Latidos 23 enero, 2010
Escrito por emejota en : Libros“Love is dangerous for your tiny heart even in your dreams”
“La mecánica del corazón”, tic tac, es un librito extraño. Empieza en Edimburgo el dÃa más frÃo de la historia y eso ya es toda una casualidad, pero a partir de ahà hay frases de seda auténtica que comparten página con otras de una aspereza cortante. Y mezcla un delicioso tono inicial de trazo impreciso, poético y onÃrico para deslizarse después por registros comunes de melodrama decimonónico y souvenir incluÃdo, con historias de amor con fondo de Alhambra y castañuelas de una Carmen que no es la de Mérimée, que no es la de Mérimée, por algo se llama Miss Acacia. No sé. En cualquier caso, es un estimable y por momentos notable cuento para mayores que cuenta la aventura iniciática en esto de los amores por parte de un niño al que una doctora Madeleine, en lo alto de un torreón, ha puesto un reloj en su pecho para ayudar al funcionamiento de su deficiente corazón.
El tono del narrador, que cuenta el pasado en presente, bien podrÃa ser el de un Vincent Price, asà como lo anterior una escena Burtoniana (de Tim, no de Richard). Luego hay un tren fantasma donde Jack el Destripador escribe cartas de amor a mujeres muertas (brevÃsimo pasaje alucinante) y Georges Méliès sale buscando cartones usados para regalarle un viaje a la luna (de merengue, como asà atestiguará la historia) a la mujer de sus sueños. Es curioso que los mecanismos del corazón de esta fábula sean de una precisión explÃcita total en lo metafórico y, sin embargo, nos cuenten algo que no terminamos de aprender. El qué. Pues eso, los mecanismos del corazón. En su “Encuentro en la noche”, ese enorme poeta del desencanto dotado de gran lirismo que fue Fritz Lang hace decir a sus personajes que estamos solos y a la intemperie y que quizá el amor sea un remedio temporal a sabiendas de que siempre se revela al final como peor que la propia enfermedad. Suele pasar, pero allà pasa en blanco y negro y aquà en este libro hay palabras de colores, dulces y amargos.
En la noche más frÃa de la historia, la doctora Madeleine pondrá un reloj en el pecho del recién nacido Jack y cuidará de él hasta que a los 10 años, el tic tac suene más fuerte en una especie de taquicardia del tilÃn que cierta bailaora hace al pasar y no precisamente con sus lentejuelas. La doctora Madeleine intentará que el pequeño concilie el sueño susurrando una letanÃa en inglés que funciona a medias como canción de cuna y a las horas enteras como medida disuasoria y después escribe en una pizarra:
1. No toques las agujas.
2. Domina tu cólera.
3. No te enamores nunca.
Pero la mecánica del corazón siempre va a su aire y aunque las agujas se incrusten en el pecho de este pequeño Jack en una de tantas metáforas de cristal de este libro, lo que hace con sus latidos no es muy distinto que lo que un adulto experimentado harÃa una y otra vez con similar resultado. La experiencia aquà poco vale. ¿Una historia triste? Sà y no. El enamoramiento siempre es asÃ, como el tic tac del reloj que Jack lleva como corazón: sà y no. Todo tiene su tiempo y siempre un tiempo limitado tras el cual te pinchas y sangras. Allá tú si te contentas con un apósito y te pones a ver la tele y no reivindicas los instantes de embriaguez (“volver al tiempo en que amaba sin estrategias, cuando me arrojaba de cabeza sin miedo a estrellarme contra mis sueños”).
Este es un cuento que cuenta una historia de verdad que es resumen de la historia de verdad de cada uno: el tic tac del prendimiento, el tic tac de los celos, el tic tac de la desdicha, el tic tac del cielo. Pero ya he dicho al principio que este era un librito extraño. Tanto que, pareciendo que quien cuenta es el amor, a lo mejor lo que cuenta (tic tac) es salir pitando de él en dirección opuesta y quizá haya que tenerse eso en cuenta. Lo lees a ver.
Comentarios»
lo estoy leyendo. hacÃa semanas que estaba en mi estanterÃa de lo próximo, esperando a terminar déjame entrar, una novela tan alucinante como la pelÃcula, que sólo debe ser leÃda después de saborear la pelÃcula. y empecé anteayer. y casi me voy a dormir demasiado tarde para venir a trabajar hoy. un librito extraño, pero con ese sabor a cuento que nos obliga a ir un poco más allá de las palabras y dejar que los ojos se muevan al compás de un tictac que no sabe de los tiempos del amor. qué gozada. cuando lo termine, te cuento.
Oui, chef ;)
Sólo por curiosidad:¿ han salido chirimÃa, albérchigo, ñame, tendal, albúmina, linaza, y pericote?
Un saludillo!
Perdón! me confundÅ
Vale, me contáis.
(luego te lo transporto al post correspondiente, Lili, no pasa nada)