciones enviadas a través de la puerta de Tannhauser y bla bla bla).

    Paciencia, emejota, paciencia. Todo sea por esa astronómica cantidad de 4,19 euros. Vas a ser todo un Rockefeller.

    Saludos,

    Ferre

    PD: No iría aquí, sino hace dos posts, pero da igual: “Moon” magnífica. Me recuerda a “Atmósfera cero”… seguramente por el rescate y el uso de maquetas. Que no esté Sam Rockwell en las nominaciones del Oscar es un delito grave.

  2. toni

    la opiniones sobre la sociedad de los autores son algo muy personal. pero no sé si compensaría lo de los 4,19 euros, teniendo en cuenta que has tenido que llamar tú y esperar a que terminara el almuerzo y luego tengas que ir otra vez a firmar. sin comentarios. o con muchos más, pero es muy pronto y el marrón se presenta en un rato y aún hay que hacer correcciones.

  3. emejota Autor

    Ferre: este funcionario es de los de estricto cumplimiento de las obligaciones y de comportamiento personal sin tacha. A lo sumo, un poleo menta en horas de trabajo. De 15h en adelante ya a saber…

    PD: las maquetas, sí, estoy de acuerdo. Con su toque de eficiencia artesanal muy de agradecer para estos ojos que, como los tuyos, crecieron en el mundo analógico (ves qué eufemismo para evitar decir que somos mayores?) :)

    No compensa nada, toni. No compensaba ya antes pero ahora, enlazando con las palabras de Marina´s mom, de pereza cósmica…

  4. Marcos

    Seguro que este funcionario, en un arrebato incontrolable de romanticismo, llegó a enviar la fotocopia compulsada de un poema de amor para conquistar a su mujer.

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