Relojes 3 febrero, 2010
Escrito por emejota en : Libros , 2 comentarios , trackback“He visto antes, no sé dónde, este mundo de cartón, en el que todo es de color pardo o rojo oscuro o amarillo o sin luz” (Jean Rhys, Ancho mar de los sargazos)
Hay veces en que yo recuerdo que:
Se lo dije a Patricia. Lo de Unai. Que habÃa una novela preciosa, la del tranvÃa, tan llena de tanto en frases tan cortas y con esa cadencia repetitiva. Por ejemplo, dirÃa Unai sobre lo anterior: “La del tranvÃa. La novela del tranvÃa. Estaba llena de frases cortas. La novela de Unai. Otras igual no tanto pero la de Unai sÔ. Asà es como lo dirÃa más o menos y nos gustarÃa un montón. De esa manera empezó todo. Eso era cuando todavÃa no sabÃamos que Phineas iba a estar esperando en el tejado diecisiete, sentado con dos manzanas asadas sobre los muslos y mirando la llegada de los trenes por si regresaba Sora. Sora no llega. Ni en un tren ni en el siguiente. Igual mañana. Tampoco sabÃamos de la existencia de las cinco grabaciones de Londres, las grabaciones que dejaron los doctores antes de marcharse allÃ, huyendo. PodÃamos intuir que tras ese mundo amable, distinto, tan nuevo y tan de Unai, habÃa un poso triste. Eso ya pasaba en algunos rincones de la novela en la que empezó todo. La del tranvÃa. Lo que no imaginábamos es que nos Ãbamos a encontrar con el tiempo con una novela de cartón que sucede en los tejados y que nos encogerÃa el alma por su crudeza primero y después por su maravillosa belleza de juguete.
Quizá por eso no importa que no haya frases cortas. Ni repeticiones de palabras. Alguna sà que hay y también cosas nuevas que te dicen: soy Unai. Y sonrÃes. Pero aquà desde los tejados de los párrafos se ven cosas extrañas: se ve a Phineas, y a Datos y a otros que vienen. Y aunque Unai te asegura que tienen más de 30 años y que incluso van a trabajar por las mañanas sólo eres capaz de visualizarlos en pantalón corto teniendo lo más 15 años. Y eso yendo para arriba. Puede parecer raro eso si no conoces a Unai. Si le conoces ya no es raro sino que todo es normal y además hasta te gusta.
Aquà hay una fábula cruda sobre los efectos de las dictaduras, los fascismos y de las cosas de color de plomo. Y sobre el miedo, sobre todo sobre el miedo y las ausencias de las personas que se salen de la lÃnea roja que marca el miedo. Si te sales de la lÃnea desapareces. En la forma de la historia hay fragmentaciones y una novela paralela a la novela. Los Informes Errun siguen sin encontrarse. A Raquel también se lo dije. Lo de los informes no, lo de Unai. Le dije lo del tranvÃa como a Patricia y le invité a subir y dijo que sÃ. Pero por teléfono le avisé el otro dÃa que Londres es de cartón y que a ver qué tal. Seguà leyendo. Mr Mallowan pregunta sobre la bicicleta en el Londres de cartón pero en el otro sitio, que no sabemos cuál es ni falta que hace porque nos lo podemos imaginar, el doctor Bornas da pistas en una de las grabaciones de Londres que escuchamos clandestinamente en una habitación sin ventanas pero con un busto de Mahler en un rincón.
Mitrofan es el Mobutu o el Kim Jong-il de esta historia y los carboneros llevan gabardinas y hacen cosas malas a la gente y mientras Unai nos lo cuenta nos ahorra datos. Nos ahorra el dijo o el dice, por ejemplo. En esta novela, si Phineas dice Hola lo dice asÃ: Hola -Phineas y no Hola -dijo Phineas. A veces hasta lo dice con un punto y aparte entre el Hola y el Phineas. Unai ahora no juega a repetir palabras como medio para establecer su deliciosa cadencia verbal sino que ahora ahorra cosas o las cambia de sitio. La forma es otra y el fondo también, siendo él el mismo.
Que Londres sea de cartón es una cosa que queda clara en la portada. Luego dentro lo pasas mal un rato y después las cosas te sorprenden y te invitan a jugar y para cuando terminas el libro ya sabes que se va a quedar contigo. Como el del tranvÃa. A Unai sólo se le puede querer tanto si se empieza subiendo al tranvÃa y pillándole el punto al viaje. Si no, igual no importa que miss Podgers hable o guarde secretos. Phineas lleva reloj. Y para Mr. Mallowan, dos manzanas en cursiva.
Eso es lo que yo recordaré, seguro, muchas veces.