Lotería

En mi casa, durante años, el sonido del sorteo de la Lotería de Navidad que salía desde la radio de la cocina marcaba el comienzo de la Navidad. Años después, en otra cocina, en otra radio y en otra estación meteorológica, una locutora anunció que el estallido que acaban de oir pone el punto inicial a las fiestas de San Fermín. Lo del punto inicial se me quedó a mí grabado al igual que el sonido de los bombos y la letanía de los números y los premios en las interminables series. Nada había más confortable que escuchar esa banda sonora al despertarme y entrar a la cocina donde mi madre ya preparaba algo para la cena de Nochebuena. Los cristales estaban impregnados de vaho, detrás se adivinaba una mañana de frío gris, ya no había colegio y toda la mañana llevaba el pijama puesto. En mi recuerdo todos los años pasaba lo mismo. El recuerdo a veces se hace un bucle a sí mismo y en él siempre llevo el pijama puesto. Llevar el pijama puesto toda la mañana era como un seguro por si alguien se había equivocado y resultaba que sí, que había que ir al colegio.

Es curioso cómo pasan etapas sin que nos percatemos de la línea recta que las delimita; quizá es que la línea no es recta o quizá es blanda, a saber lo que es, pero había un tiempo en que si conjugabas en pasado el sorteo de la mañana del 22 de diciembre te salía en blanco y negro de película de José María Forqué y voces de No-Do saliendo de una radio en Onda Media, con interferencias marcianas y es ahora, otro 22 de diciembre, cuando vuelven a girar los bombos, y los colores de la voz televisiva de Marisa Abad y la voz de Frecuencia Modulada de Iñaki Gabilondo, tranquilas y risueñas ambas voces, ya han dejado de ser presente para pasar a su izquierda, que es donde sitúamos las cosas que no pasan, sino que pasaron y no vuelven. Es curioso que pongamos el futuro en una columna a la derecha del presente y el pasado a su izquierda.

La mañana del 22 de diciembre, a primera hora, en la cocina de mi casa, con el vapor en los cristales y el cola-cao encima de la mesa, empezaba la Navidad en pijama. Había una caja donde se guardaba el Belén y otra donde se guardaba todo aquello que servía para vestir al árbol de navidad. Nuestra generación fue aquella que supo la cruda realidad de los Reyes Magos conservando la ingenuidad de estar contribuyendo, sin saberlo, al desastre ecológico del planeta poniendo árboles de navidad de verdad en los recibidores o en los cuartos de estar de las casas y no reciclando ninguna caja de turrón. Luego nos entró algo de culpa a algunos pero nos quedó en el pasillo el olor a pino o a abeto, y la guirnalda de papa noeles que llevaban dentro una luz nos despertó ese fetichismo por lo retro de los abalorios navideños.

Ahora, en mi casa, la Navidad no la pone en marcha el sorteo de la Lotería porque la cocina no lo echa en falta, quizá por falta de vaho en los cristales. Hay una frontera, de nuevo invisible, que más pronto o más tarde nos afecta a todos y que transforma lo que fue la Navidad en una mesa con menos gente sentada alrededor cada vez, como en la novela de los diez negritos y, para muchos de los que siguen allí con el cubierto en la mano, las ganas por dentro de que pase pronto el trago de las fechas, a la columna izquierda del pasado, ya que su presente es un marrón inevitable.

7 pensamientos en “Lotería

  1. toni

    pero las mesas vuelven a llenarse, vuelven a convertir la casa en una algarabía de gente en pijama que escucha el sorteo de la lotería. las alegrías de muy pocos que durarán también muy poco. aunque casi mejor ser del resto, de los que vamos a seguir igual. esperando a que alguien esté en casa, en pijama, tomando un colacao encima de la mesa, sabiendo la verdad sobre los reyes majos, esos que hacen que seamos quienes somos.

  2. Asthar

    Es curioso. Hablas de la lotería de Navidad y de las Fiestas de San Fermin. Será por entonces cuando me toque a mi la lotería éste año…..;-)

  3. C.

    Feliz Nostálgica Navidad :)

    (Supongo que lo del futuro en la derecha y el pasado en la izquierda es cuestión cultural y seguramente tendrá que ver con nuestro sistema de escritura -es normal que la concepción del tiempo/lo abstracto se base en la del espacio/lo concreto-. Sin tener constancia de nada, estoy casi segura de que habrá esquemas temporales en la otra dirección horizontal, verticales o incluso circulares o qué sé yo… Quién tuviera tiempo para indagar y leer más… Si hay algún visitante sabio, que nos ilustre)

  4. Marina's mom

    No has podido decirlo mejor. Para mí, la letanía del 22 de diciembre confirmaba la época del año, pero lo que de verdad iniciaba la Navidad era el bocata de txistorra de la feria de Santo Tomás. No sé si te he dicho alguna vez que soy de San Sebastián. Recuerdo el olor a abeto en casa, sí (aunque nosotros procurábamos replantarlos una vez pasado todo y luego ya nos pasamos al abeto ecológico y reutilizable), pero la feria, los caseros con los animales, los hortelanos con sus verduras, los niños vestidos de caseros, el paseo por el boulevard y la parada obligada en el belén de la Plaza de Guipúzcoa, con remate de bocata de txistorra… Hmmm… uno de los mejores días del año. Aún recuerdo uno de mis primeros días de Santo Tomás, vestida por primera vez y con 3 años o poco más. Mi madre me puso una cestita con puerros que salieron volando cuando vi a lo lejos a mi abuela Inés. Qué rituales aquellos (comprar el árbol, la txistorra… ) y qué poco queda de ellos y sobre todo de las gentes que rodeaban la mesa. Se notan mucho ciertas ausencias… ¡Besicos y Feliz Navidad! (a pesar de todo)

  5. Lili

    Me considero visitante, pero no sabia. Si te gusta la física, la mecánica cuántica, la relativista, y la mecánica clásica, pueden dartes indicios sobre el conceptos de tiempo y direccionalidad. Desde otro ámbito, la antropología cognitiva, especialmente los estudios de B. L. Whorf, pueden darte otra visión (pero basa el concepto de tiempo y su dirección en la subjetividad del lenguaje). Hay muchas más visiones, como la poética, literaria, filosófica,
    onírica…A mí me gusta remezclarlas, según el día. Y sí, la cultura china tiene un concepto circular y cíclico del paso del tiempo, basada en las cuatro estaciones.
    Añoro ese olor a pino…
    Saludos.

  6. Marlene

    Son “momentos” de días vividos llenos de ilusión,ese sentimiento que no se ve y ocupa todo,la lotería ese día,esas vacaciones recién inauguradas,adornar el pino…con esas bolas brillantes que como en la mesa de los diez negritos,cada vez hay menos,esas luces que de un año para otro se funden,se enredan, y luego dicen que no hay duendes…,nevara el día de navidad?
    y todo en pijama,ese que será sustituido el día 25 ó el 6 gracias a alguna de las abuelas,perdón a los reyes…
    Cuando van pasando los años se suma un poco de melancolía,ó tristeza…pero la ilusión sigue ahí, creo que se merece estar en las dos columnas. La forma que tenga esa barrera la podemos modelar nosotros pero sobre todo de una manera sencilla.(Quizás peque de optimista,pero lo prefiero así).
    La transformación de esas navidades emejota, es real y tienes razón, pero me gusta mucho más ilusionarme viendo las luces de mi abeto, y si eso, no es suficiente, lo miro como lo vería mi sobrina que hoy nos a deleitado con una preciosa representación del villancico “el Burrito Sabanero”.Ya han empezado las navidades,voy a empezar a disfrutarlas.

  7. Rachel

    No tengo el enorme placer de conocer profundamente la hipótesis etnolingüística del Sr. B.L. Whorft (si es que nos estamos refiriendo al mismo individuo), tampoco sé si las físicas en cualquiera de sus variantes podría darme indicios de direccionalidad porque llevo fatal lo de distinguir izquierda y derecha…. así que creo que voy a seguir usando mi túnel del tiempo (con vuestro permiso)

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