Zulueta 30 diciembre, 2009
Escrito por emejota en : CineO no está acostumbrado el blog a estas ausencias mÃas o tiene celos porque ha echado el cerrojo y cuando he querido entrar para escribir este post me ha pedido la contraseña.
Qué paciencia.
Sobre todo para encontrar la contraseña. Es curioso lo de las contraseñas porque pasa el tiempo y las automatizas y no te enteras del efecto. Qué efecto. Pues el efecto que adviertes cuando, como a mà hace unos minutos, olvidas la contraseña, la buscas y entonces te das cuenta de que la contraseña dijo algo que ya no dice. O dice algo distinto a lo que dijo en su momento.
Lo importante es que ya estoy dentro, un poco de polvo hay por aquÃ, y que si lo anterior parece una digresión ajena al tÃtulo del post se debe a que de Zulueta ya he hablado varias veces en esta misma pantalla y que la novedad reside en que me cabo de enterar de que ha muerto. Tampoco me he parado a leer la letra pequeña, donde suelen explicar la causa del óbito o fallecimiento, pero qué más da cuando lo que te choca es el titular, cuando el muerto estuvo siempre en la cuerda floja de la mala salud y cuando, y esto es lo más importante, ya no tiene remedio, independientemente de lo que haya ocasionado la muerte.
A la gente le gusta saber de qué se ha muerto la otra gente. Eso es por morbo, un morbo que esconde una curiosa jerarquÃa mortuoria. Parece que tiene más impacto mediático morirte de algo fulminante pero, sin embargo, una larga enfermedad parece llevar implÃcita corbatas negras y gafas negras de funeral tenso. Pues se ha muerto Iván Zulueta, y como las otras redes sociales me dejan decir lo mismo pero en breve, no he podido empezar allà con la entradilla anterior pero sà he podido decir algo que repetiré aquÃ, lugar donde, si hiciera falta, hasta podrÃa explayarme. Pero no creo que sea necesario: Zulueta fue el director de “Arrebato” pero si dices que fue un ser genial saldrÃa también la pelÃcula “Arrebato”. Son sinónimos. Y que hay muchos directores, muchos menos artistas y un solo Zulueta. Y ya ni eso.
Lo que no he dicho es que igual Zulueta no fue ni director pero eso pasa cuando uno es artista de verdad, que puede ser director y mecanógrafo y hacer obras de fontanerÃa e incluso ser muy torpe para otras cosas, prácticas o por no haber practicado. Cuando se tiene el don, uno, otro, el que sea, se tiene. Y no hay verdad más grande, que sentenciaba Lorca en otro contexto.
Lo del “Arrebato” de Zulueta del 80 no lo terminó de pillar mucha gente porque el diccionario y cierta pasión en las venas ha hecho de la palabra algo asà como un guantazo de letras o un vociferÃo con erre vibrante. Pero resulta que el arrebato de Zulueta era más del tipo del arrebatamiento mÃstico, solo que el éxtasis aquà era ante el álbum de cromos de La Bella Durmiente o de la Flora y Fauna Marina que regalaban con los Donuts y no ante la estampita de una santa. En la contemplación prolongada de la impresión en cuatricomia de esas estampas con bordecito blanco prende el arrebato de Zulueta. Quien lo probó, lo sabe, vuelve a sentenciar Lorca desde otro contexto.
Cuando và “Arrebato” me sentà comprendido y confortado. Y menos raro. Fue un alivio. Luego apareció el espectro de Will More y todos abrimos mucho la boca de asombro y de miedo y de ternura y de respeto. AsÃ, con las tres i griegas en la misma frase. Y ahora me estoy acordando de la casa vegetal y destartalada de Zulueta en San Sebastián, enseñando cromos con el batÃn puesto como quien comparte una reliquia y su madre preguntándole al fondo qué le apetece hoy para comer.
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Hace muchÃsimos años. No recuerdo porqué estaba en la Costa Brava en casa de alguien a quien no conocÃa muy bien. Me instalé a dormir en el sofá. TenÃa delante un gran ventanal tras el cual rugÃa una tormenta, y ante el ventanal la tele. La puse. Y pasaban “Arrebato”.
No tenÃa ni idea de nada acerca de esa pelÃcula y me fascinó. Fue un deslumbramiento, un flash brutal. Y recuerdo que mis sensaciones fueron exactamente esas: me sentà comprendida y confortada. Y menos rara.
A menudo he estado tentada de volver a verla, pero me he resistido, temo agrietar ese recuerdo.
Tal vez ahora.
Es curioso como a veces lo más extraño a priori puede convertirse en un lugar común, llevarte al “arrebato”, al éxtasis, o como cada uno quiera llamarlo, y entonces quizás haya que guardar eso muy lejos de los demás, por si de repente no nos enteramos y olvidamos lo que realmente es importante.
Llevo dos meses escribiendo sobre Iván y tampoco creo que sea / fuera sólo un director, sino alguien capaz de saltarse todos los tiempos, alterar las normas, las medidas y certezas. De crear, como un artesano medieval, un lenguaje único, una amalgama maravillosa e increÃble de genialidades y ensamblarla para que podamos perdernos en ellas y volver siempre distintos en cada uno de esos viajes.
Zulueta era un vendedor de viajes, un turista accidental del mundo, y Arrebato un destino en super 8.
Ahora Iván se ha cansado de vender billetes y se ha ido de viaje.
Bon voyage.