Archivo por meses: marzo 2010

Repaso

Duermo poco, sí. No es porque entre en esa edad provecta en la que uno pasa con unas horillas, no. Porque si así fuera, no me quedaría k.o después de comer en el sofá. Ves los titulares de las noticias, cierras los ojos, y cuando los abres está la Esteban vociferando

MENTIENDESSSS??

Y me desoriento un poco antes de volver a funcionar, obviamente.

Duermo poco porque, a ver, confesemos, estoy enganchado a un juego de aventuras del iPhone. Y porque estoy leyendo una novela, y hago repaso de las cosas del día y las proceso en el silencio de la madrugada, y luego estoy siguiendo dos series, y leo el periódico, y preparo las clases para Esther y Bea. Y todo eso se me concentra por la noche y, claro, dan las mil. Entre una cosa y otra pienso en este blog y en ocasiones me entra cierto sentimiento de culpa, y cuando me siento a escribir es tan tarde que me da mucha pereza eso de buscar que si la imagen, que si el audio, que si los subrayados en negrita, que si escribir. Tanto que si que casi que no.

Esta noche me he llevado una sorpresa porque he entrado en la trastienda. Amontonadas, había una serie de actualizaciones de los plugins que son los artilugios diseñados para hacer que esto funcione con diligencia y que se actualizan periódicamente. Los he apilado en un lugar para ponerme a ello mañana. Son 5. No lo he hecho esta noche porque me he entretenido leyendo las cosas que teclea la gente en Google para entrar en este blog. Realmente no lo hacen para entrar en este blog. Escriben sus peticiones y Google les da para elegir y aquí llegan algunos, y la estadística, que es una cosa muy curiosa, deja constancia de la cadena de palabras tecleadas por el visitante al oráculo. Porque Google es un oráculo moderno al que la gente le pregunta cosas como si llamaras a la señora que te echa las cartas en un canal de la madrugada de la tele. Lo que me asombra y me pregunto en ocasiones es la razón que llevará a los logaritmos o a los ingredientes de los que Google está hecho para que diga: a La Idea del Norte. Porque a veces es comprensible que lo haga pero otras no. Mosquea, como si Google te mandara alguna indirecta. Recordemos aquel mítico: “Cómo encontrar novio pero sin hechizo”. Pensé, con horror, que Google hacía de Celestina.

Lo que me encontrado esta noche es un caleidoscopio surrealista. Hay que ver lo que le pide la gente a Google. Haciendo un somero repaso:

laideadelnorte
laideadelnorte.com
blog de la idea del norte
la cabrona del norte
la idea del norte emejota
emejota blog

Esto es comprensible; no tanto lo de la cabrona, quién será la susodicha.

No todo es así. Por ejemplo:

“Alégrate María la pascua está cumplida”
Pues mira qué bien. Alegría pues.

“Síndrome del domingo por la tarde”
Cosa chunga y archiconocida. Pero qué quieren que diga al respecto. No sé.

“Cluedo para jugar con tarjetas de pistas”
Sí, sí, ese lo tengo. Pero lo tiene la vecina, que se lo quedó. Lo habrá vendido en Ebay, digo, no sé. Que luego dice que soy un mal pensado.

“Llamado de enfermeras por bobinas”
Ein?

“Madrigal érase una infanta suave como el”
…lirio. Sí, de Guridi. Qué bonito. Mucho. Este madrigal me llegó a enganchar. Qué minucioso todo él.

“Música negra vasary”
No. Negra no. Azul. Vasary tocaba un Debussy en azul. Negro era el elepé. En caso de duda, consulte con su farmacéutico.

“Mattia Balossino”
Está solo en la soledad de las páginas de “La soledad de los números primos”. Un poema disfrazado de novela. Dele recuerdos. Y que cuide esas manos, él ya sabe.

“Qué ocurre si se ve una mancha en el ojo”
Mire, no me pregunte eso a mí porque soy hipocondriaco. Pero vaya corriendo al médico. Que sea bueno (el médico). Y benigno (lo de la mancha)

“érase una infanta suave como el lirio”
Qué pasa, qué se ha puesto de moda el Madrigal de Guridi o qué? Estas cosas me intrigan. Le preguntaría a Google pero es que igual me manda aquí.

“Sintonía del programa la tarde 1983”
Umm, “El niño” o algo así. Pero es de Vangelis. Fijo. Que sí, si quiere se la tarareo. (Desconfiado)

“Dedicatoria para una guarra”
Esta es una de las cosas que me dejan perplejo. ¿Qué le he hecho yo a Google para que me señale con el dedo??

“glenn gould leonard bernstein discurso”
Sí, el de Brahms. Pase, lo tiene dentro. Utilice el buscador. De ná.

“regreso a moira”
con Juanjo Ballesta. TV movie que encargó TeleCinco y nunca llegó a emitir. Y si lo hizo, lo hizo en modo invisible. (Qué raro que no pidan ver a Juanjo Ballesta en gayumbos, una de las peticiones más frecuentes en este blog junto con “qué son los neumas” y “faraones”)

“frases sabias de la vida ciclotimia”
Recomponga la frase para que la pueda comprender. Pero una ciclotimia no es una cosa sabia. Es una putada.

“si te sale algo malo en una analítica te”
te qué??? No me dejen así, a medias, por Dios. Es que te mueres, te ponen a dieta, te dicen que es benigno… Depende de donde esté el número rojo, sabe?. Un número rojo en una analítica basta para ponerle a uno negro. O verde. Suerte. (Nos hemos cruzado en el pasillo de algún hospital?)

“Hollister pamplona”
Los Hollister en Pamplona??? Los Hollister en plan PTV??? La verdad es que les pega. Ahora me pegarán los de Pamplona. Los Hollister deben estar ya en un geriátrico lo menos.

“pronunciación correcta de la cancion fame”
Ay. Es que desde que se fue Lindsay…

“Don cicuta un dos tres”
Criando malvas hace un dos tres siglos, el pobre.

“Frenadol y sordera”
Lo que me faltaba! Eso viene en algún prospecto nuevo??

“Chaperos pamplona”
Qué insinúa?

“cómo se cosía antes”
Como mi abuela. Pero se murió. La máquina de coser está quieta.

“Juan jose Ballesta en calzoncillos”
Ves? Es que no falla, oye.

“cortometraje “@wendy” david castillo 2010 mariano jimenez”
Tanto detalle me asusta un poco, sinceramente. Falta decir 9´21´´.

“cuentos para pasar miedo… o no tanto”
Pues en qué quedamos.

“Spianato”
Andante. Chopin. Argerich.

“he soñado que juanjose ballesta me”
te qué?? Todo son intrigas (y morbos) a medias!

“recetas para embelesar hombres”
Yo con un bocata del Pan´s me embeleso solo, la verdad. Pero es que soy algo mustio en estas cosas, dicen.

“Prácticamente perfecta”
Mary Poppins. Nunca se hará justicia a los azules de cielo londinense de atardecer que logró Robert Stevenson en sus pelis para Disney, eso sí que era perfecciones en technicolor. Con un poco de azúcar, esa píldora pasará mejor, no lo olvide. Y dentro del bolso hay una lámpara de casi dos metros. El bolso de Mary Poppins es que es así también: prácticamente lo tiene todo.

“que pasa si gano una matricula de honor”
Pues que te felicitan o te llaman pitagorín. Yo tengo alguna. No sirven para nada.

“al rojo vivo”
Una de dos: o la peli de Raoul Walsh o es la hormona primaveral que se altera. Respire.

“Encuentros en la tercera fase”
Una de dos: que te encuentras a una monja de aquellas o te encuentras con el innombrable. Luego hay una peli, pero seguro que es lo anterior.

“Como decir adios”
Adiós, buenas noches, hasta pronto. Por ejemplo, no?. Es que… qué preguntas.

Status

Aviso a navegantes. La Idea del Norte no ha muerto. La Idea del Norte ha estado harta.

Hostias!

Y cuando ha vuelto, ha visto que ha engordado un poco y anda buscando su nueva talla.

(siempre me dio una pereza terrible lo de los probadores)

En este tiempo, fue el cumpleaños de Fernando, Belén se llevó a los chavales de viaje de estudios, fui de urgencia al médico, leí, releí, me quedé quieto en el sofá o mirando por la ventana, el joven Malvás perdió, Anita se murió (hoy, me he quedado de piedra, Anita fue una señora que siempre se llamaba Anita aunque pasaran los años y era una institución en la vida de muchos de nosotros), pensé, empecé a escribir un mail, lo cancelé, lo empecé de nuevo, nada, mandé a la mierda a (casi) todo y a (casi) todos, probé y comprobé el placer de la ausencia (la mía), me sentí invisible y egoísta a un tiempo, vi Sálvame (qué pasa), me dormí a destiempo, no pude dormirme a su hora, perdí una hora (ayer, tú también la perdiste, nos la devolverá Octubre).

Todas esas cosas.

Incluso hice lo que pude.

Y aquí estamos.

Párrafo

Elizabeth se dedicó a una labor de aguja, y tenía suficiente entretenimiento con atender a lo que pasaba entre Darcy y su compañía. Los constantes elogios de ésta a la caligrafía de Darcy, a la simetría de sus renglones o a la extensión de la carta, así como la absoluta indiferencia con que eran recibidos, constituían un curioso diálogo que estaba exactamente de acuerdo con la opinión que Elizabeth tenía de cada uno de ellos.”

Jane Austen, “Orgullo y prejuicio”

Que el diálogo esté de acuerdo con la impresión de quien observa me parece un momento literariamente admirable.

Primavera

Desde dónde escribo?

Podríamos imaginar que lo hago desde un lugar lejano, frente a una ventana que da al mar; o podríamos imaginar que lo hago desde la mesa de siempre, frente a la ventana electrónica del monitor en el que han ido anotándose posts, uno tras otro, durante cinco primaveras.

Qué más da desde dónde escribo si la voz y la presencia de uno, en internet, es invisible y ubicua, digo estas líneas aquí y allá, y las diré hoy y la semana que viene, según se asome el lector, a las dos o las diez y media.

Pero casi se me olvida que tengo un blog.

A este blog se le han ido cayendo las palabras de las ramas, como si se adentrara en un otoño ahora que el calendario anuncia la llegada de la primavera. Precacución de la primavera. La primavera es una estación con el disco en luz ámbar. Añoranza del invierno. Pereza de la luz. A esto último terminas acostumbrándote, qué remedio, pero empezar la primavera en mitad de un puente, no sabiendo desde dónde escribes porque así lo has decidido al principio del post y habiéndote recordado una voz en la radio que el próximo fin de semana se cambia la hora son muchas cosas cuesta arriba al mismo tiempo.

Lo que me atemoriza un poco de la primavera es la cuesta abajo inexorable hacia un calor insano, hacia unos veranos que ya no se dejan habitar como antes, la asimetría de los paisajes urbanos y humanos, con esas mochilas escolares que aplastan las espaldas y los uniformes bajo árboles chillones, los problemas de cada cual floreciendo mientras una margarita se mece a la brisa silenciosa. Y el final de algo, siempre. La llegada de la primavera me recuerda el cuento del muñeco de nieve, que la tía Carmen dejó grabado en una cinta que es un tesoro, y que siempre, después, hay días buenos.

Este año la primavera deja atrás un invierno lleno de paisajes en blanco en este blog, de ausencia de palabras que al principio me pareció inexplicable y ahora no tanto.

Por otro lado, hoy hace diez años que se nos murió el gato.

Efectos

Escribo bajo los efectos del Frenadol, lo que explicará esta morriña, esta languidez, este qué se yo. Claro que también puede explicar estos efectos, o sumarse a ellos, lo que estoy escuchando a través de los auriculares, haciendo sonoro el silencio nocturno que envuelve el piso, el edificio, la calle y lo de más allá. Más allá es la estación del tren, por ejemplo.

Ahora el Frenadol viene en cápsulas y eso supone un notable avance porque nos libra de su sabor repugnante. No nos libra del mal, sin embargo, manifestado esta vez en algo con epicentro en la garganta y que, mira qué cosa más curiosa, según pasaban las horas del día de hoy ha dudado entre bajar por el pecho o subir a la nariz a moquear un poco. Yo, a mitad del camino, me he dedicado a dejarme caer en el sofá esta tarde tras haber hecho un par de recados que no podían esperar y comprobar que hoy sí, la tarde era de la primavera. Se notaba en la luz, en los colores y en el aire. Pero me dolía todo el cuerpo así que he recalado en casa y me he tumbado en el sofá con vistas a la tarde que quedaba la mar de bien encuadrada por el balcón y mis pensamientos han fluído bajo la influencia letárgica del Frenadol.

Creo que la culpa de este estado la tuvo el paseo del otro día. Salía todo ufano y ligero de equipaje a emular a Charles Dickens, que hacía varias millas diarias a toda marcha cuando me topé con Camino, Fabiola y Fefa, y la una me dio un beso y me dijo que vas muy fresco y la otra me dio un beso y me dijo vamos a ver si nos ponemos el gorro de esa sudadera por lo menos y la otra me puso el gorro, me dio el beso y luego las tres me dejaron en actitud manufacturada, no sé cómo explicarlo, y allí que me quedé con la cara besada y el gorro puesto y un a ver cuándo tardamos en quitarnos el gorro que se escuchaba desde atrás, porque era lo que decían Camino, Fabiola y Fefa yéndose adonde fuera mientras yo me quedaba escuchando la hipnótica voz de Corinne Bailey seduciendo los sentidos a través de los auriculares. Al doblar la esquina, me quité el gorro de la sudadera y puse marcha dickensiana a 5 km con el viento norte, el sol decayendo y el moquiteo asomando a mitad de trayecto.

Es por eso que deduzco que de aquellos mocos, esta tarde de sofá y habitación iluminada por un sol de ámbar y un azul de jardín, porque hay azules de jardín y surtidor y nostalgias, lo prometo (para qué detenernos en explicaciones), vislumbrándose tras la cortina. Las cosas perdidas debieron extraviarse en los rincones de los atardeceres de primavera y a veces yo pienso un poco en ello, como quien visita un santuario en silencio y después paso a otra cosa, como comer una manzana verde, sentir los efectos del Frenadol y echar en falta ciertos afectos que vienen a la memoria desde 1995 lo menos, obviando a continuación todo lo que no sea la plena toma de conciencia del paso de los minutos mientras la tarde se cierra en un silencioso eclipse.

Historias

Kirmen UribeLeí en un par de tiradas “Bilbao-New York-Bilbao” de Kirmen Uribe, libro que había despertado mi curiosidad. Llegaba con ciertas turbulencias porque, tras haber ganado el premio Nacional de la Crítica en 2008, en 2009 se alzaba con el Nacional de Narrativa sin haber sido traducido del euskera al castellano, lo que llevó (o trajo, según vayas o vengas del viaje y te sientes a la derecha, a la izquierda o en el centro del avión) la polémica. Ya pasó lo mismo en 2002 con el tranvía de Unai Elorriaga pero entonces la cosa quedó en menos ruido pero sí en un plus de alabanzas en plan pues imagina cómo será el libro para conseguir eso. Y aunque para muchos fue un libro pueril, otros encontramos en esa gozosa y aparente puerilidad el milagro feliz del libro. Uno comprende, sin embargo, que haya aspectos en Uribe que aviven polémicas de ese tipo, lo que no quita para entrar en el libro con la misma curiosidad (estrictamenbte literaria) con la que comenzaba este párrafo.

“Bilbao-New York-Bilbao” es un curioso ejercicio metaliterario; es decir, nos habla del proceso de gestación y construcción de una novela que es la propia novela sin que esta llegue a ser novela del todo una vez aterrizados en la última página, lo que deja una sensación de levedad en el aire, como si parte del equipaje se hubiera quedado en algún punto del trayecto de ese viaje Bilbao-New York (vía Frankfurt, por cierto, cosa esta, la de las vías aéreas, que nunca entenderé muy bien) y aun así no echemos nada en falta.

Transparente como es el libro en sus intenciones, el propio Uribe le cuenta a una pareja ocasional de viaje sus intenciones en mitad de la travesía:

Le expliqué a Fiona el proyecto de la novela. La idea había tomado cuerpo y al final se estructuraría en torno a un vuelo entre Bilbao y New York. El reto consistía en hablar de tres generaciones distintas de una familia, sin volver a la novela del siglo XIX. Expondría el proyecto de escritura de la novela, y fragmentariamente, muy fragmentariamente, historias de esas tres generaciones”.

Pero lo bueno del libro no está en el juego literario que propone ni en el propósito (hábilmente conseguido) de, efectivamente, subir y bajar por las ramas del árbol genealógico con una agilidad moderna. Lo mejor son las historias. En la práctica, las historias de Uribe son fragmentos que salen al paso de la historia y no se limitan únicamente a las de dichas generaciones, sino a cualquier cosa que a él mismo le recuerde una propia. Y no son pocas. Uribe es uno de esos tipos que encuentran historias (siempre pequeñas, siempre interesantes) debajo de las piedras y uno tiende a pensar, mientras pasa página, que debe ser una de esas personas a las que te quedarías escuchando largo tiempo mientras tomas algo con él. En definitiva, que es un narrador nato. A los contadores de historias es un placer escucharles, por la historia o por la manera de contar la historia, con esa sencillez en la exposición de las cosas y, al mismo tiempo, la capacidad para atrapar el interés.

El tufillo viene de algunos párrafos aislados que tiran para casa de una manera que a mí siempre me ha chirriado, ya sea dicha casa la casa de lo vasco, lo catalán. lo murciano o lo de Tombuctú. Me da igual, pero me chirría un poco el rollo reivindicativo de lo autóctono cuando está entonado en cierta tesitura, no sé. Debe ser cosa del oído. Que Uribe nos transmita su emoción ante la definición de que el euskera es “la lengua del mapa del tesoro porque está llena de x” puede entenderse, porque a la gente le gusta que le alaben lo propio, pero que nos muestre su disgusto porque el hijo de su pareja juegue en la Play con un Athlétic de Bilbao virtual que tiene un negro en el equipo es una cosa que no sé pero que qué se yo.

Lo mejor es volver al mar desde donde cuenta la mayor parte de las historias del pasado una vez pasada la página.

Ventanas

AvatarTodo territorio de fantasía tiene un peaje y una puerta de entrada. Para que Alicia entrara al País de las Maravillas necesitó comer y beber (no sabemos qué contenía exactamente lo que comió y bebió) y para que los niños Darling salieran volando por la ventana que a su vez era la entrada al País de Nunca Jamás recibieron unos polvos mágicos (no sabemos si por fuera o por vía nasal). Lo uno y lo otro harían arrugar la nariz a la liga de la neurosis imperante que se encarga por velar de lo políticamente correcto. No es el tema. Sigo. Para entrar en Pandora, última maravilla territorial de los sueños, necesitas unas gafas que te entregan al comprar la entrada del cine. En la entrada no pone Cómeme ni Bébeme, eso lo sugieren por sí mismas las palomitas y la Pepsi pero una vez recibes la invitación para ponerte las gafas

(llenas de roña, por cierto)

la pantalla se convierte literalmente en una ventana abierta. No hay más que dirigir la vista hacia las esquinas de la misma y uno siente un cierto vértigo. Ganas dan de estirar el brazo en el convencimiento de que allá no vas a tocar material alguno, sino que vas a traspasar el muro blanco que allí había hasta que las luces se han apagado y podrás entrar allá, en el deslumbrante mundo de Pandora.

No es por llevar la contraria, pero oído una y otra vez que mucho ruido y pocas nueces, expresión que traducida aquí viene a decir que mucho mundo maravilloso pero una historia de lo más flojito y convencional, me atrevería a recordar que las fantasmagorías de Méliès se cimentaban en la propia materialización ante los ojos de un escenario teóricamente imposible y bastaba y sobraba. El cine, antes de servir como vehículo a la expresión dramática, era eso: sueño, magia, oh, ah. Y se encendían las luces. Si tenemos en cuenta eso, qué más da que este Méliès megalómano de los USA haya hecho de la historia el colmo de lo trillado y lo facilón, los buenos contra los malos, los militares de cabeza cuadrada contra el ecologismo de la madre tierra, las energías que todo lo unen y el ohmm, ohmm y tal.

Qué más da.

Le pediríamos y le pedimos, aunque ni falta hizo, un guión con todas las dimensiones psicológicas a un Rohmer y con todas las costuras bien cosidas por punzadas de ingenio a los Diamond y demás, pero aquí las dimensiones, tres, de este NeverLand de seres azules y de cosas increíbles cumplen a la perfección su afán de espectáculo alucinante y alucinógeno, con esas hojitas de árboles y pólenes diversos que uno “ve” flotar entre algún lugar impreciso del patio de butacas y de otro lugar más al fondo que, a su vez, se pierde en el infinito.

Cada cierto tiempo, una puerta te incita a cruzar el umbral que te llevará al territorio donde se alucina un rato y donde no te preguntas (es el hechizo el responsable, seguro) cómo es posible que cupiera tanta gente en la bala cohete que impactó contra el ojo de merengue de la Luna llena de Méliès; es más, ni siquiera te preguntas cómo ese señor viejecito que agita el bastón pudo bajar tan ufano del proyectil tras la odisea gravitatoria y sin que sus pantalones del domingo recibieran ni un así del merengue ocular. Y pasando tantas cosas y tan asombrosas, no pasa nada.

Pasatiempos

Estoy haciendo un crucigrama con mi sobrina, que hoy no ha ido al cole porque ha estado pachucha. Es un crucigrama sobre frutas. En realidad, no es un crucigrama, pero ella lo llama así. Un crucigrama infantil parece cosa fácil pero a veces hay que hacer trampa y poner la hoja boca abajo para ver la solución. Por qué? Porque hay frutas que no son infantiles, eso primero. Y porque los dibujos que acompañan al crucigrama para echar una mano a veces despistan mogollón. Por ejemplo: arándanos. Eso no es una fruta infantil; de hecho, dudo hasta que sea una fruta pero si lo dice el crucigrama, pues será. Si además el dibujo que lo acompaña es algo que, según, parece un conjunto de uvas negras y según, parece un trozo de turrón de chocolate Suchard, con sus grumos de arroz, pues no hay otra que hacer trampa y volcar la página para ver la palabra que entorpece una labor que, por otra parte, Isabel resuelve con velocidad y sin dudar. Isabel es rápida en cazar las palabras, o en adivinarlas, y metódica a la hora de hacer los pasatiempos: tacha las definiciones que ya ha resuelto y hace las cosas en orden. Cuando duda, prefiere mirar un rato la pantalla del Disney Channel antes de preguntarme y aunque en el Disney Channel salen unos dibujos animados ocupados en salir de una gruta misteriosa, parece como si allí obtuviera Isabel la respuesta porque vuelve a empuñar el boli con seguridad y escribe letras mayúsculas en las casillas correspondientes. Eso estamos haciendo mientras esperamos la hora de la comida. Hay arroz, creo.

Good bye

Hi Mariano,
I’m really happy for you that you made your own short film; I think that it’s really great.
Unfortunately, I have some bad news and Bob and I must go back to the US. We will be staying there and not returning to Pamplona. This news came very suddenly last weekend and we had to decide what to do quickly. It is the best decision overall, but a sad one at the same time.
You know that I, too, really enjoyed our classes, and it has been a pleasure to know you.
Could you give me your address so that we can keep in touch?
Take care of yourself and good luck in all that you do,

Lindsay

Fue leer este correo inesperado y se me saltaron las lágrimas y se encogieron las palabras. El blog sabe. Y comprende.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Un recuerdo (muy cariñoso): aquí

Firma

Suena el teléfono muy de mañana y lo dejo sonar hasta que, segundos después, abrazado a mi almohada, mis sentidos se ponen en guardia al escuchar la voz tranquila, siseante pero un poco aturullada del funcionario de la cosa de la propiedad intelectual. Glups. Qué le pasará a este hombre para llamar contra todo pronóstico, cuando hace dos semanas dijo que no hablaría hasta dentro de seis meses para certificar si lo que surgió de mi limitado intelecto me pertenece o no. Qué habré hecho, o deshecho, para que lo haga además a esta hora. Todas estas cosas pienso mientras su voz plana, que apenas se eleva unos milímetros sobre el nivel de la gana o la desgana, me pide que le llame al teléfono que recita a continuación.

Me incorporo. Cualquiera hace como si nada.

Quince minutos después estoy con el auricular en la mano, aclarándome la garganta, y escuchando la señal intermitente de llamada. Al principio estoy un poco inquieto, como si llamara para el resultado de unos exámenes, unos análisis, una sentencia, qué se yo, pero al decimoquinto tono ya me siento más tranquilo, sospechando, y así lo confirmará el reloj, que este hombre, diligente como pocos en el cumplimiento de las costumbres y del deber, se ha cogido la sagrada media hora del almuerzo.

A esperar.

Lo bueno que tiene haberle pillado el punto a la psicología de este funcionario en las tres veces que nos hemos visto a lo largo de la vida es que uno sabe que a la hora en punto se encontrará sentado en su mesa, allá en ese edificio palacio lleno de escalinatas amplias y largos pasillos donde un bedel con un ojo caído del aburrimiento te da los buenos días con un movimiento de cuello de dos milímetros antes de dirigirte a una puerta de altura infinita y manilla de metal, una de esas puertas de estilo Luis algo aunque el estilo venga deslucido por ese folio adherido a la madera blanca donde el tóner de una impresora láser hace saber, plantilla de Word mediante, el horario de atención al público.

Dentro, rodeado de legajos que siempre han llamado mi atención porque, o bien se reciclan los contenedores de archivo de finales del XIX para registrar lo que en esta tierra se discurre o ya no se discurre como antaño, sentado a una mesa baja, en mitad de todos esos bultos irregulares en forma, tamaño y apretura de cordeles, está él, siempre mirando en contrapicado, las gafas aumentando el tamaño de sus ojos, las manos temblorosas jugando con las esquinitas de los impresos 710 y 720 para que queden bien alineados. Cuando este hombre deja las manos libres, estas se ponen a temblar ostensiblemente, normal, normal que hagan eso, normal que cuando te hable cierre los ojos como en un clic que es, a su vez, un tic nervioso y que el discurso siseante a veces se aturulle en alguna sílaba y, por tanto, necesite entregarse al juego de doblar alguna esquinita de papel, porque este hombre tiene presente en todo momento la totalidad de las disposiciones, artículos, apéndices, anexos, complementos, excepciones, apéndices al apéndice de la disposición anterior y, por supuesto, un archivo mental de todos los boes, los bons y demás documentos de letra pequeñísima, llenos de números romanos que, si tanta pereza da mirarlos, ni te digo lo que tiene que dar leerlos y hasta aprenderlos.

Admirable lo de este hombre, cuyo tesón en tensión hace que sus manos tiemblen inquietas y alguna sílaba se le mezcle con la siguiente.

Sí, ha contestado su voz al otro lado del hilo telefónico. Lo del hilo creo que se estila tadavía en la cosa literaria pero es cosa más retórica que real; hilo, lo que se dice hilo, ya no debe quedar mucho con satélites, móviles, wifis y demás. Hay que añadir, de paso, que el ha sido expresado sin interrogación, ni al principio ni al final. Todo neutro.

Presentaciones al margen, he ido al grano: qué ocurre. Pues ocurre que en el impreso tal presentado por usted con fecha tal hay un, eh, un error de procedimiento. Error de procedimiento? Sí, error de procedimiento. Cuál. Pues verá, es que la firma que lo acompaña. Me olvidé de firmar?? No, no, el documento está firmado pero, verá usted, la disposición reglamentaria dice que dicho impreso debe ser firmado en mi presencia.

(…)

Por lo tanto, deberá usted pasar por el departamento para proceder a la firma en nuevo documento y, posteriormente, le entregaré una copia del mismo junto a un impreso para que proceda al ingreso de cuatro euros y diecinueve céntimos en una entidad bancaria; después, usted se quedará la copia rosa, el banco se quedará la copia azul y deberá traerme de vuelta el original para poder tramitar su solicitud.

(…) Bien, intentaré pasarme la semana próxima.

No podría ser a lo largo de esta semana?

Hombre, no corre prisa tampoco, no? Quiero decir, que si algo es mío lo será la semana que viene.

Es que, verá, tengo por norma y costumbre entregar durante la primera semana del mes en curso la documentación recopilada en esta oficina durante el mes anterior aunque, claro, bueno, eh, bien, eh, creo que no tendría mayor importancia tramitar su solicitud la primera semana del mes próximo, aunque en los documentos figure una fecha que no se corresponde con, bueno, creo que me entiende.

Claro, claro (…)

De acuerdo, entonces, si usted no tiene alguna cuestión adicional que hacer aprovechando esta comunicación, le espero en este departamento cuando usted lo considere oportuno.

No lo dude, estaré lo antes posible para que pueda tramitar el expediente. Muchas gracias por la llamada y buenos días.

Buenos días y, bueno, buenos días.

(Clic)