Diario

Mira que es difícil que nieve por estos lares, no?

Pues ha caído toda.

Caía mansamente por la noche pero me acosté pensando que esa expresión, la de caer mansamente por la noche, se había inventado para quedar bien un rato y fundirse enseguida. Sin embargo, a eso de las 7:30 de la mañana un ruido extraño me ha despertado. Eran los de la brigada municipal haciendo ras ras en las aceras para hacerlas transitables con un objeto que parecía una escoba pero que sería otra cosa. Una máquina hacía lo propio en el asfalto y un funcionario madrugador, ay, casi se defunciona de un resbalón al torcer la esquina. Yo me he quedado con la boca abierta por el espectáculo visual, insólito, y porque, mira qué casualidad, tenía que atravesar la ciudad, cosa insólita también en mí, para acudir a la redacción de un periódico para una entrevista.

Enfundado en la bufanda de Gloria-madre y en unos guantes he salido a la calle y entre nubecitas de vaho del aliento y unos pasos precavidos que hacían crap crap con preocupante frecuencia, he alcanzado la dichosa redacción. Una vez allí he caído en la cuenta de que no sabía bien el motivo de la entrevista. El médico el otro día se me quedó mirando y exclamó pero cuántas cosas y por un instante pareció que se refería a que la analítica decía cosas raras. Es verdad. Lo de las cosas, no lo de la analítica. Pero no sé, así han venido, qué le voy a hacer.

La redacción me era conocida pero la periodista no. Me ha pasado a lo que parecía una sala de reuniones con una mesa muy grande y ovalada, ha puesto sobre ella un grabador del tamaño de un Huesitos (se me ha despertado el hambre de chocolate) y un cuaderno con letra apelotonada a varias tintas y me preguntado si podía decir algo sobre mí a modo de entradilla. Uff, he contestado de entradilla. Es como cuando vas a un médico nuevo y te dice todo jovial: explícame un poco cómo empezó todo y tal. Y te da un bajón de glucosa lo menos (bendito Huesitos) por tener que empezar a contar por enésima vez la batallita del consabido rollo. La pregunta de la periodista aún era más complicada porque al menos la historia clínica es consistente, objetiva e inamovible pero mi curriculum es una cosa caleidoscópica. Salvado el trámite, la entrevista ha resultado ser por el libro, no por el concierto ni por el corto, así que he hecho un así mental con la mano como apartando dos montones y hemos ido al asunto.

Mi preocupación estaba en el viaje que tenía que hacer 100 kilómetros al norte en cuanto terminara allí, más que nada por el estado de la carretera. 100 kilómetros al norte tenía que grabar una entrevista larga en la Cadena SER de Pamplona aunque esta vez sí que sabia a que iba: a lo del concierto de este fin de semana, repetición del concierto del otro día. Por el camino, David me ha mandado un mensaje al móvil dándome los buenos días en mayúsculas. Le he respondido que buenos días nevadísimos. Ah, si? ha preguntado él. Y he sacado una foto con el móvil del paisaje que había al otro lado de la ventanilla y se la he enviado con un: mira. Y él: jo, qué morro. Y yo, observando al conductor: no sé si aquí todo el mundo piensa lo mismo. Pero misterios del cambio climático o vete tú a saber, allí donde si nieva es que nieva de verdad pues como que hoy no. Es decir, que lo que tocaba al Norte se había ido al Sur. Nieve había, pero ni comparación.

La Cadena SER en Pamplona se lo monta pero que muy bien. Allí entrábamos Pello Ruíz, director de mis partituras este próximo fin de semana, y yo con la bufanda de Gloria-madre y un abrazo de David en la mano donde llevaba el móvil. El periodista nos estaba esperando y tras unos preliminares hemos dado comienzo a una conversación que se supone transcurría el próximo sábado por la mañana y que hemos acabado casi una hora después. El técnico ha editado los pequeños fragmentos musicales que habíamos insertado a lo largo de la charla y buenas tardes, buenas tardes, hasta cuando queráis, pues muchas gracias.

Unos minutos de coche después me encontraba en una ciudad a bajo cero, bajo un azul radiante y sobre un manto blanco y verde, y amarillo y rojo (la naturaleza desfilaba hoy su colección otoño/invierno primorosamente). Allí, tras despedirme de Pello, me he acordado de que no había comido y me han entrado unas ganas grandes de tomarme un chocolate caliente, yo creo que en parte por el frío y en parte por el influjo de la visión del grabador en forma de Huesitos de la mañana. He pedido en una cafetería chocolate con churros sabiendo que los churros me sientan como un tiro y me han sentado como un tiro.

En el autobús de vuelta, me he quedado dormido mientras escuchaba la nana que compuse en su día para Jon, no sé si eso es un mérito o un demérito de la nana, pero si no llega a ser porque ha sonado el móvil igual aparezco en Huelva, tan profundo dormía yo a los sones de unos ea ea ea repetidos en bucle.

Escribo ahora mientras escucho la nana, dormida tantos meses en el iPod. No es un ejercicio de narcisismo. Es nostalgia de un tiempo de colores la que me ha venido hoy en este día en blanco.

4 pensamientos en “Diario

  1. toni

    el blanco es la unión de todos los colores, así que no creas que, por ser blanco, tiene menos vida. de hecho, la tiene toda. se queda como flotando en el aire, esperando a que alguien o algo la despierten. es limpio, perfecto, como la naturaleza. esta mañana, al salir del pueblo, me he encontrado con un alba roja y unos campos blancos. pero eran por la escarcha, no de nieve. algún día tengo que llevar la cámara en la mochila y pararme a fotografiar los amaneceres en ese trozo de carretera. me gusta ver que estás en forma con los dedos. y yo también escribo escuchando tu nana. que no es por sueño. sino por admiración.

  2. Baybee

    De todo el post, destaca el interesante diálogo con David. Ni Harold Pinter lo habría inventado más profundo.

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