Salinger

He leído en el tren el titular de que había muerto el Guardián entre el centeno y el resto del artículo ha quedado diseminado sobre las vías. La primera vez que levanté la ceja ante un texto fue al leer el párrafo inicial de la novela de Salinger, tan transgresor el fragmento, haciendo saltar por los aires las convenciones establecidas. Lo aprendí de memoria y desde entonces me ha tocado repetirlo en las ocasiones más extrañas, ante el micrófono de una emisora, por ejemplo, o en mitad de una clase sobre Haydn, por poner otro ejemplo. El caso es que siempre venía a cuento y, si no, no pasaba nada.

A mi adolescencia le interesó el escritor, de nombre J.D. El inolvidable crítico cinematográfico Alfonso Sánchez dijo en una ocasión que a ver qué pasaba con ese señor de nombre H.C. Potter que en 40 años dirigiendo películas todavía no se había hecho un nombre. Es gracioso el comentario, no me dirás que no. Para la adolescencia, que es muy de idealizar y mitificar así como de lo contrario, las iniciales J.D tenían su punto porque eran la prueba impresa, en letra grande y en portada, del misterio que había dentro de un escritor del que apenas se sabía nada hasta que apareció aquella única foto en blanco y negro en la que con cara de te vas a comer esa cámara, un tipo delgado se acercaba a la ventanilla del coche de un fotógrafo en los albores del paparazzismo. Cuando ví esa foto, me pareció un fotograma del comienzo de “La noche de los muertos vivientes” de George A. Romero (George A. Romero se hizo un medio nombre y por eso tenía poco misterio; de ahí, probablemente, que subiera de nivel e hiciera películas de terror). Me parecía a mí uno de esos muertos raros J.D Salinger, como el que sale al principio de la película caminando por el cementerio con el traje de los domingos y esa cara blanca y expresión de mala leche. Creo que la clase de blanco y negro de la foto contribuyó a la asociación.

Pero lo de la foto estaba al final y el párrafo inicial de El Guardián estaba, obviamente, al principio, y por la mitad me encontré con Holden Caulfield y pasó, como pocas veces, que me daba respeto Caulfield porque a veces se le cruzaba el cable pero al mismo tiempo se quedó en el corazón, porque era así pero no, o era así como consecuencia de. En cualquier caso, me impresionó muchísimo ese viaje iniciático tan duro y tierno, tan desamparado el adolescente protagonista y tan valiente y tan derrotado y tan mierda. No sé, es lo que tiene, supongo, ser un adolescente y que además te llames Holden Caulfield y empieces a largar tu historia con un párrafo así.

También me impresionó la voz del narrador de la novela, tan preocupada por mantener una distancia que apenas se esforzaba en disimular un velar, un querer, una identificación con el muchacho, en las duras y en las maduras. Y la melancolía, entre briznas de rudeza. Y el guardían entre el centeno, vigilando para que los pequeños no caigan hasta hoy, que se ha muerto mientras el tren volaba a 300 por unas vías con brillo de plata bajo una luna llena muy blanca, como de nata. Pensaba yo entonces que “El Guardián entre el Centeno” es uno de esos libros que queda como una sopa emocional que te nutre para siempre, da igual si te acuerdas de todos los ingredientes o si sólo recuerdas el sabor cuando acercas la punta de la lengua a la cuchara. No ha dado tiempo para más porque el tren ha llegado a la estación con algún minutillo de adelanto.

5 pensamientos en “Salinger

  1. camille

    Supongo que la adolescencia comienza leyendo ese libro, en ese preciso instante en el que lo abres.
    Aunque eso era antes, mucho antes, de la play station.
    Movió mareas este hombre. Y perdimos muchas cosas. Lennon fue una de ellas…

  2. Marlene

    “No importa que la sensación sea triste o desagradable,pero cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta de que me marcho. Si no luego me da más pena todavía.”
    “Los libros que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlo piensas que ojala el autor fuera amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras”
    Estas dos frases creo que me siguen impresionando tanto como cuando las leí en el libro por primera vez y ya no era adolescente.
    Ahora nadie mas le molestará,ni tendrá que poner esa de asusta niños…

  3. Eduardo Larequi

    He llegado a tu blog por recomendación de una común amiga, Belén Ruiz. Estupenda la entrada sobre Salinger, aunque no sea santo de mi devoción (yo leí, ya talludito, El guardián entre el centeno, y me pareció una obra de escaso fuste, pero seguramente estoy equivocado). Y todavía más estupenda la entrada-crónica sobre el concierto de Lang Lang.

  4. C.

    Hombre, al fin encuentro a alguien que piensa como yo del guardián. Me alegra saber que no soy la única en el mundo…
    Coincidimos, eso sí, en lo estupendamente que escribe emejota (y la verdad es que casi siempre tiene razón). :)

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