Desastre

Mientras el Vaticano prepara los fastos para elevar a Juan Pablo II al cielo de los santos el próximo Octubre por mensajería urgente, este Dios antropomórfico en quien tanta gente invierte fe para encontrar fe hace zapping dirigiendo su atención al lugar más empobrecido de América Latina para mandarles un terremoto que aplasta miles de almas de gente buena y menos buena, hombres, niños, ancianos, no hay distinciones cuando la tierra se pliega y se rompe como si fuera de plastilina; y tras los ayes que rompen el silencio producido por lo roto todavía envía una réplica. Así habrá motivo de plegarias, milagros y demás inciensos, y hasta un grupo de norteamericanos muy raros se irá a la cama con la conciencia henchida de gozo tras haber conseguido enviar a la zona del desastre un mogollón de audiobiblias alimentadas por energía solar. Lo que importa no es el agua ni la comida ni las curas. Las curas y los curas. Lo que importa es encontrar consuelo en el libro de libros divino.

Dicen los responsables de tamaño disparate que las biblias llevan audio de calidad digital para que los amenes y demás lleguen de forma nítida a través de los escombros especialmente “a la gente pobre e ilustrada”, que no tendrá que hacer esfuerzo por pasar página. Un mundo que se consuela con eso está fatal. Hay otro terremoto constante en las entrañas y el alma de las personas que deja las cosas patas arriba, mezcladas, confundida la ética con la estética en un fango muy raro.

La radio decía a la hora de la cena y de la Copa de nosequién de fútbol que el mandamás de un club había tenido el detalle de invitar al palco a la embajadora de Haití como detalle solidario por valor de noventa minutos y mientras la ceja se nos iba para arriba, Pepe Domingo Castaño lo celebraba con un anuncio de esos suyos con tufillo a domingo setentero de quiniela y Fundador, cosa de hombres, como se sabe.

Al mediodía, un periodista alertaba que Unicef había alertado de la desaparición de niños en mitad del desastre. El horror humano no tiene fondo. En el mejor de los peores casos, esas criaturas, birladas por unas manos que aprovechan el caos y el dolor para hacer negocio, irán a parar a familias acomodadas que desean tener un hijo mascota a cambio de pastón, sabido es que los caprichos cuestan lo suyo pero por eso hacen mayor ilusión, aunque luego igual te canses. Dice el periodista eso con voz de desazón, lo de la desaparición de niños bajo los escombros de los sin escrúpulos, y mientras en el Vaticano van calculando los metros de tela de la buena para los fastos de santidad, el Papa se reúne con un grupo de obispos irlandeses para tratar precisamente ese asunto dando una catequesis que les explique mejor eso del “dejad que los niños se acerquen a mí” y luego harán cuentas para hacer pactos millonarios con los abogados de manera que ese dinero no llevará alimentos a los creyentes desconcertados por el castigo y el abandono divino pero eximirá de los pecados a los curas. Hay que curar el alma para ganarse el cielo.

Este mundo da mucho asco.

6 pensamientos en “Desastre

  1. arati

    Menos mal que además de esto que cuentas y simultáneamente, hay otra gente haciendo bien las curas. Claro que una de las facetas del “hacerlo bien” es, precisamente, ser transparente y no protagonista.
    Pero existen. Están ahí, trabajando. Recuérdalos también cuando te dé la desesperación.

    Es así nuestro mundo, asqueroso y magnífico.

  2. toni

    pero mucho.
    aunque luego nos alumbre con una sonrisa.
    si te paras a pensar, te hundes.
    o te pones manos a la obra.
    aunque sea difícil.

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