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Sueños 13 diciembre, 2009

Escrito por emejota en : Cine

“¡Jesús, Jesús! Las cosas que hemos visto…” (William Shakespeare)

My own private IdahoCreo que no es fácil encontrar un personaje más frágil y desamparado que el que encarna River Phoenix en “Mi Idaho privado” (Gus Van Sant, 1991). Roto desde el primer fotograma, huyendo de la autocompasión por las carreteras de esta road movie que no es una road movie, nos impone y nos encoge el corazón a partes iguales. Eso es lo primero que quedó en la retina del primer visionado en la ventana del betamax de esta película rara, poética, enseguida etiquetada como película de culto, allá cuando teníamos 20 años y que ahora, editada al fin tras un incomprensible y larguísimo espacio de tiempo, a punto de sumar otros 20, confirmamos: es difícil permanecer impasible ante la entereza desamparada de este personaje que tan bien encarna River Phoenix, inquietante como nunca.

Pero eso no basta para tener en estima a esta película. Hay más cosas. Si sólo se tratara de eso diríamos que es una película de chaperos donde la cámara centra su objetivo en dos; uno lo es por necesidad y el otro por rebeldía. El primero es River Phoenix que a lo largo del metraje persigue y es perseguido por dos tipos de sueño: el primero, la búsqueda de la seguridad y la inocencia perdidas encarnadas en la figura de una madre prontamente desaparecida; el segundo, la narcolepsia que fulmina su consciencia secuencia tras secuencia. Aquí es donde viene bien presentar al chapero número dos, Keanu Reeves, su ángel de la guarda, hijo de político ricachón, heredero de un imperio que ha decidido cruzar al otro lado de la calle, donde están los callejones oscuros y los cuartuchos sórdidos y abandonados para dedicarse, digámoslo sin rodeos, a joder. Principalmente a su padre.

Lo que vuelve especial a esta historia es que aborda de manera certera la sutil y confusa frontera que separa en ocasiones la lealtad incondicional, la devoción y la camaradería de la amistad adolescente de lo que en realidad es un amor profundo, tan profundo que a veces los aludidos no se enteran, o tan profundo que, si se enteran, se mira por si acaso para otro lado. Como dice la película en un momento dado, “ya que otra cosa es imposible, al menos estoy a su lado”. Si algo convierte realmente en excepcional la tan nombrada escena en la que River Phoenix declara a Keanu Reeves sus sentimientos es, justamente, que sólo suceda en un sueño de una de las crisis de su narcolepsia.

Y especial y alucinante es la irrupción en el entorno urbano y moderno de un personaje grotesco que nos hace levantar la ceja al reconocerlo enseguida: es Falstaff, el personaje de Shakespeare, pendenciero, vanidoso, embustero y embaucador. De pronto se abre un espacio “extraño” pero muy bien encajado en medio de la película y de la gran urbe, y los solares y los edificios abandonados se convierten en escenario de una representación donde los indigentes y los chaperos pasan a ser extras de reparto, y la música de los coches se funde con una banda sonora juglaresca, y las botas de cuero y los vaqueros lucen como un atuendo de atrezzo de época. Es entonces cuando el diálogo literal de “Enrique IV” se filtra en el guión de Van Sant y se distribuyen convenientemente los papeles: Keanu Reeves es un trasunto del príncipe Hal que traicionará un día a su mentor y compañero de correrías, Falstaff, y lo humillará hasta herir de muerte su corazón, rechazándolo, cuando se convierta en Enrique V: “No te conozco, anciano. He soñado largo tiempo con una especie de hombre como tú, así de libertino, pero ahora he despertado y desprecio mi sueño”.

De sueños imposibles va colmada esta película. “Oh, sueño, amable sueño”, dice el rey Enrique IV en el texto de Shakespeare. River Phoenix sueña caído en la cuneta de una carretera solitaria cuyo final se pierde en el horizonte.

Comentarios»

1. bELÉN - 14 diciembre, 2009

Cada vez que leo un comentario tuyo de una película me entran ganas de correr a cogerla a Pothenkin (un video club o dvd club fabuloso de Pamplona) y ponerme a verla dejando todo… De momento el aspirador me reclama, pero esta noche… además son tan…. interesantes los dos protagonistas…
Nos vemos enseguidica!!!

2. toni - 14 diciembre, 2009

esta fue la primera vez que pensé que Van Sant sabía contar historias que se sienten. y no sería la última. qué suerte que existan directores así haciendo películas. qué lástima que sus actores se pierdan mezclando pastillas con alcohol y jeringas con ciertos sueños que sólo deberían existir si uno va a despertar después para observarlos desde fuera.e

3. C. - 14 diciembre, 2009

Conmovedora e impresionante.

4. Marina's mom - 14 diciembre, 2009

Sí, fue una auténtica lástima que la prometedora carrera de actor de River Phoenix se acabará así… Aquí, en esta peli, se empezaba a vislumbrar su potencial… Lo que en “Cuenta conmigo” era un anuncio, se fue confirmando con “Mi Idaho… ” No soy nada mitómana en general, pero su muerte me impactó. Cuando pasé delante del Viper Room no pude evitar acordarme de él.