Archivo por días: 24 febrero, 2010

Espejo

David CastilloPasé el fin de semana en Madrid invitado por David y su familia y la experiencia fue muy reconfortante. Hubo tiempo para muchas cosas. Muchas cosas es relajarte frente al acuario al que David dedica tantas y tan minuciosas atenciones, contemplar el Guernica de Picasso en el Reina Sofía mientras afuera caen chuzos de punta, comer un pollo exquisito y tener una conversación tranquila en la buhardilla y así hasta que llega el domingo por la tarde y se acerca la hora de salida del tren. También es visionar por primera vez “@wendy”. Estreno. Lo habíamos pactado entre los dos en los tiempos de los ensayos, allá en el verano pasado: que veríamos el resultado los dos juntos, a solas, y luego haríamos un pase para la familia. Es lo lógico cuando el trabajo fue un mano a mano concienzudo. En el trayecto en tren hubo un par de veces que dirigí la vista hacia la mochila donde llevaba el disco duro que contenía el corto y me hice preguntas, claro, como por ejemplo cuándo sería el instante.

El instante fue pasada la media tarde del sábado, frente al monitor, en la habitación a oscuras, como dice Leopoldo Panero en unas letras de 1968: Peter Pan es sólo un nombre, un nombre para pronunciar a solas, con voz queda, en la habitación a oscuras. Reviví de una manera muy directa aquellos ensayos del verano en los instantes previos a visionar el resultado de todo ese trabajo, David a mi derecha, yo a su izquierda, ambos frente al monitor y ambos con una inquietud cómplice. Me costará olvidar la imagen de David viéndose a sí mismo, mirándose en un espejo en el que la imagen reflejada llegaba con unos meses de diferencia, hacia atrás o hacia adelante en el tiempo, según fuera el lado que mirases.

Al otro lado del espejo, David decía sus frases una tarde de septiembre que la cámara, que todo lo inventa, registró como si de una madrugada a la luz de la luna se tratara; en este lado del espejo, David movía los labios sin darse cuenta en un curioso playback silente que reproducía fielmente lo que él mismo hablaba en la pantalla. Mientras lo hacía, unas lágrimas le resbalaban por la mejilla y yo me preguntaba qué razones llevan a la memoria para conservar intactas 740 palabras. El fundido en negro final puso una luz en alguna parte de los dos después de compartir unos segundos de silencio, un abrazo que anunciaba y celebraba la llegada a la meta y un intercambio de impresiones posterior que, según observé, transcurrió en un tono casi susurrante. Luego hicimos el pase para la familia, sentados ellos, quedándonos de pie en la retaguardia nosotros, y nueve minutos y veintiún segundos después los abrazos, las sonrisas y las emociones se hicieron plurales. Ahora ya lo podrá ver quien quiera y decir lo que quiera al respecto. Para nosotros, “@wendy” tiene un significado particular y creo que compartimos la sensación de que el destino lo dispuso todo para que coincidiéramos porque nos teníamos que encontrar. Encontrarse en el poema de la pérdida que es “@wendy” no deja de ser curioso. Mirar en el espejo del otro devuelve una imagen nítida de uno mismo. Eso es lo que aprendes cuanto estudias el guión.