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Lluvia 31 January, 2010

Escrito por emejota en : Varios , 3 comentarios

Cae o cayó. La lluvia es una cosa 
que sin duda sucede en el pasado”

Jorge Luis Borges

Galáctico 29 January, 2010

Escrito por emejota en : Música , 4 comentarios

Lang LangHay una sala sinfónica grande y abarrotada de gente esperando a que salga Lang Lang, el pianista galáctico. Nadie sabe aún que cuando termine el concierto, Lang Lang dejará caer su pañuelo impregnado en sudor así, en vertical, suavemente, como quien deja caer una pelota a ver si rebota, a alguien sentado en la primera fila. El gesto es lisztiano total pero la ciencia adelanta que es una barbaridad y ahora, con el ADN que hay en ese pañuelo, se pueden fabricar muchos Lang Lang. Este chico no ve CSI, parece. En fin. Desde su debut en el Carnegie Hall hace cinco años hasta este momento han pasado muchas cosas, pero todas armonizan poco con cualquiera de las 88 teclas del piano. Lo dice el mismo programa de mano. Dentro hay una página a todo color en la que Lang Lang anuncia unas Adidas modelo exclusivo Lang Lang. Incluyen el precio. Hay otro anuncio donde Lang Lang promociona la bufanda Lang Lang y otro donde anuncia su autobiografía. Hay quien puede escribir una autobiografía sin escribirla (la escribe otro) y sin haber cumplido los 30 pero pocas personas tienen en su haber el hecho de que un padre te ponga a tocar el piano todo el santo día y que al errar un pasaje te ordene con 8 años que te suicides porque eres un fracaso. Lang Lang cuenta eso en una televisión con esa sonrisa suya que tan bien congenia con la cámara pero el que le mira siente una cosa extraña, un asco al padre de Lang Lang y una tristeza por ese Lang Lang que en la última semana ha hecho el gamberro en un programa de la tele pasándoselo bomba, ha tocado en Valencia, tuvo una intoxicación de pescado en Zaragoza que lo mantuvo en el baño un par de días, tocará en unos minutos en esta sala donde los abrigos de piel y la mezcla de perfumes recuerdan con espanto el pasillo de fumigadoras de la planta baja de El Corte Inglés y después se marchará a Madrid. Y todo por no haberse suicidado, desobedeciendo a su padre.

Faltan unos minutos para que Lang Lang salga al escenario y, para amenizar la espera, el programa de mano hace una insólita enumeración de logros en el apartado biográfico, a saber: es imagen de Sony Electronics, Audi, Versace (de Versace son los trajes que luce en los conciertos) y de la compañía financiera Aegon. Y cuando necesita viajar en avión privado vuela con un jet Bombardier. La marca Steinway ha creado cinco versiones del piano Lang Lang ™ Steinway, utilizando por primera vez en 150 años de historia el nombre de un artista para bautizar un piano. Y la bufanda, las Adidas y el reloj (hay un reloj).

Me pregunto si ese Haydn perfecto que sonó en el Carnegie Hall, maravillosamente coreografiado con el gesto, habrá sido el responsable de todo esto en tan poco tiempo o, al revés, si se habrá vuelto un spot también. Despejamos dudas porque Lang Lang sale al escenario. Es bajito, delgado, sonríe pero no tanto como lo hace en otros lugares, saluda educadamente con gesto lento, se ha cambiado el pelo, se sienta ante el Steinway y sin concentración previa se introduce en una sonata de Beethoven iniciando una rutina diaria en la que lo único que cambia es el escenario.

El recital transcurre y Lang Lang suena a Lang Lang: impecable en los dedos, irregular en la interpretación. Borda un pasaje con una madurez asombrosa y lo culmina con una incongruencia de estudiante de grado medio. Da la sensación de que bucea dentro de la música pero que de pronto sale a respirar y pierde la concentración o se distrae viendo el paisaje. A veces, la concentración, o el trance, alcanza movimientos enteros, como la maravilla que hace con el tiempo lento de la tercera sonata de Beethoven. Mérito especial porque este público se empeña en que suenen más sus toses que las teclas del Lang Lang (piano) que pulsa el Lang Lang (pianista). Una cosa es un ataque de tos irremediable pero otra es una tos como quien eructa en el cuarto de estar de su casa mientras ve Los Simpson. Así es este público, por muchas pieles que lleve encima. Sospecho que alguna tos será producida por una reacción alérgica a este zumo de perfumes dulzones que flota en el aire.

Lang Lang vuelve a sentarse para zambullirse en la Appassionata pero ya el arranque indica que Lang Lang no está ahí dentro, sino fuera, y que tiene prisa. Todo suena en su sitio, ahorrando fuerzas, eso sí, pero todo en su sitio. Y nada más. Luego llega la novedad: el artista que vino de Oriente aventurándose en la Iberia de Albéniz, y su Evocación, preciosa, es más preciosa cuando Lang Lang la hace sonar pero su Corpus en Sevilla suena a Imagen de Debussy sin ese condimento que yo no sabría definir pero sí detectar. Me pregunto cómo sería posible que las manos diminutas de una Alicia de Larrocha duendearan de esa forma y las manos imponentes y flexibles de este chaval que cuando se pone a impresionar con las paráfrasis de Liszt hace vibrar al mismísimo piano no se inmuten. La pregunta que me hago es retórica pero no deja de sorprender un poco.

Tocar Prokofiev al final consigue ahogar las toses con su potente artillería pero enfría a un auditorio que ha cumplido el trámite: poder decir que ha visto a Lang Lang y que todo maravilloso y estupendo pero ya es hora de ir a casa a ver la tele. Lang Lang no parece muy decidido a hacer un bis, yo creo que está un poco desconcertado; quizá por eso cuando finalmente se decide a hacerlo saca de la manga un seguro que le librará de hacer un bis al bis: el cristalino primer estudio del Opus 25 de Chopin. Suena primorosamente en unas teclas que apenas parecen pulsadas sino rozadas y súbitamente suenan sendos cañonazos que no vienen a cuento y que nos descolocan, confirmando que este chico vale mucho pero vuela tan alto que no posa los pies. Lo hace a ratos, cierto, pero se cansa pronto. La impresión que da Lang Lang es la de ser un niño que sabe que juega a un juego serio. A veces juega a que no es un juego serio. A veces sí. Después se sube al avión y al día siguiente repite en otro jardín de infancia y todo sin perder la sonrisa y sin haberse suicidado el día que su padre se lo ordenó.

Salinger 28 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios

He leído en el tren el titular de que había muerto el Guardián entre el centeno y el resto del artículo ha quedado diseminado sobre las vías. La primera vez que levanté la ceja ante un texto fue al leer el párrafo inicial de la novela de Salinger, tan transgresor el fragmento, haciendo saltar por los aires las convenciones establecidas. Lo aprendí de memoria y desde entonces me ha tocado repetirlo en las ocasiones más extrañas, ante el micrófono de una emisora, por ejemplo, o en mitad de una clase sobre Haydn, por poner otro ejemplo. El caso es que siempre venía a cuento y, si no, no pasaba nada.

A mi adolescencia le interesó el escritor, de nombre J.D. El inolvidable crítico cinematográfico Alfonso Sánchez dijo en una ocasión que a ver qué pasaba con ese señor de nombre H.C. Potter que en 40 años dirigiendo películas todavía no se había hecho un nombre. Es gracioso el comentario, no me dirás que no. Para la adolescencia, que es muy de idealizar y mitificar así como de lo contrario, las iniciales J.D tenían su punto porque eran la prueba impresa, en letra grande y en portada, del misterio que había dentro de un escritor del que apenas se sabía nada hasta que apareció aquella única foto en blanco y negro en la que con cara de te vas a comer esa cámara, un tipo delgado se acercaba a la ventanilla del coche de un fotógrafo en los albores del paparazzismo. Cuando ví esa foto, me pareció un fotograma del comienzo de “La noche de los muertos vivientes” de George A. Romero (George A. Romero se hizo un medio nombre y por eso tenía poco misterio; de ahí, probablemente, que subiera de nivel e hiciera películas de terror). Me parecía a mí uno de esos muertos raros J.D Salinger, como el que sale al principio de la película caminando por el cementerio con el traje de los domingos y esa cara blanca y expresión de mala leche. Creo que la clase de blanco y negro de la foto contribuyó a la asociación.

Pero lo de la foto estaba al final y el párrafo inicial de El Guardián estaba, obviamente, al principio, y por la mitad me encontré con Holden Caulfield y pasó, como pocas veces, que me daba respeto Caulfield porque a veces se le cruzaba el cable pero al mismo tiempo se quedó en el corazón, porque era así pero no, o era así como consecuencia de. En cualquier caso, me impresionó muchísimo ese viaje iniciático tan duro y tierno, tan desamparado el adolescente protagonista y tan valiente y tan derrotado y tan mierda. No sé, es lo que tiene, supongo, ser un adolescente y que además te llames Holden Caulfield y empieces a largar tu historia con un párrafo así.

También me impresionó la voz del narrador de la novela, tan preocupada por mantener una distancia que apenas se esforzaba en disimular un velar, un querer, una identificación con el muchacho, en las duras y en las maduras. Y la melancolía, entre briznas de rudeza. Y el guardían entre el centeno, vigilando para que los pequeños no caigan hasta hoy, que se ha muerto mientras el tren volaba a 300 por unas vías con brillo de plata bajo una luna llena muy blanca, como de nata. Pensaba yo entonces que “El Guardián entre el Centeno” es uno de esos libros que queda como una sopa emocional que te nutre para siempre, da igual si te acuerdas de todos los ingredientes o si sólo recuerdas el sabor cuando acercas la punta de la lengua a la cuchara. No ha dado tiempo para más porque el tren ha llegado a la estación con algún minutillo de adelanto.

MMS 28 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentario

Esta mañana, en Madrid, al salir del metro he sacado con el móvil esta foto a una pared de la estación porque allí venía escrito el mensaje que le quería mandar a un amigo como diciendo, que diría Umbral, aunque quien lo dijera fuera Hernández. Le he dado al botón de “enviar” y subiendo las escaleras me he encontrado con el bajo cero de las calles.

Escapada 26 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

A escuchar a Lang Lang en Baluarte.

Allegro 25 January, 2010

Escrito por emejota en : Música , 3 comentarios

Despertó el Concierto para Mandolina de Vivaldi, el célebre, sí, ese, despertó en una cadena de televisión, en un anuncio que anunciaba a otra cadena de televisión con muchos canales, pero dio igual cuáles y cuántos porque giré un poco la cabeza como quien ha escuchado un sonido atrayente o extraño o inesperado, da igual porque el gesto es el mismo, el de poner la oreja en primer plano, y los ojos se cerraron para recibir, de nuevo, esa melodía que para mí representa la esencia de lo que se cuece en la música barroca en general: esa aparente simplicidad feliz que parece ocultar una sombra dramática, que cuando sale, sale y nada la para pero otras veces ahí se queda, como insinuando que ahí está, el pulso igualmente feliz, constante, bien sonoro, en relieve, un pulso que goza de una vitalidad y una salud asombrosa y quiere presumir de ello anunciando que es él quien bombea las curvas de la melodía, los toboganes de la armonía deslizándose a través de círculos de quinta gozosamente inacabables y la transparencia formal. Tan transparente que parece decirte, así, hazlo, prueba. Pero no puedes.

Qué habría en la cabeza de este Antonio Vivaldi para fabricar cosas así, tan felices y tan melancólicas, por separado y juntas en transparencia, que de todo tiene. Qué alegrías o qué frustraciones disimuladas en este pulso incesante que parece decir adelante, adelante, y lo dice con ánimo mañanero, expresión que en noctámbulos como yo significaría una cosa muy distinta a la que quiero dar a entender. Pones la tele un rato, te anuncian otra tele con muchas teles dentro pero con lo que te quedas es con un Vivaldi que te lleva a otros Vivaldi, como en una modulación que, a veces, reexpone el tema principal, esto es, el Concierto para Mandolina, ese, sí, el célebre. Y creo yo que quedarse con eso es un fracaso publicitario cuando de enterarte de la oferta de mogollón de canales se trataba pero qué más dará si la música de este hombre no necesitó del Canal Viajar ni del Disney Channel porque en esa Venecia de mareas y mareos stendhelianos, de lienzos de colores vivos y nubes de algodón muy gordas y blandas, ni falta que hacía. Qué preciosidad y qué misterio el de esta música tan sencilla. Qué difícil es lo sencillo.

Vocabulario (II) 24 January, 2010

Escrito por emejota en : Varios , 10 comentarios

Lista de palabras que todavía no han aparecido en este blog:

(no necesariamente en orden alfabético)

Deletéreo, talud, mastín, veleidoso, ménsula, hidrocarburo, fortín, bardo, epitalamio, acelga, hórreo, feldespato, zangolotino, voleibol, burel, keniata.

Latidos 23 January, 2010

Escrito por emejota en : Libros , 5 comentarios

“Love is dangerous for your tiny heart even in your dreams”

La mecánica del corazón“La mecánica del corazón”, tic tac, es un librito extraño. Empieza en Edimburgo el día más frío de la historia y eso ya es toda una casualidad, pero a partir de ahí hay frases de seda auténtica que comparten página con otras de una aspereza cortante. Y mezcla un delicioso tono inicial de trazo impreciso, poético y onírico para deslizarse después por registros comunes de melodrama decimonónico y souvenir incluído, con historias de amor con fondo de Alhambra y castañuelas de una Carmen que no es la de Mérimée, que no es la de Mérimée, por algo se llama Miss Acacia. No sé. En cualquier caso, es un estimable y por momentos notable cuento para mayores que cuenta la aventura iniciática en esto de los amores por parte de un niño al que una doctora Madeleine, en lo alto de un torreón, ha puesto un reloj en su pecho para ayudar al funcionamiento de su deficiente corazón.

El tono del narrador, que cuenta el pasado en presente, bien podría ser el de un Vincent Price, así como lo anterior una escena Burtoniana (de Tim, no de Richard). Luego hay un tren fantasma donde Jack el Destripador escribe cartas de amor a mujeres muertas (brevísimo pasaje alucinante) y Georges Méliès sale buscando cartones usados para regalarle un viaje a la luna (de merengue, como así atestiguará la historia) a la mujer de sus sueños. Es curioso que los mecanismos del corazón de esta fábula sean de una precisión explícita total en lo metafórico y, sin embargo, nos cuenten algo que no terminamos de aprender. El qué. Pues eso, los mecanismos del corazón. En su “Encuentro en la noche”, ese enorme poeta del desencanto dotado de gran lirismo que fue Fritz Lang hace decir a sus personajes que estamos solos y a la intemperie y que quizá el amor sea un remedio temporal a sabiendas de que siempre se revela al final como peor que la propia enfermedad. Suele pasar, pero allí pasa en blanco y negro y aquí en este libro hay palabras de colores, dulces y amargos.

En la noche más fría de la historia, la doctora Madeleine pondrá un reloj en el pecho del recién nacido Jack y cuidará de él hasta que a los 10 años, el tic tac suene más fuerte en una especie de taquicardia del tilín que cierta bailaora hace al pasar y no precisamente con sus lentejuelas. La doctora Madeleine intentará que el pequeño concilie el sueño susurrando una letanía en inglés que funciona a medias como canción de cuna y a las horas enteras como medida disuasoria y después escribe en una pizarra:

1. No toques las agujas.
2. Domina tu cólera.
3. No te enamores nunca.

Pero la mecánica del corazón siempre va a su aire y aunque las agujas se incrusten en el pecho de este pequeño Jack en una de tantas metáforas de cristal de este libro, lo que hace con sus latidos no es muy distinto que lo que un adulto experimentado haría una y otra vez con similar resultado. La experiencia aquí poco vale. ¿Una historia triste? Sí y no. El enamoramiento siempre es así, como el tic tac del reloj que Jack lleva como corazón: sí y no. Todo tiene su tiempo y siempre un tiempo limitado tras el cual te pinchas y sangras. Allá tú si te contentas con un apósito y te pones a ver la tele y no reivindicas los instantes de embriaguez (”volver al tiempo en que amaba sin estrategias, cuando me arrojaba de cabeza sin miedo a estrellarme contra mis sueños”).

Este es un cuento que cuenta una historia de verdad que es resumen de la historia de verdad de cada uno: el tic tac del prendimiento, el tic tac de los celos, el tic tac de la desdicha, el tic tac del cielo. Pero ya he dicho al principio que este era un librito extraño. Tanto que, pareciendo que quien cuenta es el amor, a lo mejor lo que cuenta (tic tac) es salir pitando de él en dirección opuesta y quizá haya que tenerse eso en cuenta. Lo lees a ver.

Desastre 22 January, 2010

Escrito por emejota en : Varios , 6 comentarios

Mientras el Vaticano prepara los fastos para elevar a Juan Pablo II al cielo de los santos el próximo Octubre por mensajería urgente, este Dios antropomórfico en quien tanta gente invierte fe para encontrar fe hace zapping dirigiendo su atención al lugar más empobrecido de América Latina para mandarles un terremoto que aplasta miles de almas de gente buena y menos buena, hombres, niños, ancianos, no hay distinciones cuando la tierra se pliega y se rompe como si fuera de plastilina; y tras los ayes que rompen el silencio producido por lo roto todavía envía una réplica. Así habrá motivo de plegarias, milagros y demás inciensos, y hasta un grupo de norteamericanos muy raros se irá a la cama con la conciencia henchida de gozo tras haber conseguido enviar a la zona del desastre un mogollón de audiobiblias alimentadas por energía solar. Lo que importa no es el agua ni la comida ni las curas. Las curas y los curas. Lo que importa es encontrar consuelo en el libro de libros divino.

Dicen los responsables de tamaño disparate que las biblias llevan audio de calidad digital para que los amenes y demás lleguen de forma nítida a través de los escombros especialmente “a la gente pobre e ilustrada”, que no tendrá que hacer esfuerzo por pasar página. Un mundo que se consuela con eso está fatal. Hay otro terremoto constante en las entrañas y el alma de las personas que deja las cosas patas arriba, mezcladas, confundida la ética con la estética en un fango muy raro.

La radio decía a la hora de la cena y de la Copa de nosequién de fútbol que el mandamás de un club había tenido el detalle de invitar al palco a la embajadora de Haití como detalle solidario por valor de noventa minutos y mientras la ceja se nos iba para arriba, Pepe Domingo Castaño lo celebraba con un anuncio de esos suyos con tufillo a domingo setentero de quiniela y Fundador, cosa de hombres, como se sabe.

Al mediodía, un periodista alertaba que Unicef había alertado de la desaparición de niños en mitad del desastre. El horror humano no tiene fondo. En el mejor de los peores casos, esas criaturas, birladas por unas manos que aprovechan el caos y el dolor para hacer negocio, irán a parar a familias acomodadas que desean tener un hijo mascota a cambio de pastón, sabido es que los caprichos cuestan lo suyo pero por eso hacen mayor ilusión, aunque luego igual te canses. Dice el periodista eso con voz de desazón, lo de la desaparición de niños bajo los escombros de los sin escrúpulos, y mientras en el Vaticano van calculando los metros de tela de la buena para los fastos de santidad, el Papa se reúne con un grupo de obispos irlandeses para tratar precisamente ese asunto dando una catequesis que les explique mejor eso del “dejad que los niños se acerquen a mí” y luego harán cuentas para hacer pactos millonarios con los abogados de manera que ese dinero no llevará alimentos a los creyentes desconcertados por el castigo y el abandono divino pero eximirá de los pecados a los curas. Hay que curar el alma para ganarse el cielo.

Este mundo da mucho asco.

Recuerdos 20 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

Una frase en un sobre de azúcar.
Un paréntesis dentro de un paréntesis (sólo vale si es invierno)
Buscar el Cinturón de Orión.
Viajar, quizá, a la Isla del Tesoro.
Escribir silencios de nieve.
Infinitas preguntas en un folio inacabable.
Aprender el significado de palabras difíciles.
Ir.
Venir.
Apoyarnos en la mirada.
Jugar entre líneas.
Tener curiosidad por un martes cualquiera.
Dos secretos envueltos en papel de noche.
Hacer una merienda de nocilla de madrugada.
Contar películas con trozos de películas.
3´56´´ dentro de una canción.
Cerrar los ojos y pensar dónde estará la Voyager II.
Esconder el reloj.
Buscarnos.
Encontrarnos.
Regalarnos todas las mañanas.
Regalarnos el mañana.
Despedirnos una mañana.
Analgesia (si dolor) mañana, tarde y noche.
Dolor mañana, tarde y noche y mañana, tarde y noche.
Añorar todos los días.
Añorar a días.
Días.
Nada.

Fue eso.

Cita 19 January, 2010

Escrito por emejota en : Varios , Añade un comentario

Estoy convencido que la materia oscura del universo, esa que no se encuentra por ningún lado, es la ética.”

(leído en Twitter, vía @kokevegan)

Album 17 January, 2010

Escrito por emejota en : Album, Asuntos propios, David Castillo , 5 comentarios

Celebración de mi 40 cumpleaños. Cena del viernes 15 y comida del sábado 16.

Gracias mil a Raquel por organizarlo todo, y a David, Marlene, Iván y Asthar por hacer de cómplices y convertirlo en un regalo maravilloso.

Cumpleaños 15 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 17 comentarios

Hoy es mi cumpleaños. 40 años. Se me hace muy extraña esa cifra pero es la que toca. Atrás queda una década que empezó esperanzada y triste y termina exactamente igual. Entre medio, vacío, años pasados como las hojas de un calendario en una película cuando se quiere dar a entender que los años pasan volando. Yo empecé a crecer en la treintena. Antes estaba en una burbuja. Lo que la rompió fue la crudeza de descubrir, como un imbécil, por hacerlo a destiempo y de golpe, que en la vida real existía la maldad en un grado que en la ficción no se da. La realidad supera a la ficción, ya se sabe. Yo la sufrí de rebote cuando cayó como un misil en el epicentro de una piel cercana y a mí me vino la onda expansiva. Entonces me dí cuenta de qué van las cosas, iluso de mí, y empezó mi proceso de progresivo desencanto y distancia de las cosas.

No nos pongamos trascendentes, al menos no serios, que hoy es mi cumpleaños.

Los 40 años me dan respeto. Es como la fiebre, que empieza a inquietar un poco a los 38, a los 40 salta alguna alarma y a los 42 tienes que ir a urgencias. hay quien al acercarse a los 43 la palma. A mi padre le pasó. Yo he crecido desde los 11 años con la sensación de que me iba a pasar lo mismo pero, claro, eso quedaba tan lejos.

Pero habíamos quedado en no ponernos trascendentes ni serios.

Cómo ponernos entonces. Supongo que alegrándome de poder estar para contarlo. La gente se olvida de que vivir es un milagro dado que la vida es muy puta. Dicen que los 40 años es una edad maravillosa de plenitud y no sé qué hostias. Y hay quien dice que es la edad de la crisis de los ídem y otras hostias. No nos engañemos. Los 40 es ese número en el dial de la existencia en el que uno se da cuenta de que no hay espacio para las velas en la tarta pero sigue degustando la nata y el chocolate del pastel y hasta disgustándolo. Las papilas gustativas también acusan la temperatura de la cifra y sus efectos secundarios. Como el sentimiento. Uno se vuelve más tontorrón y melancólico, quizá; y sin quizá. Por ejemplo, hoy me gustaría regalar algo a la gente que más quiero, no un regalo material; en realidad, no sé qué clase de regalo; me sale decirlo y punto, como si necesitara decirles algo. Me gustaría celebrar que estén ahí, por ejemplo, y a lo mejor me da por decirlo y, ahora que lo pienso, hasta puedo escribirlo: gracias por estar. Gracias por comprender y por tantas cosas. Para tantas cosas no se si hay tanta tarta. Pero abrazos me quedan.

Madrid 12 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios

Pues eso.

Album 10 January, 2010

Escrito por emejota en : Album , 1 comentario

El invierno era esto (aunque la foto sea de hoy)

Foto: A. Heredia

Abracadabra 9 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios

Hace tanto frío que me he quedado como encogido todo el día y eso que no he salido a la calle. Iba a hacerlo, tenía que hacerlo, pero ha amanecido la acera blanca y el asfalto blanco y todo lo demás blanco y no de nieve precisamente sino de una capa de hielo y cualquiera pone un pie ahí. Bastante tuve el día del ensayo general de Ma Mère l´Oye cuando iban mis dos manos y las otras dos manos que precisa Ravel camino de la sala del concierto, muy de mañana, y atravesando un jardín, zas, patinazo súbito de tal forma que en fracciones de segundo aparecí cogido al vuelo por mis otras dos manos. Al menos todavía podemos rememorar de vez en cuando en alguna cena la anécdota y consolarnos pensando que de algo sirvió la colaboración artística.

Qué tiempos.

Y qué tiempo. Creo que estoy ensayando la inminente llegada de mis 40 años, sí, porque hacia las 7 de la tarde me he quedado dormido en el sofá con una manta encima, lo cual hacía más penosa o tierna o lamentable o todo a la vez la escena, y me he despertado a las 9 con una desorientación momentánea que tenía poco de juvenil. Y la manta, y el frío fuera, y la tele apagada y tal hacían que pareciera un habitante solitario de Alaska en la quietud que determina el termómetro de fuera y el contador de años de dentro.

No sé.

La adolescencia viene determinada, resumida y destilada en un “no sé” general; pues esto, la cuarentena, va a ser lo mismo pero con manta y siesta de abuelo y demás atributos. La abuela. cuando soñaba a sus 95 años, se soñaba a sí misma de niña. Yo he soñado hoy con la Magia Borrás. Por qué, pues a saber, el truco de los sueños no viene explicado en el manual de magia. Durante varios años tuve una caja de Magia Borrás cada Navidad pero nunca confesé que lo más mágico, fascinante e irresistible del asunto estaba en el olor que salía cuando abrías la caja y veías la varita mágica, y el cubilete, y los dados, y los polvos mágicos en una cajita, y el dado, y las cartas de la baraja. Pero el olor. Era un olor como de tinta de imprenta y sombrero de copa con truco y de cortinajes que esconden algo detrás y de naipe de rombos rojos. Y por un momento se me ha pasado por la cabeza que el día de mi cumpleaños, que está entrando por el andén, me podía autorregalar una caja de Magia Borrás si es que aún existe. Pero sólo si huele igual. Esa sería la condición.

Me han preguntado si voy a estar localizable el día de autos o si voy a hacer como Bilbo Bolsón y dar la espantada, que tentaciones me dieron el otro día, pero como estoy en la fase nosé, así, todo junto, pues no sé. Es que a la vecina se le ha escapado que me quiere hacer una tarta de chocolate y organizar un algo (no voy a llamarle fiesta porque me asusta un poco y porque las fiestas de cumpleaños tienen globos y patatas fritas de bolsa en platos de plástico y ya no es plan de eso). De qué será plan. Nosé. Sigo quwriendo (voy a dejar esa errata y ahora la pongo bien); sigo queriendo participar en las cosas pero luego me da la sensación de que la mayoría de ellas pasan por el andén y me quedo parado, como hoy en casa, aunque hoy la justificación la ponía el signo negativo delante del número del termómetro, el viento siberiano y el hielo blanco agarrado duramente a las aceras, y para cuando reacciono ya ha pasado una década. Será cuestión de volver a aprender un par de trucos de la Magia Borrás o esnifar el olor de la caja, no olvidemos los momentos de gloria que nos deparó otrora el olor del Vernel.

Quedarse dormido a ciertas horas conlleva que luego no hay quien duerma y te pongas a divagar como en escritura automática tal y como estoy haciendo ahora donde puedo escribir sin nexo de unión y saltando las normas de estilo que he decidido no envidiar a la adolescencia por el veneno de los enamoramientos, con su maravilloso y penoso espejismo, que Juan Tamariz debería ser nombrado hijo pródigo de la Magia Borrás y y tomar asiento en el sillón a mayúscula de Abracadabra en la Academia de los Imprescindibles y que tengo que ir preparando algo de equipaje porque la semana que entra me marcho a Madrid con Wendy,dear Wendy” que decía el enigmático Jamie Bell con su no menos enigmática voz, “Wendy de las narices” que, confieso, he llegado a decir yo para inmediatamente hacer penitencia por la falta cometida; en definitiva, con Wendy en el equipaje.

O termino Wendy o ella termina conmigo.

Después, lo primero que haré tras volver será retomar las clases con Esther, que me ha dado la alegría de querer volver, imprimir unas hojas pautadas y ponerlas en el piano con un lápiz al lado y pensar en Lindsay. Me aceptaría Lindsay como alumno de nuevo sabiendo que se me ha olvidado todo el inglés que me enseñó son paciente sonrisa?. Lindsay. Mira, ahora me he quedado pensando en Lindsay, oye.

Rebajas 7 January, 2010

Escrito por emejota en : Varios , 7 comentarios

En el termómetro, han rebajado los grados de 5 a menos 2. En algunos sitios hasta menos 4, más chollo.

@david 6 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios, David Castillo , 10 comentarios

David CastilloMi regalo de navidad, este año, no llegó el 25 de diciembre sino que lo hizo con antelación, el 25 de agosto, el día que conocí a David. Nada más saludarnos en la recepción de un hotel en Madrid me di cuenta de que no estaba ante el actor que fue Bernardo en “Cachorro” y que tanto me conmovió, ni con el habitante de ese entrañable barrio catódico y dominical que semanalmante me pone la sonrisa en los labios, sino que estaba ante la persona que era actor, y que era un chaval, más chaval todavía de lo esperado, tímido pero con la sonrisa franca, nervioso pero con las ganas puestas. Fue conocerlo y reconocerlo. A lo largo de aquella mañana que se supone era de ensayo y que en realidad fue un hablar de esto y aquello encaminado a prepararnos para encontrar, en algún rincón de la conversación, al personaje que iba a suponer todo un reto para él, un Peter Pan adolescente que ha decidido embarcarse en la aventura de crecer para perderse en la soledad de una habitación vacía, en la penumbra de la madrugada, a solas ante la cámara, percibí rasgos de una familiaridad que a ratos me sorprendía, a ratos me obligaba a reprimir una risa y a ratos me conmovía. Las biografías de ambos eran obviamente distintas pero había detalles en la forma de expresar las cosas, de sentirlas, en la manera de observar, en la de preguntar, en un momentáneo eclipse de la mirada, en la complicidad ante una ironía dejada caer sobre la mesa a ver qué pasaba, en la forma de tomar las cosas, de temer a las cosas y seguro que en algún que otro etcétera igualmente familiares con los que me identifiqué plenamente cuando yo tenía su edad. Y creo que eso fue lo que produjo una conexión inmediata entre los dos: la complicidad mediante el entendimiento.

Durante el trabajo intenso a lo largo del final del verano, al salir al encuentro del personaje, creo que David salió de alguna manera al encuentro de sí mismo y yo estuve allí para observarle, intentando ayudarle si era necesario. No es fácil descubrir que ya no hay dibujos en las paredes. Nunca lo ha sido. El regalo que supuso conocer a David no vino sólo porque se prestó y se dejó la piel en encarnar una ficción bajo cuyo disfraz me escondía y me expresaba yo mismo sino en descubrir a un ser humano con la capacidad de desarmar. David desarma por lo que dice y por cómo lo dice, por ir con el corazón en la mano, por tener los pies en la tierra, por ser consciente de lo que hay que ser consciente, por ser un luchador, por su prudencia sensata, por su imprudencia sana y adolescente, por su humor, su sensibilidad, su honradez en asumir sus errores y su rapidez de reflejos para sacar provecho de ellos, su honestidad, su humildad, su fortaleza y su vulnerabilidad, por todo aquello que le dibuja y que es imposible que te deje indiferente. A David es imposible no quererlo y yo tuve la suerte de encontrármelo, de trabajar juntos para un corto y que al decir corten se quedara.

De alguna manera ahora ejerzo de hermano mayor y él de hermano pequeño. Me sigue desarmando igual que en aquellos ensayos porque es capaz de llamarte y de sacar de sí una frase de una madurez aleccionadora como soltar una ocurrencia de niño que sonríe al mundo de día y teme que llegue la oscuridad de la noche. Todos cuando hemos sido adolescentes hemos buscado referentes adultos. Si yo, tal vez, pueda que lo esté siendo de alguna forma, no es porque me haya presentado ante él como alguien que camina sobre seguro. Creo que si David me quiere por algo es por lo que soy, un ser imperfecto, porque sabe que tengo mis blancos y mis eclipses, porque me ha visto arriba y me ha visto abajo, y no me ha dado vergüenza decirle entonces que tenía un poco de vergüenza o decirle que no pasa nada y que estoy de guardia por lo que pueda necesitar. Con David te ríes o se te pone un nudo en la garganta y en ambas cosas se te pone una sonrisa. Y eso le pone contento, no pide otra cosa que eso, que estés contento. Lo consigue con un mensaje, con una llamada, con un abrazo o con una ocurrencia.

Al igual que el Peter Pan moderno que tuvo que encarnar, hay en él una parte de niño que tiene temor a los cambios que depara crecer y yo le recuerdo con frecuencia que las personas crecen pero que la esencia permanece intacta. El día 25 de agosto yo esperaba nervioso en la recepción de un hotel sin saber todavía que era mi 25 de diciembre, sopesando la posibilidad de encontrarme con un niñato que salía en la tele y que vendría con ínfulas de estrella (fugaz o no) y verás tú. Y de pronto me encontré con David. Así, ya está. Y es difícil explicarlo (menos mal que hubo quien lo puede atestiguar) pero muy de vez en cuando te encuentras con alguien e inmediatamente algo por dentro te dice ay, no un ay de temor, de esos de madre mía, no, sino un ay de los que nacen del sentimiento más puro, de los que reconfortan y te dicen que has encontrado a una persona que ha nacido con el don de poner una pequeña luz. Eso es un regalo. Ese fue mi regalo. Y lo cuido mucho y sabe que lo voy a seguir cuidando igual, da igual lo que pase cuando el calendario pase.

Inocencia 5 January, 2010

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Vale que la óptica no es buena y que el color parece de estampita pintada a mano del año de la polka, pero no he podido evitar sacar esta imagen vía teléfono y de manera subrepticia ante la candidez que atesora y que me ha puesto un ay en algún lugar por dentro esta noche, cuando he sido rey mago para mis sobrinos.

Encima de la mesa, estaba la carta que Isabel ha dejado a los reyes mientras ella estaba viendo la cabalgata. El misterio no está en cómo hacen los reyes para estar en la cabalgata mientras dejan los regalos en todas las casas. El misterio mayor está en que estos críos, todos, con lo listos que son, se lo pregunten y hasta se lo respondan todo menos esa cuestión. En fin. Uno se puede esperar de una misiva de esta clase una serie de cosas que indefectiblemente irán en letras gordas e irregulares y llenas de redondos y unidas entre ellas como con una cuerda. Pero lo que no podía esperarme es que en lugar de saludar a sus majestades y decirles que se sirvieran turrones y leche para los camellos, que cansados estarían de tan largo viaje, saliera Isabel con una pregunta. Bien pensado, es una buena idea la de saciar una curiosidad si alguien mágico viene una vez al año a tu casa. La pregunta era: “Quiero saber una cosa esido Buena O Mala” y lo era aunque no tuviera signo de interrogación ni al principio ni al final. Sobra cuando la pregunta es muy buena.

Lo mejor, no obstante, ha venido a continuación, cuando los ojos han visto cómo sacaba Isabel el carácter en forma de mayúsculas añadiendo “PORNERLOSIONO AQUI y tambien firmar”.

Hace bien.

Ha debido ser buena habida cuenta de la muñeca y del no sé qué y de lo otro. Qué cosas más raras son hoy los juguetes, igual de raros que sus nombres. Y allí se han quedado ella y su hermano, Carlos, con su correspondiente no sé qué con luces y no sé cuántos desmontable. Todo lleno de colores en pijama y con nervios. De la carta ya nadie se acordaba excepto mi teléfono, que para entonces ya la llevaba guardada entre los números que te ponen en contacto con las personas que a veces dicen hola y otras, comunican.

Diario 4 January, 2010

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Tecleo la palabra tecleo con una mano porque con la otra me estoy comiendo una cosa de navidad que nunca he podido saber cómo se llama pero que en casa siempre está ahí, junto a los mazapanes y demás, desde los tiempos de una mañana de niebla, parado en la calle de la mano de mi abuela, ella hablando con una amiga y yo mirando hacia atrás y viendo cómo unos operarios municipales alzaban un 1977 de bombillas a la fachada de la Casa del Reloj.

Está la tarde un poco tonta. O yo. O ambos. Me agarré algo que empezó con un carraspeo de garganta para pasar a mayores y ahora ando con una fatiga como de corredor de Maratón que ha recuperado el aliento pero no las fuerzas.

Y eso, entre otras cosas, me pone melancólico.

(En Providence, -9, jo)

Está el cielo luminoso siendo de noche pero eso es porque está lloviendo y hay nubes. Bajo los paraguas la gente va con bolsas de regalos. En una mano llevan el paraguas y en la otra la bolsa con los regalos o un niño, depende. A veces las dos cosas. Qué cosa la ingenuidad de los críos, que van con el pensamiento en lo que viene de Oriente sin percatarse de que lo llevan en la bolsa de plástico que tienen al lado.

Yo no tengo reyes. No me gustan los reyes y, por tanto, y para ser consecuente con mis principios, no me gusta que me regalen para reyes. Tuve un inesperado regalo en Navidad que me hizo mucha ilusión porque en casa se descolgaron con un BluRay y eso hace mucha ilusión. A mí por lo menos sí. Para probarlo me regalaron también “Up” de Pixar, que volví a ver con una boca abierta que en el cine había permanecido cerrada. Y luego yo me regalé la copia restaurada y conmemorativa del 50 aniversario de “Con la muerte en los talones”. Y aunque es la película que más veces he visto, nunca la había visto así, tan bien, y también se me quedó la boca abierta. Y descubrí que Cary Grant, en alta definición, adelgaza en esa película. Escuálido está este hombre en la película de Hitchcock, igual por tanto trajín, que a uno no le persigue una avioneta todos los días, coño.

Qué señor Cary Grant, verdad?

Me han enviado de la editorial las pruebas de impresión de mi “Ave Verum Corpus” que es un obra que me extraña mucho a mí mismo quizá porque es un poco rara y no lo es, según. Por qué rara. Pues porque tiene una textura transparente, 3 voces sólo, con valores largos, blancas casi todo, y negras, pero tras ellas o dentro de ellas hay cosas que mueven, no sé si conmueven, pero a mí me mueven. Se le permite decir esto al autor de su propia obra? Supongo que en su propio blog sí. Este motete, al tener una escritura tan sencilla, es una de las obras que mas ha evidenciado a mis ojos las limitaciones de la grafía musical. Por eso, y no es la primera vez, y menos mal que hay confianza con el editor, he puesto cosas digamos que poco o nada ortodoxas en la partitura, como enmarcar un compás determinado que podría pasarse por alto pero no, porque allí el texto lo es si se pone la atención y la intención en la música y viceversa.

Ya está revisada la partitura y, por tanto, los deberes hechos. Ahora a descansar un poco en la compañía del paracetamol. El paracetamol es una cosa que no termino de entender, como a los guisantes, a los que sigo sin comprender. Están ahí, hacen su función pero no te dicen nada. Nada.

Descanso 3 January, 2010

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(dominical)

Cuentas 2 January, 2010

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Tomé 12 uvas para despedir el año y lo recibí con 10 pastillas. Para cuando escribo este post ya llevo 20. Es el número de uvas el que se mantiene. Yo también, pero para eso mañana serán ya 30 las pastillas. Para cuando cumpla 40 años ya llevaré 150. Cumplo años a base de pastillas, que no de velas en la tarta. No es una queja, pero sí un recordatorio que me hago a mí mismo para mirar en la Bolsa la cotización de las empresas farmacéuticas porque igual cuando sea mayor invierto en alguna.

2010 1 January, 2010

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Odisea Dos.

Espero que no sea un acierto y que no sea cierto, porque la odisea de 2001 todavía tiene una parte de mí errando por Júpiter en forma de cuerpo inerte. Valga el símil cinematográfico de sendos dosmil para introducir, así como de pasada, que a mí la Odisea Dos me gustó. Y como por aquel entonces fue el único terrícola que hizo esa afirmación, ya no he querido volver a verla, por si acaso pasa a ser una película cero, invisible, inexistente, un agujero negro de película. Pero por qué te gusta eso, me decían como quien te pregunta a los 5 años pero por qué has pintado las paredes con las ceras de colores y yo respondía que por la cuestión de la ausencia, la posibilidad del retorno, la materialización del tiempo no vivido (que no perdido), los fantasmas del mientras tanto (que no del más allá; en todo caso, no más allá de Neptuno y Urano), la vibración flotante en lo intacto de la evidencia de lo inexistente. Más o menos a esas alturas me hacían poner puntos suspensivos con un ya vale, ya vale cuando todavía me quedaban unas cuantas razones, no tantas como para equiparar el número del título, o sí si me pusiera a componer unas variaciones verbales sobre el tema principal. No fue nunca el caso, como tampoco el de volver a ver esa película. Creo que si algún día me decido a volver a ella podré vivir más directamente en carne propia todas las cosas de la lista anterior. Explorarla. La película. Hacer una exploración al espacio interior de esa película temeraria e incomprendida para traer evidencias de su posible error u horror. Eso hace que tenga la cuenta atrás detenida.