Zulueta

O no está acostumbrado el blog a estas ausencias mías o tiene celos porque ha echado el cerrojo y cuando he querido entrar para escribir este post me ha pedido la contraseña.

Qué paciencia.

Sobre todo para encontrar la contraseña. Es curioso lo de las contraseñas porque pasa el tiempo y las automatizas y no te enteras del efecto. Qué efecto. Pues el efecto que adviertes cuando, como a mí hace unos minutos, olvidas la contraseña, la buscas y entonces te das cuenta de que la contraseña dijo algo que ya no dice. O dice algo distinto a lo que dijo en su momento.

Lo importante es que ya estoy dentro, un poco de polvo hay por aquí, y que si lo anterior parece una digresión ajena al título del post se debe a que de Zulueta ya he hablado varias veces en esta misma pantalla y que la novedad reside en que me cabo de enterar de que ha muerto. Tampoco me he parado a leer la letra pequeña, donde suelen explicar la causa del óbito o fallecimiento, pero qué más da cuando lo que te choca es el titular, cuando el muerto estuvo siempre en la cuerda floja de la mala salud y cuando, y esto es lo más importante, ya no tiene remedio, independientemente de lo que haya ocasionado la muerte.

A la gente le gusta saber de qué se ha muerto la otra gente. Eso es por morbo, un morbo que esconde una curiosa jerarquía mortuoria. Parece que tiene más impacto mediático morirte de algo fulminante pero, sin embargo, una larga enfermedad parece llevar implícita corbatas negras y gafas negras de funeral tenso. Pues se ha muerto Iván Zulueta, y como las otras redes sociales me dejan decir lo mismo pero en breve, no he podido empezar allí con la entradilla anterior pero sí he podido decir algo que repetiré aquí, lugar donde, si hiciera falta, hasta podría explayarme. Pero no creo que sea necesario: Zulueta fue el director de “Arrebato” pero si dices que fue un ser genial saldría también la película “Arrebato”. Son sinónimos. Y que hay muchos directores, muchos menos artistas y un solo Zulueta. Y ya ni eso.

Lo que no he dicho es que igual Zulueta no fue ni director pero eso pasa cuando uno es artista de verdad, que puede ser director y mecanógrafo y hacer obras de fontanería e incluso ser muy torpe para otras cosas, prácticas o por no haber practicado. Cuando se tiene el don, uno, otro, el que sea, se tiene. Y no hay verdad más grande, que sentenciaba Lorca en otro contexto.

Lo del “Arrebato” de Zulueta del 80 no lo terminó de pillar mucha gente porque el diccionario y cierta pasión en las venas ha hecho de la palabra algo así como un guantazo de letras o un vociferío con erre vibrante. Pero resulta que el arrebato de Zulueta era más del tipo del arrebatamiento místico, solo que el éxtasis aquí era ante el álbum de cromos de La Bella Durmiente o de la Flora y Fauna Marina que regalaban con los Donuts y no ante la estampita de una santa. En la contemplación prolongada de la impresión en cuatricomia de esas estampas con bordecito blanco prende el arrebato de Zulueta. Quien lo probó, lo sabe, vuelve a sentenciar Lorca desde otro contexto.

Cuando ví “Arrebato” me sentí comprendido y confortado. Y menos raro. Fue un alivio. Luego apareció el espectro de Will More y todos abrimos mucho la boca de asombro y de miedo y de ternura y de respeto. Así, con las tres i griegas en la misma frase. Y ahora me estoy acordando de la casa vegetal y destartalada de Zulueta en San Sebastián, enseñando cromos con el batín puesto como quien comparte una reliquia y su madre preguntándole al fondo qué le apetece hoy para comer.

2 pensamientos en “Zulueta

  1. arati

    Hace muchísimos años. No recuerdo porqué estaba en la Costa Brava en casa de alguien a quien no conocía muy bien. Me instalé a dormir en el sofá. Tenía delante un gran ventanal tras el cual rugía una tormenta, y ante el ventanal la tele. La puse. Y pasaban “Arrebato”.
    No tenía ni idea de nada acerca de esa película y me fascinó. Fue un deslumbramiento, un flash brutal. Y recuerdo que mis sensaciones fueron exactamente esas: me sentí comprendida y confortada. Y menos rara.

    A menudo he estado tentada de volver a verla, pero me he resistido, temo agrietar ese recuerdo.
    Tal vez ahora.

  2. ana

    Es curioso como a veces lo más extraño a priori puede convertirse en un lugar común, llevarte al “arrebato”, al éxtasis, o como cada uno quiera llamarlo, y entonces quizás haya que guardar eso muy lejos de los demás, por si de repente no nos enteramos y olvidamos lo que realmente es importante.

    Llevo dos meses escribiendo sobre Iván y tampoco creo que sea / fuera sólo un director, sino alguien capaz de saltarse todos los tiempos, alterar las normas, las medidas y certezas. De crear, como un artesano medieval, un lenguaje único, una amalgama maravillosa e increíble de genialidades y ensamblarla para que podamos perdernos en ellas y volver siempre distintos en cada uno de esos viajes.

    Zulueta era un vendedor de viajes, un turista accidental del mundo, y Arrebato un destino en super 8.
    Ahora Iván se ha cansado de vender billetes y se ha ido de viaje.
    Bon voyage.

Deja un comentario: