Abracadabra

Hace tanto frío que me he quedado como encogido todo el día y eso que no he salido a la calle. Iba a hacerlo, tenía que hacerlo, pero ha amanecido la acera blanca y el asfalto blanco y todo lo demás blanco y no de nieve precisamente sino de una capa de hielo y cualquiera pone un pie ahí. Bastante tuve el día del ensayo general de Ma Mère l´Oye cuando iban mis dos manos y las otras dos manos que precisa Ravel camino de la sala del concierto, muy de mañana, y atravesando un jardín, zas, patinazo súbito de tal forma que en fracciones de segundo aparecí cogido al vuelo por mis otras dos manos. Al menos todavía podemos rememorar de vez en cuando en alguna cena la anécdota y consolarnos pensando que de algo sirvió la colaboración artística.

Qué tiempos.

Y qué tiempo. Creo que estoy ensayando la inminente llegada de mis 40 años, sí, porque hacia las 7 de la tarde me he quedado dormido en el sofá con una manta encima, lo cual hacía más penosa o tierna o lamentable o todo a la vez la escena, y me he despertado a las 9 con una desorientación momentánea que tenía poco de juvenil. Y la manta, y el frío fuera, y la tele apagada y tal hacían que pareciera un habitante solitario de Alaska en la quietud que determina el termómetro de fuera y el contador de años de dentro.

No sé.

La adolescencia viene determinada, resumida y destilada en un “no sé” general; pues esto, la cuarentena, va a ser lo mismo pero con manta y siesta de abuelo y demás atributos. La abuela. cuando soñaba a sus 95 años, se soñaba a sí misma de niña. Yo he soñado hoy con la Magia Borrás. Por qué, pues a saber, el truco de los sueños no viene explicado en el manual de magia. Durante varios años tuve una caja de Magia Borrás cada Navidad pero nunca confesé que lo más mágico, fascinante e irresistible del asunto estaba en el olor que salía cuando abrías la caja y veías la varita mágica, y el cubilete, y los dados, y los polvos mágicos en una cajita, y el dado, y las cartas de la baraja. Pero el olor. Era un olor como de tinta de imprenta y sombrero de copa con truco y de cortinajes que esconden algo detrás y de naipe de rombos rojos. Y por un momento se me ha pasado por la cabeza que el día de mi cumpleaños, que está entrando por el andén, me podía autorregalar una caja de Magia Borrás si es que aún existe. Pero sólo si huele igual. Esa sería la condición.

Me han preguntado si voy a estar localizable el día de autos o si voy a hacer como Bilbo Bolsón y dar la espantada, que tentaciones me dieron el otro día, pero como estoy en la fase nosé, así, todo junto, pues no sé. Es que a la vecina se le ha escapado que me quiere hacer una tarta de chocolate y organizar un algo (no voy a llamarle fiesta porque me asusta un poco y porque las fiestas de cumpleaños tienen globos y patatas fritas de bolsa en platos de plástico y ya no es plan de eso). De qué será plan. Nosé. Sigo quwriendo (voy a dejar esa errata y ahora la pongo bien); sigo queriendo participar en las cosas pero luego me da la sensación de que la mayoría de ellas pasan por el andén y me quedo parado, como hoy en casa, aunque hoy la justificación la ponía el signo negativo delante del número del termómetro, el viento siberiano y el hielo blanco agarrado duramente a las aceras, y para cuando reacciono ya ha pasado una década. Será cuestión de volver a aprender un par de trucos de la Magia Borrás o esnifar el olor de la caja, no olvidemos los momentos de gloria que nos deparó otrora el olor del Vernel.

Quedarse dormido a ciertas horas conlleva que luego no hay quien duerma y te pongas a divagar como en escritura automática tal y como estoy haciendo ahora donde puedo escribir sin nexo de unión y saltando las normas de estilo que he decidido no envidiar a la adolescencia por el veneno de los enamoramientos, con su maravilloso y penoso espejismo, que Juan Tamariz debería ser nombrado hijo pródigo de la Magia Borrás y y tomar asiento en el sillón a mayúscula de Abracadabra en la Academia de los Imprescindibles y que tengo que ir preparando algo de equipaje porque la semana que entra me marcho a Madrid con Wendy,dear Wendy” que decía el enigmático Jamie Bell con su no menos enigmática voz, “Wendy de las narices” que, confieso, he llegado a decir yo para inmediatamente hacer penitencia por la falta cometida; en definitiva, con Wendy en el equipaje.

O termino Wendy o ella termina conmigo.

Después, lo primero que haré tras volver será retomar las clases con Esther, que me ha dado la alegría de querer volver, imprimir unas hojas pautadas y ponerlas en el piano con un lápiz al lado y pensar en Lindsay. Me aceptaría Lindsay como alumno de nuevo sabiendo que se me ha olvidado todo el inglés que me enseñó son paciente sonrisa?. Lindsay. Mira, ahora me he quedado pensando en Lindsay, oye.

2 pensamientos en “Abracadabra

  1. Marina's mom

    Eme: Magia Borrás sigue existiendo. Te lo dice una reina maga que lo tiene apuntado para el año que viene para mi hija la mayor.

    Aquí puedes recordar un poco las cajitas de antes:
    http://www.magiaborras75aniversario.com/

    A mi me suenan la de la chistera y la paloma y la de las tres bolas. Preguntaré por casa a ver si aún está por ahí la que le cayó a mi hermano, aunque igual se la llevó… (estas Navidades confieso que hemos resucitado el Bingo de Congost y les hemos aficionado a las niñas; todo un clásico de Nochebuena en casa… )

  2. C.

    Existe, existe, efectivamente. Lo que no tengo comprobado es lo de si es esnifable; mis chicos no han dicho nunca nada al respecto y yo no tuve Magia Borrás en su día, así que imposible comparar.

    Ojo con el viajecito a Madrid: con Wendy o sin ella debe estar la cosa intransitable, o eso les parece a ellos, porque están poco acostumbrados. Yo albergaba la esperanza de que el quitanieves no pasara por ciertas carreteruchas forales y nos quedáramos aislados, abasteciéndonos de latas de conserva y comedias en blanco y negro, pero, claro, para que no deje de llenársenos la boca de loas a la patria chica y lo bien que todo funciona aquí y tal y tal, mandaron la máquina a los montes y heme aquí, presta a un ajetreado día de clases.

    Yo creo que Lindsay te aceptará. Y en cuanto le veas las gafas te volverá a la mente (y a los labios) todo lo que te había enseñado. Suele ser así.

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