Muda

El calendario dirá lo que quiera, y el cambio climático, y el hombre del tiempo, y estas nieves que coronan las montañas a ambos lados de la vía, y el frío en el ambiente, dirán lo que quieran, pero hoy vibraba en el aire un asomo de primavera. Que cómo se sabe eso? Lo sabe un sabor que tienen ciertos colores que pasan fugaces ante la retina y luego vuelven a su sitio, como si estuvieran probando cómo quedarán en las fachadas; lo saben los ojos y un algo que gira en el pecho y un hormigueo por los hombros. Aún llegarán borrascas y días grises, de esos que si caen en sábado y por la tarde le hacen añorar a uno cuando estaba por casa en pijama en un sábado de la EGB y veía una película de Simbad en la tele o leía algún libro de aventuras de esos que ponían los ojos muy redondos. Pero todos los años, o casi, este blog ha dejado constancia del momento en el que la primavera hace un fugaz ensayo general colándose entre los abrigos y las prisas.

La primavera la sangre no me la altera, será porque la tengo alterada todo el año, pero me infunde temor, aunque tenga temor el resto del año. Pero es que sentir temor con el olor vegetal de lo verde en la nariz y un sol brillando con descaro siempre me ha parecido una cosa rara, una disonancia, como quien se muere en un hospital mientras una margarita hace así y así balanceada por una brisa suave. Esta tarde entraba en el campus de una universidad y el azul y el verde insinuaban que puede que no estén las cosas hechas para que alguien de la espalda y se ponga a hacer cosas raras a la sombra de los muros sobre derecho o matemáticas o historia de las civilizaciones antiguas. Me he acordado de Debussy haciendo sonar “El Mar”, aunque cuando me acordaba tenía delante de todo menos mar, y me he preguntado si ese mar necesitó visitar previamente sombras de cátedra y monotonías de goma de borrar. Y sí, claro. Pero este hombre seguro que nunca dio la espalda al espectáculo. Eso es lo que suele fallar ahora y en la primavera, cuando se gradúan los chavales, los discursos no hacen mención a esas cosas pero tampoco parece importar a efectos del correspondiente expediente.

2 pensamientos en “Muda

  1. toni

    por aquí, el primer asomo de primavera son las flores en los almendros. todo se llena de blanco, como si hubiera nevado sobre las copas de ciertos árboles, pero dejando entrever esos colores que, como tú dices, quedan bien en los tejados. luego, el resto se llena de verde. de momento, sólo hay alguno, aquí y allá. y eso ya es buena señal. aunque a mí me sigan gustando más los otoños y los inviernos.

  2. C.

    Ayer no vi asomos de nada. Entré a clase a las cuatro y para cuando salí era noche cerrada. Pero anoche tuve yo también una nostalgia espesa de las tardes de EGB, mientras explicaba a Íñigo quiénes se asomaban por la tele a la hora de la merienda, solo un ratito y en blanco y negro. Él escuchaba como cuando escuchaba yo a mi madre o a mi padre hablar de otros tiempos que parecían lejanísimos. Para mí eran tiempos en sepia; supongo que él los ve con esos tonos desvahídos del superocho y de aquellas fotos cuadradas en color llenas de señoras con el pelo cardado, hombres patilludos y niños bien ceñiditos en su oriller de nailon.

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