Firma 2 marzo, 2010
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios , trackbackSuena el teléfono muy de mañana y lo dejo sonar hasta que, segundos después, abrazado a mi almohada, mis sentidos se ponen en guardia al escuchar la voz tranquila, siseante pero un poco aturullada del funcionario de la cosa de la propiedad intelectual. Glups. Qué le pasará a este hombre para llamar contra todo pronóstico, cuando hace dos semanas dijo que no hablarÃa hasta dentro de seis meses para certificar si lo que surgió de mi limitado intelecto me pertenece o no. Qué habré hecho, o deshecho, para que lo haga además a esta hora. Todas estas cosas pienso mientras su voz plana, que apenas se eleva unos milÃmetros sobre el nivel de la gana o la desgana, me pide que le llame al teléfono que recita a continuación.
Me incorporo. Cualquiera hace como si nada.
Quince minutos después estoy con el auricular en la mano, aclarándome la garganta, y escuchando la señal intermitente de llamada. Al principio estoy un poco inquieto, como si llamara para el resultado de unos exámenes, unos análisis, una sentencia, qué se yo, pero al decimoquinto tono ya me siento más tranquilo, sospechando, y asà lo confirmará el reloj, que este hombre, diligente como pocos en el cumplimiento de las costumbres y del deber, se ha cogido la sagrada media hora del almuerzo.
A esperar.
Lo bueno que tiene haberle pillado el punto a la psicologÃa de este funcionario en las tres veces que nos hemos visto a lo largo de la vida es que uno sabe que a la hora en punto se encontrará sentado en su mesa, allá en ese edificio palacio lleno de escalinatas amplias y largos pasillos donde un bedel con un ojo caÃdo del aburrimiento te da los buenos dÃas con un movimiento de cuello de dos milÃmetros antes de dirigirte a una puerta de altura infinita y manilla de metal, una de esas puertas de estilo Luis algo aunque el estilo venga deslucido por ese folio adherido a la madera blanca donde el tóner de una impresora láser hace saber, plantilla de Word mediante, el horario de atención al público.
Dentro, rodeado de legajos que siempre han llamado mi atención porque, o bien se reciclan los contenedores de archivo de finales del XIX para registrar lo que en esta tierra se discurre o ya no se discurre como antaño, sentado a una mesa baja, en mitad de todos esos bultos irregulares en forma, tamaño y apretura de cordeles, está él, siempre mirando en contrapicado, las gafas aumentando el tamaño de sus ojos, las manos temblorosas jugando con las esquinitas de los impresos 710 y 720 para que queden bien alineados. Cuando este hombre deja las manos libres, estas se ponen a temblar ostensiblemente, normal, normal que hagan eso, normal que cuando te hable cierre los ojos como en un clic que es, a su vez, un tic nervioso y que el discurso siseante a veces se aturulle en alguna sÃlaba y, por tanto, necesite entregarse al juego de doblar alguna esquinita de papel, porque este hombre tiene presente en todo momento la totalidad de las disposiciones, artÃculos, apéndices, anexos, complementos, excepciones, apéndices al apéndice de la disposición anterior y, por supuesto, un archivo mental de todos los boes, los bons y demás documentos de letra pequeñÃsima, llenos de números romanos que, si tanta pereza da mirarlos, ni te digo lo que tiene que dar leerlos y hasta aprenderlos.
Admirable lo de este hombre, cuyo tesón en tensión hace que sus manos tiemblen inquietas y alguna sÃlaba se le mezcle con la siguiente.
SÃ, ha contestado su voz al otro lado del hilo telefónico. Lo del hilo creo que se estila tadavÃa en la cosa literaria pero es cosa más retórica que real; hilo, lo que se dice hilo, ya no debe quedar mucho con satélites, móviles, wifis y demás. Hay que añadir, de paso, que el sà ha sido expresado sin interrogación, ni al principio ni al final. Todo neutro.
Presentaciones al margen, he ido al grano: qué ocurre. Pues ocurre que en el impreso tal presentado por usted con fecha tal hay un, eh, un error de procedimiento. Error de procedimiento? SÃ, error de procedimiento. Cuál. Pues verá, es que la firma que lo acompaña. Me olvidé de firmar?? No, no, el documento está firmado pero, verá usted, la disposición reglamentaria dice que dicho impreso debe ser firmado en mi presencia.
(…)
Por lo tanto, deberá usted pasar por el departamento para proceder a la firma en nuevo documento y, posteriormente, le entregaré una copia del mismo junto a un impreso para que proceda al ingreso de cuatro euros y diecinueve céntimos en una entidad bancaria; después, usted se quedará la copia rosa, el banco se quedará la copia azul y deberá traerme de vuelta el original para poder tramitar su solicitud.
(…) Bien, intentaré pasarme la semana próxima.
No podrÃa ser a lo largo de esta semana?
Hombre, no corre prisa tampoco, no? Quiero decir, que si algo es mÃo lo será la semana que viene.
Es que, verá, tengo por norma y costumbre entregar durante la primera semana del mes en curso la documentación recopilada en esta oficina durante el mes anterior aunque, claro, bueno, eh, bien, eh, creo que no tendrÃa mayor importancia tramitar su solicitud la primera semana del mes próximo, aunque en los documentos figure una fecha que no se corresponde con, bueno, creo que me entiende.
Claro, claro (…)
De acuerdo, entonces, si usted no tiene alguna cuestión adicional que hacer aprovechando esta comunicación, le espero en este departamento cuando usted lo considere oportuno.
No lo dude, estaré lo antes posible para que pueda tramitar el expediente. Muchas gracias por la llamada y buenos dÃas.
Buenos dÃas y, bueno, buenos dÃas.
(Clic)