Historial

Y los médicos? Qué pasa con los médicos que no salen por aquí?

Pues no salen porque no están, no hay médicos, no ha habido tiempo ni para eso. Pero debería retomar el contacto, a mi pesar. Volveré al redil del pasillo infinito del hospital en la próxima citación, qué remedio. Lo he pensado y decidido hoy en el tren que me traía de regreso de un día de asueto en Zaragoza (asueto pasado por agua y alguna rebajilla que ha caído aparte del agua pero asueto a fin de cuentas). En el tren, a media tarde, un universitario se ha sentado al otro lado del pasillo y una fila más adelante de la mía, lo que me ha permitido ver cómo sacaba de la bolsa de viaje un libraco recién horneado de esos de encuadernación cosida a la antigua y cubiertas de piel (igualmente antigua la cubierta, como antigua la tipografía y el diseño -escueto- de la portada).  Se diría que era un libro de los que los abogados tienen en sus despachos, pereza de libros esos,  si no fuera porque el ojo ha visto, ajá, que se trataba de un libro de medicina, Patología General. Si no era patología, general desde luego que sí que era. He alzado la ceja ante tan voluminoso pedazo de libraco pensando en la de patologías generales que hay; de las puntuales ya ni te cuento.

El chico ha abierto el libro por una página cualquiera con la curiosidad de quien dice: lo tengo al fin o, quizá, madre mía dónde me he metido. Y es que cuando de patologías generales se trata es lo que pasa: que se requieren pruebas que nos conduzcan a un diagnóstico puntual. En eso estaba yo (y el tren, que ha ido a la hora todo el rato) cuando, así, a ojo, el papel del libro, su grosor y su blancura han dado un resultado como de bata blanca, esto es, marcando distancias. El tipo de papel y su blancura es importante como soporte de la historia (y del historial). Uno no podría leer La Isla del Tesoro en ese papel. Jamás. Ahora, ilustrarse sobre una pancreatitis no digo que no. El chaval se ha detenido en un párrafo de página izquierda. Con la mano derecha mantenia el libro abierto sobre la mesita desplegable del respaldo del asiento delantero. Con la izquierda hacía unos movimientos sobre la barbilla con una concentración y una parsimonia no muy propias de un veinteañero, la verdad, pero es normal que una patología general tan voluminosa te espabile antes. Algo interesante o misterioso o ambas cosas a la vez debía contener el párrafo en cuestión porque, sin dejar de tocarse la barbilla, ha girado la cabeza mirando sin mirar a través de la ventana de mi lado con expresión de antibiótico y se ha quedado pensativo un rato.

¿Puede figurar lo mío en un manual de Patología General? Seguramente. Pero, y qué dirá? Describirá pero no llegará a conclusiones. Dirá algo sobre el elixir 2.0? No lo sé pero no importa; si hace falta, ya lo digo yo. Los efectos deseados del elixir 2.0 siguen disminuyendo mientras los no deseados siguen aumentando. En ambos casos, en el descendente y en el ascendente, lo hace a poquitos. Pero como diría la Maura en el anuncio aquel, tacita a tacita, pues al final te quedas un poco mosca.

Va una frase que parece sacada de otro post pero que, como se verá inmediatamente, está en su sitio: me gustan los garbanzos.

De hecho, me parecen un manjar.

Pues ya no puedo comerlos. La razón: no puedo digerirlos. Es imposible. Dice el médico: es normal, y dice que un efecto secundario afecta a la mucosa gástrica. Dicho eso por él, digo yo que hay que señalar dos cosas: una, que la frase de los garbanzos tenía su sentido y dos, que me llama mucho la atención que como lo dice el prospecto, la anomalía se convierte automáticamente en normal. Es normal, dice el médico. Y discrepo (aunque me sigo quedando sin garbanzos).

Pensando estas cosas he vuelto a tomar conciencia del vagón del tren en el instante mismo en que el aspirante a médico ha procedido a practicar una incisión con un boli bic en el libro inmaculado y he cerrado los ojos en un ay ay ay y he puesto una expresión así, sí, como de aprensión al presenciar la sorpresiva y sorprendente intervención en la piel nueva del libro, la sangre pasando a través de la vena azul del boli bic.

Qué tío.

Los dedos. Qué les pasa. Pues que ya que estamos de incisiones, les pasa que los tengo llenos de cortes pequeños, como si me hubiera cortado con una hoja de papel o una cuchilla de afeitar y dichos cortes parten de los laterales de las uñas hacia la carne. Escuecen. Que pase en un dedo, pase, valga la redundancia; que pase en casi todos los dedos es una redundancia digital que escuece en eco y también es debida a un efecto secundario que afecta a la piel. Por otro lado, sigo tomando mis tres lingotazos diarios de antiepiléptico aunque sigo sin tener epilepsia pero debo hacerlo para mantener tranquilo al TAG o Trastorno de Ansiedad Generalizada, que es como el baile de san vito pero generalizado, como el libro de Patología General que el estudiante sigue consultando tras haber dejado en él una cicatriz mientras el tren va a lo suyo, y que sólo parece detenerse, el baile, no el tren, cuando le habla el antiepiléptico.

Tanto el TAG como su extraña amistad con el antiepiléptico también son efectos secundarios. Afortunadamente, la estadística creciente de porcentajes y variedad de procesos tumorales no se ha fijado en mí (toquemos madera). Mejor no pensarlo, no vaya a ser que el TAG se nos altere, que lleva una temporada obediente, es tarde, hay que dormir y me va a dejar hacerlo.

Buenas noches.

4 pensamientos en “Historial

  1. toni

    me alegro de que tuvieras nostalgia del blog. y de que hayas ido a Zaragoza por un asunto asuetil. y me gusta leer tus historias sobre libros de patología general. pero leo un cierto me están empezando a tocar los cojones con tantos efectos secundarios, así, metido entre líneas. y no me queda sino poner en una caja un montón de ánimos y lanzártela al aore, a ver si llega y llueve un poco de este sol que hoy ha salido y que te regenera la neurona y la piel, como a Superman. lo de si da superpoderes, es mejor que lo dejemos en secreto, a ver si luego tenemos lío con las dobles identidades. lo dicho, mucho ánimo y un abrazo de los de cuánto me alegro.

  2. ilovecomposition

    Mucho ánimo Mariano. Eres el guerrero más valiente, fuerte, constante y tenaz que he conocido nunca.

    Un abrazo muy muy muy gordo.

  3. bELÉN

    Jo!!! Yo tambien he estado en Zaragoza!!! Qué gracia si nos llegamos a encontrar!!! Lo de las rebajas ya me supera… Y al pasar por Tudela me he acordado de tu niebla y tu “novela”…
    Yo no puedo con las lentejas, se me “quedan” ahí… pero ahora las hago pure con la minipimer y de maravilla…
    bs

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