Diario 17 diciembre, 2009
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios , trackbackMira que es difÃcil que nieve por estos lares, no?
Pues ha caÃdo toda.
CaÃa mansamente por la noche pero me acosté pensando que esa expresión, la de caer mansamente por la noche, se habÃa inventado para quedar bien un rato y fundirse enseguida. Sin embargo, a eso de las 7:30 de la mañana un ruido extraño me ha despertado. Eran los de la brigada municipal haciendo ras ras en las aceras para hacerlas transitables con un objeto que parecÃa una escoba pero que serÃa otra cosa. Una máquina hacÃa lo propio en el asfalto y un funcionario madrugador, ay, casi se defunciona de un resbalón al torcer la esquina. Yo me he quedado con la boca abierta por el espectáculo visual, insólito, y porque, mira qué casualidad, tenÃa que atravesar la ciudad, cosa insólita también en mÃ, para acudir a la redacción de un periódico para una entrevista.
Enfundado en la bufanda de Gloria-madre y en unos guantes he salido a la calle y entre nubecitas de vaho del aliento y unos pasos precavidos que hacÃan crap crap con preocupante frecuencia, he alcanzado la dichosa redacción. Una vez allà he caÃdo en la cuenta de que no sabÃa bien el motivo de la entrevista. El médico el otro dÃa se me quedó mirando y exclamó pero cuántas cosas y por un instante pareció que se referÃa a que la analÃtica decÃa cosas raras. Es verdad. Lo de las cosas, no lo de la analÃtica. Pero no sé, asà han venido, qué le voy a hacer.
La redacción me era conocida pero la periodista no. Me ha pasado a lo que parecÃa una sala de reuniones con una mesa muy grande y ovalada, ha puesto sobre ella un grabador del tamaño de un Huesitos (se me ha despertado el hambre de chocolate) y un cuaderno con letra apelotonada a varias tintas y me preguntado si podÃa decir algo sobre mà a modo de entradilla. Uff, he contestado de entradilla. Es como cuando vas a un médico nuevo y te dice todo jovial: explÃcame un poco cómo empezó todo y tal. Y te da un bajón de glucosa lo menos (bendito Huesitos) por tener que empezar a contar por enésima vez la batallita del consabido rollo. La pregunta de la periodista aún era más complicada porque al menos la historia clÃnica es consistente, objetiva e inamovible pero mi curriculum es una cosa caleidoscópica. Salvado el trámite, la entrevista ha resultado ser por el libro, no por el concierto ni por el corto, asà que he hecho un asà mental con la mano como apartando dos montones y hemos ido al asunto.
Mi preocupación estaba en el viaje que tenÃa que hacer 100 kilómetros al norte en cuanto terminara allÃ, más que nada por el estado de la carretera. 100 kilómetros al norte tenÃa que grabar una entrevista larga en la Cadena SER de Pamplona aunque esta vez sà que sabia a que iba: a lo del concierto de este fin de semana, repetición del concierto del otro dÃa. Por el camino, David me ha mandado un mensaje al móvil dándome los buenos dÃas en mayúsculas. Le he respondido que buenos dÃas nevadÃsimos. Ah, si? ha preguntado él. Y he sacado una foto con el móvil del paisaje que habÃa al otro lado de la ventanilla y se la he enviado con un: mira. Y él: jo, qué morro. Y yo, observando al conductor: no sé si aquà todo el mundo piensa lo mismo. Pero misterios del cambio climático o vete tú a saber, allà donde si nieva es que nieva de verdad pues como que hoy no. Es decir, que lo que tocaba al Norte se habÃa ido al Sur. Nieve habÃa, pero ni comparación.
La Cadena SER en Pamplona se lo monta pero que muy bien. Allà entrábamos Pello RuÃz, director de mis partituras este próximo fin de semana, y yo con la bufanda de Gloria-madre y un abrazo de David en la mano donde llevaba el móvil. El periodista nos estaba esperando y tras unos preliminares hemos dado comienzo a una conversación que se supone transcurrÃa el próximo sábado por la mañana y que hemos acabado casi una hora después. El técnico ha editado los pequeños fragmentos musicales que habÃamos insertado a lo largo de la charla y buenas tardes, buenas tardes, hasta cuando queráis, pues muchas gracias.
Unos minutos de coche después me encontraba en una ciudad a bajo cero, bajo un azul radiante y sobre un manto blanco y verde, y amarillo y rojo (la naturaleza desfilaba hoy su colección otoño/invierno primorosamente). AllÃ, tras despedirme de Pello, me he acordado de que no habÃa comido y me han entrado unas ganas grandes de tomarme un chocolate caliente, yo creo que en parte por el frÃo y en parte por el influjo de la visión del grabador en forma de Huesitos de la mañana. He pedido en una cafeterÃa chocolate con churros sabiendo que los churros me sientan como un tiro y me han sentado como un tiro.
En el autobús de vuelta, me he quedado dormido mientras escuchaba la nana que compuse en su dÃa para Jon, no sé si eso es un mérito o un demérito de la nana, pero si no llega a ser porque ha sonado el móvil igual aparezco en Huelva, tan profundo dormÃa yo a los sones de unos ea ea ea repetidos en bucle.
Escribo ahora mientras escucho la nana, dormida tantos meses en el iPod. No es un ejercicio de narcisismo. Es nostalgia de un tiempo de colores la que me ha venido hoy en este dÃa en blanco.